Colo Colo vivió una tarde realmente soñada

Venciendo por 3-2 a la U, en la agonía, extendió su paternidad en el Monumental a 19 años sobre su rival clásico y su máximo ídolo de la última década -Esteban Paredes-, pulverizó definitivamente el viejo record de “Cahamaco” como máximo goleador de los torneos nacionales, anotando su gol número 216. La fiesta alba fue completa.

Difícilmente un guionista albo -o incluso neutral- hubiese podido imaginar una historia con más morbo, más cambiante, más atrapante y con un epílogo más dramático. Incluso inesperado. Porque tras la historia del triunfo albo por 3-2, sobre Universidad de Chile, hubo todo eso y más. Bastante más. Como en toda historia, no faltaron tampoco ni los héroes ni los villanos.

Digamos, de entrada, que mientras la hinchada alba atesorará esta tarde por un buen tiempo, porque de verdad para ellos fue soñada, el pueblo azul tendrá motivos de sobra para recordarla como una horripilante pesadilla, de esas que atormentan por días e incluso semanas.

No podía tener Colo Colo una tarde más feliz. Mantuvo la tradición de imbatibilidad frente a la U ahora por 19 largas temporadas, su goleador histórico -Esteban Paredes- quebró por fin el record de “Chamaco”, anotando su gol N° 216 en campeonatos nacionales nada menos que frente al rival tradicional y, como si todo eso fuera poco, llegó al triunfo en los descuentos, cuando ya no hay tiempo para levantarse ni reaccionar tras tan dura caída.

La fiesta fue tan completa que, casi una hora después de terminado el encuentro, el público, obviamente de mayoría alba, permanecía en el estadio como queriendo prolongar eternamente esa indescriptible e inigualable felicidad.

Y porque costó, y mucho, la victoria alba esta vez se disfrutó el doble.

De partida, ya a los 12 minutos ganaba la U. Tras un tiro de esquina, Rossi fue a disputar el balón con González y puso notoriamente su brazo como obstáculo. Tobar demoró un mundo en cobrar el penal, pero correspondía, y Espinoza, desde los doce pasos, se inauguró como anotador en el Superclásico con un disparo violento y alto, al que Cortés no pudo llegar.

Había aparecido el primer “villano” de la tarde: Rossi, que debutaba en este tipo de compromisos.

Al minuto, el meta azul, De Paul, cuyo nerviosismo a través de todo el encuentro fue evidente, le regaló la pelota a un Paredes que, sin marca, y de frente al arco, le pegó con furia, cuando todo aconsejaba privilegiar la dirección. De Paul se rehabilitó repeliendo el disparo, pero tendría otra incidencia, más tarde, para sumarse a Rossi entre los “villanos” del Superclásico.

La U, más allá del 1-0, fue claramente superior a Colo Colo durante ese primer lapso. De partida, mostraba un fútbol un poco más fluido y organizado ante un “Cacique” que no sólo se equivocaba mucho, sino que contaba con un mediocampo que desnudaba toda su intrascendencia cada vez que el balón le llegaba a Provoste, que ni armaba no quitaba. Resultado: ofensivamente, Colo Colo no existía.

Comenzado el segundo lapso (y como era lógico con el ingreso del “Pajarito” Valdés en lugar del juvenil), la U pudo, si no liquidarlo, poner un 2-0 que obviamente habría reforzado sus posibilidades. El uruguayo Fernández recibió a la altura del punto penal un balón desde la izquierda, se sacó en una baldosa la marca de Rossi y quedó con todo el arco a su disposición para fusilar a un Cortés entregado. Sin embargo, le pegó de derecha y al cuerpo del arquero, cuando tenía todo el arco para él.

Otro “villano” invitado en este drama futbolístico que se vivió en Macul.

¿Cuánto pesó esa incidencia en lo que vendría después? Porque Colo Colo, sin tener un Valdés inspirado ni mucho menos, comenzó a manejar mejor la pelota. A adueñarse de ella como hasta ahí no había podido. Y en 15 minutos logró el vuelco. Un vuelco en el que se mezclaron los aciertos albos con los errores manifiestos de la defensa azul.

A los 50 minutos, Mouche le metió un balón a un Suazo que entraba al área sin marca. Y así como resultó elogiable el control del volante albo, porque el pase tuvo una buena dosis de violencia, resulta del todo reprochable la absoluta inacción azul, que dejó que Suazo controlara y tuviera todo el tiempo del mundo para medir el balazo que se metió por sobre la cabeza de De Paul.

Rato después, por la misma banda izquierda, Suazo se la devolvió profunda a Mouche y Rodríguez, yendo a su marca, quiso despejar de zurda y de primera, sólo que en lugar de sacarla la hizo rebotar en el delantero albo. El resultado fue que a Mouche le quedó la pelota servida frente a De Paul, pero en lugar de rematar él, con poco ángulo, la cedió a un Paredes que estaba de frente a la portería sin ninguna marca.

El monumental explotó como pocas veces se ha visto. No sólo se daba vuelta un partido más que difícil: el goleador y mayor ídolo albo de la última década pulverizaba, por fin, el legendario record de “Chamaco”.

Lo más notable: hasta ahí, era poco, muy poco, lo que Paredes había aportado, lo que también contribuía a explicar el mal primer tiempo albo. Pero se sabe: es el sino de los goleadores, que siempre están en el lugar justo y en el momento indicado.

Para la U, el 2-1 de Colo Colo fue un verdadero mazazo. Fue ver de regreso en toda su plenitud los fantasmas que le han atormentado durante todo el año. Dio toda la impresión de quedar absolutamente nocaut.

Sin embargo, faltaba más en esta historia que, ya dijimos, tuvo de todo. A los 75 minutos Salas ordenó el ingreso de Parraguez por Paredes y el estadio se vino abajo. Fue toda una epifanía alba a la que la U supo sacarle partido. Porque desde un lateral surgió el centro de González que Henríquez, con vivaz media vuelta, transformó en gol aprovechando que Colo Colo entero pareció irse por breves segundos del estadio en medio de tanta emoción acumulada.

Con el 2-2 quedó toda la impresión de que tanto Colo Colo como la U quedaban más que satisfechos con el empate. Durante largos minutos se jugó más hacia atrás y a los costados que hacia adelante. Sólo que, faltando 5 minutos, Moya le entró muy fuerte a Suazo a la entrada del área y se ganó la segunda amarilla, que le significaba abandonar prematuramente la cancha.

En ventaja numérica, Colo Colo pareció entender que todavía podía ganar el partido. Y tras un tiro de esquina pivoteado, en el minuto 90, Costa desvió desde posición inmejorable desde un vértice del área chica.

Pareció que, en los tres minutos de descuento que se dieron, ya no podría pasar nada. Pero como el guión trepidante de este encuentro aún reservaba sorpresas, de una jugada intrascendente se escribió un epílogo incluso inesperado.

Un balón alto del “Pajarito”, que no entrañaba ningún peligro ni dificultad, significó la intervención desgraciada de De Paul, que había dado dos pasos al frente para anticiparse al hipotético centro. El caso es que, cuando el balón lo sobraba, sólo le quedó el recurso de mandarla desesperadamente al córner.

Mouche hizo efectivo en el tercer minuto de descuento el tiro de esquina que significaría la victoria alba. Barroso, también sin marca, sin saltar siquiera, metió el cabezazo que primero dio en el cuerpo de Henríquez antes de meterse al arco.

Definitivamente, De Paul se había inscrito como el tercer “villlano” de la tarde.

Lo dicho; tarde alba soñada por el lado que se la mire.

¿Qué la U no mereció perder, como seguramente argumentarán los azules?

Absolutamente cierto. Pero como hemos dicho cientos de veces, el fútbol no es cuestión de merecimientos. Se trata de hacer goles. Y en eso, esta vez al menos, Colo Colo no perdonó ninguna de las pocas que tuvo

PORMENORES

Torneo Nacional. Vigésimo tercera fecha.

Estadio: Monumental.

Público: 38 mil espectadores, aproximadamente.

Arbitro: Roberto Tobar.

COLO COLO: Cortés; Campos, Barroso, Insaurralde, Opazo; Provoste (46’ Valdés), Rossi, Suazo; Bolados (84’ Costa), Paredes (75’ Parraguez), Mouche.

U. DE CHILE: De Paul; Rodríguez, Aveldaño, González, Beausejour; Oroz (90’ Echverría), Espinoza (81’ Caroca), Moya, Fernández; Guerra (70’ Henríquez) y Benegas.

GOLES: Para Colo Colo, Suazo a los 50’, Paredes a los 65’ y Barroso (cabezazo), a los 90+3’; para Universidad de Chile, Espinoza  a los 11’ (penal) y Henríquez a los 76’.

Tarjetas amarillas: En Colo Colo, Rossi y Provoste; en Universidad de Chile, Moya, Espinoza, Oroz y Benegas.

Tarjeta roja: Moya, de la U, a los 85’, por doble amarilla.