Colo Colo: un papelón histórico

Confirmando lo lejos que está de contar con atributos para la competencia internacional, el Cacique desnudó su impotencia y falta de jerarquía cayendo inapelablemente por 2 a 0 frente a un cuadro que, según habían contado, era claramente el más débil del Grupo B de la Copa Libertadores.

Fue un papelón. Más aún: un papelón histórico el de Colo Colo, cayendo por 2 a 0 frente al ignoto Delfín de Manta, Ecuador, en partido válido por el Grupo B de la Copa Libertadores.

Porque –se suponía- este equipo era el más débil del grupo. El rival propicio para sumar tres puntos y, de esa forma, mantener la opción de clasificar a octavos, algo que Colo Colo no consigue desde hace diez años en el torneo más importante de Sudamérica a nivel de clubes.

Una vez más, sin embargo, el Cacique defraudó en toda la línea, dejando palmariamente claro que, con lo que tiene, es decir, fútbol y jugadores, es sólo un cuadro “de pijama”. En otras palabras, que puede servir para nuestra mediocre competencia nacional, pero que carece por completo de juego, recursos y aptitud física para la confrontación internacional.

Para decirlo claro y pronto: en este ámbito, Colo Colo es un cuadro de “viejos cracks” absolutamente incapaz de pararse de igual a igual ante cualquiera de los cuadros participantes.

Simplemente, el Cacique está a años luz para afrontar con un mínimo de dignidad y decoro una competencia en que la velocidad, la intensidad y el ritmo lo superan.

Guede, en la previa del partido, había pedido “paciencia”. Es decir, que el aficionado albo no se desesperara si el gol no salía con la prontitud esperada y que la teoría hacía de todos modos factible. Después de todo, el rival era un cuadro que, aparte de novato en estas lides, venía de caer en la propia competencia ecuatoriana, lo que vendría a refrendar que no se trataba de ninguna potencia futbolística de nivel subcontinental.

El problema es que, aparte de mal estructurado, Colo Colo jugó pésimo. Mejor dicho, horrorosamente mal. Y es que, además de ubicar a Barroso como segundo “stopper”, dejando a Insaurralde como último hombre, Guede puso al “Pajarito” Valdés como teórico defensor volante por la izquierda, pensando acaso que los desbordes que de tanto en tanto logra en el medio local el volante, iban a ser la llave de apertura por la banda izquierda. Opazo, por otra parte, sería el encargado de abrir la cancha por la banda derecha.

Nada de eso ocurrió. Nunca. Ni Opazo ni Valdés fueron factor. ¿Qué se puede esperar de defensores-volantes que nunca desbordan, que son claramente incapaces de ganar un solo mano a mano?

Sin entrada por las bandas, Colo Colo cayó mansamente en el embudo en que lo metió el Delfín. Porque hasta el propio Valdés, con el correr de los minutos, fue a jugar donde a nivel local mejor se acomoda: el centro de la cancha.

La consecuencia obvia es que, las espaciadas y tibias cargas albas, eran todas por el centro, sólo que, frente al orden defensivo ecuatoriano, y el poblamiento de su área, Paredes y Rivero fracasaron una y otra vez, simplemente porque para pesar deben ser bien habilitados, ser servidos con balones con ventaja. Ninguno de los dos tiene la habilidad suficiente como para prosperar en espacios reducidos.

Paredes, además, está ya lento y sin chispa, al paso que el uruguayo tampoco es que digamos una luz.

No era sólo que Colo Colo chocaba una y otra vez contra una defensa ordenada y bien plantada. Es que tampoco contaba con velocidad para pasar rápidamente de una fase defensiva a una ofensiva. En otras palabras, el tránsito era tan lento, tan anunciado, que los defensores ecuatorianos tenían tiempo de sobra para rearmarse las pocas veces que quedaron mal parados.

Sin velocidad, sin habilidad, sin potencia, Colo Colo era un cuadro tan previsible que dejaba en claro que, de llegar al gol, sólo podría hacerlo gracias a un balón detenido, a un centro afortunado o gracias a un error garrafal de los defensores ecuatorianos.

Lo de Colo fue tan pobre, tan paupérrimo, que las únicas aproximaciones de la primera etapa se condensaron en un cabezazo de Paredes que repelió el vertical y en un disparo desde fuera del área de Insaurralde, que fue a dar contra el travesaño.

El nerviosismo, lógicamente, cundía pensando en la segunda etapa. Guede, acaso pensando en el tiro libre, en el atrevimiento aislado, decidió excluir a Barroso para dar paso a Pinares.

Y el volante, que en las primeras escaramuzas prometió cambiar el tono opaco de Colo Colo, terminó cayendo en el mismo atolondramiento e imprecisión que, a esas alturas, ya eran insoportables para el estoico hincha colocolino.

¿Valdivia? Quizás si era el único que, de tanto en tanto, era capaz de ganar un mano a mano. Superar a un marcador para provocar superioridad numérica. Pero en zonas neutras. Sólo que su reconocida precisión para poner balones con ventaja esta vez no apareció por ninguna parte. Y no sólo eso: se propició sucesivas faltas que acá le cobran siempre, sólo que esta vez el pito uruguayo no le creyó ni la mitad de sus aparatosas caídas.

Aunque parezca increíble, de terminar el partido sin goles Colo Colo no tenía de qué quejarse. No porque el Delfín hubiese producido mucho, sino porque sus jugadores eran incapaces de producir nada.

El sentimiento de absoluta impotencia se había instalado desde temprano en el Monumental. Impotencia de los jugadores que, no podía ser de otra manera, permeaba a ese numeroso público que veía con desazón que su optimismo previo no tenía ningún sustento.

Pero para hacer más amarga la pesadilla alba, Delfín abrió la cuenta. Recién en el minuto 7 de la reanudación un centro que no pudo ser resuelto por el fondo albo, significó la atropellada de Godoy. Orión se jugó la vida en el achique, pero el balón le cayó a un Arismendi que, sin marca, y aprovechando la nula capacidad de reacción de los defensores albos, la empujó a las mallas.

Todos recibieron el gol ecuatoriano como un verdadero mazazo. Hasta Guede, que tardó prácticamente un cuarto de hora en intentar que alguna solución llegara desde la banca. Sacó a Baeza y al “Pajarito” para la entrada de Orellana y Suazo.

Ninguno de los ingresados resultó factor. ¿Quién dijo que Colo Colo había armado uno de los mejores planteles del fútbol chileno? ¡Por favor…!, si ni siquiera a nivel local el equipo mantiene su nivel cuando faltan aquellos considerados imprescindibles, como Valdivia, Valdés y Paredes.

El plantel albo, que es pobre para el “campeonato de Guatemala” que presenciamos fecha a fecha, es simplemente de una pobreza franciscana para la competencia internacional.

¿Habrán olvidado los hinchas albos, cuando Colo Colo era libre y dueño de sus socios e hinchas, es decir, antes (mucho antes) que llegaran estos sinvergüenzas y farsantes de las Sociedades Anónimas, que Jozic sacaba el “Pato” Yáñez y ponía al “Pájaro” Rubio? ¿Que excluía a alguno de los titulares para que ingresaran el “Tunga” González o Adomaitis?

Ocultos tras un Canal del Fútbol que ve buenos todos los partidos y considera crack a cualquier patadura, alcahueteados por una prensa genuflexa, quieren hacernos creer que Colo Colo es un equipazo. Que está (estaba), para pelearle el grupo de igual a igual al Atlético Nacional colombiano.

Los colombianos ya le dieron a Colo Colo el primer cachetazo. El humilde Delfín lo dejó claramente “groggy”. “Groggy” y, lo que es peor, colgando de un sueño sin ninguna base.

Cuando ya el público abandonaba hacía rato el Monumental, convencido de que su equipo podía estar jugando dos horas más sin llegar a las mallas, un disparo de Nazareno fue desviado por Carmona para redondear un 2 a 0 que constituye, más que una derrota, toda una humillación.

Sí: una humillación con todas las trazas, además, de papelón histórico.

PORMENORES

Partido válido por el Grupo B de la Copa Libertadores.

Tercera fecha.

Estadio: Monumental.
Público: 30.282 espectadores
Arbitro: Daniel Fedorczuk, de Uruguay.

COLO COLO: Orión; Zaldivia, Insaurralde, Barroso (46’ Pinares); Opazo, Baeza (66’ Suazo), Carmona, Valdés (66’ Orellana); Valdivia; Rivero, Paredes.
DELFIN: Ortiz; Perlaza, L. Cangá, Cabrera, Nazareno; Piñatares, Godoy, Chicaiza, Arismendi (86’ J. Cangá); Patta (75’ Mera) y Congo (73’ Ledesma).
GOLES: Arismendi a los 52’ y Carmona (en contra) a los 90+2’.
Tarjetas amarillas: en Colo Colo, Zaldivia, Valdivia e Insaurralde; en Delfín, L. Cangá.