Colo Colo vive una crisis con sus menores

En medio del tráfago del fútbol profesional, de los días tristes que se han vivido como producto de la tragedia del Chapecoense, de la tripleta de Alexis en el Arsenal, y del paso a la final de Copa Chile del Cacique, una información importante de Colo Colo pasó absolutamente inadvertida: el rotundo fracaso de sus series menores en los respectivos torneos de sus categorías.

Series menores capaces de producir en su momento un Claudio Bravo, un Jorge Valdivia, un “Mati” Fernández o un Arturo Vidal, y remontándonos aún más en el tiempo un Jorge Toro, un “Chamaco” Valdés o un Carlos Caszely, hoy transitan por la más absoluta de las mediocridades, al punto que, por primera vez en su historia, la Sub 15, la Sub 16, la Sub 17 y la Sub 19, quedaron eliminadas tempranamente de los torneos de la ANFP destinados a mostrarnos los cracks del futuro.

La Sub 15 y la Sub 19 quedaron fuera de toda competencia en cuartos de final, tras perder frente a Universidad Católica y Everton, respectivamente. En cuanto a la Sub 16 y Sub 17, su actuación –siendo un poco menos mala- tampoco alcanzó para satisfacer las expectativas de una hinchada que siempre quiere ganarlo todo, así se trate de precoces futbolistas o ramas distintas al fútbol, como el básquetbol, por ejemplo.

Mientras la Sub 16 alba sólo llegó hasta semifinales, traer caer frente a Cobresal, la Sub 17 sucumbió también en semifinales frente a Deportes Iquique.

Lo primero que hay que aclarar a este respecto es que el fin último de las series inferiores no puede ser el ganar campeonatos. De lo que se trata al invertir, cuidar y fortalecer el semillero, es producir jugadores capaces, a sus 18 años o, mejor incluso, aún antes, de ser jugadores competitivos, destinados a nutrir el recambio del primer equipo.

Si de ellos surge un crack de exportación, como los anteriormente mencionados, tanto mejor.

Sin embargo, cuando un club diseña un plan de series menores, invierte en ellas y les otorga a los chicos las herramientas adecuadas, su buen trabajo igual se verá reflejado en campeonatos y títulos, aunque como ya dijimos no sean estos los preponderantes ni el fin último.

Lo que pasa en Colo Colo, no obstante, no es para nada fruto de la casualidad: es sólo el reflejo de lo que ha significado para el club más importante de Chile ser manejado por una Sociedad Anónima Deportiva que en estos diez años de vigencia del sistema ha puesto el lucro por encima de consideraciones deportivas.

En otras palabras, para los regentes albos, como para todos estos aparecidos que se dejaron caer sobre el fútbol como plaga de langostas, invertir en las series menores es un soberano “cacho”, un gasto que, como es altamente improbable que tenga el retorno rápido por ellos esperado, se transforma en una molestia difícil de digerir y mucho más de aceptar.

Tipos de números, linces para los negocios, no tardaron mucho tiempo para darse cuenta de esta realidad para ellos incómoda y triste: de mil chicos que lo intentan, con suerte a Primera llegan uno o dos. En lenguaje empresarial, consideraron que era mucha la inversión para tan poco retorno.

Lo que han hecho para intentar sacarse de encima este “cacho” durante todos estos años ya lo sabemos de sobra: en su infinita frescura, primero estafaron al Estado, presentando estas series inferiores como un club aparte –Fútbol Joven lo denominaron- para que este, a través del Instituto Nacional de Deportes, IND, les aprobara millonarios proyectos financiados por generosas empresas que, luego, podrían descontar impuestos hasta por un 61%.

Varios fueron las Sociedades Anónimas Deportivas que, durante años, le metieron impunemente el dedo en la boca al Estado, que por ayudar a financiar un negocio de particulares resignaba año a año millones de pesos en impuestos que bien podrían haber servido para otros menesteres, como la educación y la salud, por ejemplo.

La fiesta, sin embargo, se les acabó cuando la prensa denunció esta clara estafa y les hizo ver a nuestros ineptos gobernantes –de ayer y de hoy- que el Estado estaba para promover el deporte nacional a través de su ministerio y del IND, pero no para ayudarles a privados a sostener su negocio.

La presión fue tanta, que el Estado acabó por fin por cortarles este sabroso maná a los descarados regentes de nuestro fútbol. Pero se demoró tanto, que mientras todos los funcionarios gubernamentales seguían en el limbo, las Sociedades Anónimas Deportivas ya habían logrado hacerse de cantidades millonarias.

Baste decir que sólo Blanco y Negro, la SAD que regenta a Colo Colo, logró un financiamiento superior a los 1.600 millones de pesos supuestamente para sus series menores. Que por esos días fuera Presidente dela República Sebastián Piñera, uno de los principales accionistas de la concesionaria alba, y que a la cabeza del IND estuviera Gabriel Ruiz Tagle, otro accionista de los grandes, que presidió Blanco y Negro hasta justo antes de su llegada a tan alto cargo gubernamental, no deja de ser, por cierto, una mera coincidencia.

Lo grave es que, quedando en evidencia el flagrante engaño, una vulgar estafa a la fe pública, ninguna autoridad gubernamental exigiera jamás la devolución inmediata de esos dineros birlados al Fisco.

Pero ya hemos visto que estos señores de las Sociedades Anónimas Deportivas no se andan con chiquititas. Cerrada la llave de recursos del IND, algunos de ellos vieron en las municipalidades los organismos que, estúpida o ingenuamente, podían seguir aportando esos recursos que ellos por ningún motivo estaban dispuestos a invertir.

Así clavaron a varias municipalidades del país, siendo la de la “Tía” Coty, Virginia Reginato, (Viña del Mar), la más entusiasta en este deporte de dejarse meter el dedo en la boca para congraciarse con frescos de siete suelas.

¿Será necesario recordar aquí el otro uso que las Sociedades Anónimas Deportivas le hallaron al Fútbol Joven, o series menores? En pleno frenesí de financiamiento estatal ellos ya habían descubierto una veta distinta para que la trampa siguiera proliferando y produciéndoles jugosos dividendos: los ingentes recursos repartidos a destajo por años por Sergio Jadue, para sumar cómplices y seguir robando tranquilo, iban supuestamente al Fútbol Joven. De esa manera, las Sociedades Anónimas Deportivas rebajaban sustancialmente la carga impositiva.

En otras palabras: a Tatita Fisco lo seguían pasando alegremente por el aro.
Lo que viene pasando con las series menores de Colo Colo, antes altamente competitivas no es, pues, fruto de ninguna casualidad. Es sólo el resultado de ver al club como un vehículo para el lucro. Y tan es así que la página web de Blanco y Negro definió por años a sus series inferiores como una “Unidad de Negocio”.

No se sospecha, sin embargo, qué clase de negocio pretenden hacer estos palurdos con series menores tan venidas a menos y que, desde que ellos están a cargo, no han sido capaces de producir un solo jugador que rompa la mediocre media nacional. Dicho de otra forma, pueden ser chicos que respondan satisfactoriamente en el primer equipo, pero difícilmente alcanzarán estatura internacional.

Un conocedor de la interna alba señaló a este respecto que “lo que está pasando con las series inferiores no es para nada fruto de la casualidad. Se invierte poco y mal, al punto que varios de los que hoy están a cargo del desarrollo de los chicos no tienen ninguna tradición alba. Son afuerinos con cero vínculo con la historia del club. De hecho, el jefe del cuerpo técnico de menores es Carlos Pedemonte, un técnico que proviene de Huachipato”.

Las numerosas escuelas de fútbol albas diseminadas por todo el país, hasta antes de la llegada de la plaga de langostas, eran completamente gratuitas. Las financiaba el club, entendiendo que algunos de esos chicos podían transformarse luego en jugadores competitivos a nivel de menores. Hoy son pagadas. Ergo: a ellas llegan chicos cuyos padres poseen un aceptable poder adquisitivo, no necesariamente los mejores.

¿Qué pasó, finalmente, con las giras al exterior de los chicos albos durante el anterior sistema, tan criticado y vilipendiado? Durante enero y febrero salían todas las series de gira al exterior, algunas a Brasil y otras a Argentina. Hoy eso no existe. No hemos vuelto –además- a saber o a interesarnos de la suerte corrida por los juveniles del Cacique en un torneo tan tradicional como el de Gradisca, Italia, por ejemplo, evento que Colo Colo incluso ganó en 1994, con un equipo conformado, entre otros, por el arquero Ariel Salas, Alejandro Neira, Héctor Tapia y Francisco Arrué.

En el año 2000, incluso, la actuación alba despertó incluso el interés de poderosas clubes europeos por algunos jugadores. Cuenta un dirigente que en aquella oportunidad viajó a cargo del equipo: “Nos hablaron representantes de poderosas instituciones europeas por Jorge Valdivia, Miguel Aceval, Claudio Bravo, Gonzalo Fierro y un chico que después se perdió: Jimmy Ortiz. Las ofertas no dejaban de ser tentadoras, porque fluctuaban entre los 300 y los 500 mil dólares, pero las desechamos porque nuestra intención principal era que esos chicos llegaran al primer equipo y contribuyeran a ganar campeonatos. Si hoy se produjera algo parecido, no tengo dudas de que los señores de Blanco y Negro venderían hasta al utilero”.

No se trata de defender a brazo partido un anterior sistema de Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro que antes existía en nuestro fútbol. Sin duda que había falencias y no pocas pellejerías. De hecho –y ello explica el cerrado apoyo del Sindicato de Futbolistas a la implantación del sistema de Sociedades Anónimas- era frecuente ver clubes que mantenían por meses a sus planteles impagos.

El problema es que lo de hoy no difiere mucho: hay varios clubes técnicamente quebrados y con agudos problemas económicos que les han impedido responderles a tiempo a sus jugadores. Sólo esperan la venta del Canal del Fútbol, recibir los 2 millones de dólares prometidos a cada institución de prosperar el negocio y, de esa forma, rearmarse financieramente.

Ello siempre y cuando los respectivos regentes no decidan que el entusiasmo por el fútbol se les acabó de la noche a la mañana y se lleven el dinero para la casa.

El remedio, pues, resultó peor que la enfermedad. El fútbol ha sido testigo del mayor latrocinio de toda su historia y la transparencia prometida para todos los aspectos de la actividad sigue brillando por su ausencia.

¿Qué otra cosa podía esperarse de la gestión de Blanco y Negro? Alguno de ellos podrá replicar que, en 2012, la juvenil alba volvió a campeonar en Gradisca, pero el torneo ya no era lo que alguna vez fue y, por lo demás, de ese cuadro campeón hace cuatro años sólo Jorge Araya, volante defensivo, alterna en el primer equipo de Guede.

Si Colo Colo llega a sacar un jugador de nivel internacional, es decir, un Vidal, un Valdivia, un Fernández o un Bravo, será a pesar de Blanco y Negro.