Colo Colo: una “revolución” con demasiados Huber Matos

Así como Fidel tuvo un quinta columnista en sus propias filas tras derrocar a Fulgencio Batista, la prédica de Guede choca una y otra vez con un plantel donde son demasiados los jugadores intrascendentes, en bajo nivel, y que además cometen una y otra vez errores más propios de principiantes que han costado caros. De esa forma, no hay revuelta que valga…

Lo que prometía ser una “revolución” en Colo Colo a estas alturas ya es una “involución”. En términos simples, las expectativas que despertó Pablo Guede en la banca alba no sólo han estado lejos de verse cumplidas, sino que más bien parecen encaminar al “Cacique” a uno de sus mayores chascos de los últimos tiempos y redondear, de aquí a fin de año, un ineludible y rotundo fracaso.

No sería primera vez, en todo caso, que bajo la nefasta conducción de Blanco y Negro el club popular convive con el fiasco y la mediocridad, sólo que pocas veces -producto más bien del marketing y la desembozada campaña panegírica de los medios- el hincha albo había abrigado tantas ilusiones frente a la llegada de un director técnico.

De buena campaña con un equipo modesto y casi desprovisto de figuras, como Palestino, Guede se validó como un director técnico de proyección incluso para los superiores cánones de exigencia que sirven para su país, Argentina. Fue así como despertó el interés de San Lorenzo de Almagro, donde no fracasó, aunque tampoco llegó a las alturas esperadas.

Liberado del vínculo con los “Gauchos de Boedo”, Aníbal Mosa, timonel de Blanco y Negro, se jugó el todo por el todo por conseguir el concurso de Guede, aunque para ello hubiera que olvidarse de que Colo Colo tenía un entrenador con contrato vigente: José Luis Sierra. Después de todo, el sistema de Sociedades Anónimas Deportivas no ha destacado precisamente por ser una oda a la ética y a las buenas normas de conducta.

Instalado en Pedreros, inaugurada la “Era Guede”, como tanto le gusta señalar al periodismo de deportes, se venía toda una “revolución” en el fútbol de Colo Colo. En contraposición al juego plano y aburrido que realizaba el equipo con el “Coto”, veríamos un cuadro albo intenso y, lo que es más importante aún, directo y vertical.

Los cachetazos al orgullo albo no tardaron en llegar. Colo Colo perdía en su estadio en el debut frente a Unión Española y ni Deportes Temuco primero, ni Deportes Iquique después, le dieron al “Cacique” la posibilidad de rehabilitarse en su casa ante sus fervorosos parciales.

Fuera del Monumental el asunto tampoco resultó radicalmente distinto: venció apretadamente a Audax en La Florida y apenas cosechó empates en sus visitas a Talcahuano y Antofagasta. Resultado: cumplidas seis fechas, Colo Colo sólo exhibe una pobre cosecha de cinco puntos que lo ubican ante penúltimo de la tabla, superando apenas a San Luis (apenas por diferencia de goles) y Everton.

Derrotado además por Huachipato, pende de un hilo también en la Copa Chile…

¿Es culpable Guede de este chasco? Me parece que no. Primero, porque no fue él quien se calificó como de “revolucionario”. Segundo, porque Colo Colo claramente carece de un plantel de jerarquía. Sus jugadores avezados parecen afrontar la inevitable curva del descenso y los más jóvenes o inexpertos no han demostrado, al menos hasta aquí, poder ponerse a la altura de las exigencias de un equipo para el cual históricamente ser segundo es lo más cercano al fracaso.

Aquellos jugadores claves en exitosas campañas anteriores, como Justo Villar, Julio Barroso, Jaime Valdés, Gonzalo Fierro, Pablo Garcés y Esteban Paredes, han estado lejos de su mejor rendimiento, abriendo además la duda acerca de si alguna vez -por edad- podrán recuperarlo.

Las incorporaciones, que más vale llamarlas así antes que “refuerzos”, tampoco han dado resultado. Ni Fernández, Rivero ni Campos han sido hasta ahora un aporte, al paso que Bolado y Véjar recién empiezan a convivir con el peso que significa defender una camiseta que suele pesar una tonelada si se carece de personalidad y de espíritu combativo.

Con tanto jugador intrascendente o en bajo nivel de juego, es muy difícil que funcione un equipo que está obligado a ser protagonista. Lo peor es que, a estas alturas, hasta al propio Guede parecen estar acechándolo las dudas.

Si algo llamó la atención en este Colo Colo de Guede fue la intensidad que le impuso al juego. Teniendo claro que la única forma de jugar es siendo dueño de la pelota, sus jugadores afrontaron los primeros partidos con una agresividad que desarmaba al rival. Le marcaban la salida, lo ahogaban, le cortaban todos los circuitos. En suma, no lo dejaban prosperar en ningún sector de la cancha, que finalmente de eso se trata. Fútbol intenso, que le llaman. Y que por cierto se agradece.

El problema es que, ya con la pelota en su poder, Colo Colo pocas veces supo qué hacer con ella. Carente de profundidad y claridad, sin rematadores de distancia ni cabeceadores de nota, el cuadro popular tampoco ha contado con jugadores que, imponiéndose en el mano a mano, ganen a la línea de fondo para meter el centro atrás que desarma cualquier esquema. Para qué hablar de la pared milimétrica, como esa del “Chico” Pérez y Rubén Espinoza en la final de la Copa Libertadores frente a Olimpia. Los atacantes albos no la hacen ni estando solos en un ascensor.

Ya contra Antofagasta, Colo Colo no marcó como venía haciéndolo. Frente a Huachipato, por la Copa Chile, mucho menos. Es como si hasta el propio Guede se hubiera convencido de que la presión sobre el rival no estaba dando resultado y que, por el contrario, el equipo quedaba muy expuesto. No sólo eso: en el Calvo y Bascuñán salió con Pavez de “líbero”, donde nunca ha jugado, y con Baeza y Campos como “stoppers”, donde tampoco nunca habían jugado, sólo que, molesto por los muchos yerros del equipo en la última línea, comenzó a gritar desesperado y a voz en cuello para que no se la tiraran a Campos, jugador que él pidió expresamente y a quien conocía de Palestino.

Cambiar jugadores de puesto Guede lo ha hecho en más de una oportunidad. Alarcón, zaguero de Palestino, apareció como delantero una vez en San Carlos, frente a Universidad Católica. Da para recordar al “Coco” Basile, que llegó a Argentina a ganar la Copa América de 1993, en Ecuador, con el simple expediente de parar la chacota y ordenar las ricas piezas de su equipo. Como se dijo en aquella oportunidad, puso el sofá en el living, la cama en el dormitorio y el bidet en el baño, desterrando los delirantes experimentos de sus antecesores en el cargo. Tan simple como eso…

El panorama para Colo Colo es negro más allá de los resultados, que ya son de una inopia sorprendente. Porque se puede perder o empatar dejando un buen sabor de boca. El Cacique, hasta aquí, ni siquiera ha conseguido eso. Pierde o empata porque juega mal y porque además sus jugadores cometen errores tan reiterados como infantiles.

Y lo peor es que Guede, fruto de la desesperación, ya parece estar dando manotazos de ahogado.

La revuelta de Guede, como ya lo apuntamos tras una anterior derrota alba, se cae a pedazos. Ni individual ni colectivamente hay elementos para creer en enmendar el rumbo.

Hasta aquí al menos, Colo Colo es una “revolución” con demasiados Huber Matos en sus filas.