Colo Colo: ¿Y dónde está el piloto?

En medio de la danza de nombres que circulan como posibles contrataciones del “Cacique” hay mucha venta de humo de los representantes. Más allá de eso, preocupa que entre esos nombres, y los que han dejado entrever personeros albos, hasta aquí no figure para nada el de un conductor o armador de fuste del equipo. Si ese “cerebro” no está, ¿quién hará jugar al resto?

Por EDUARDO BRUNA

Decidido a no transitar por las pellejerías de la temporada pasada, Aníbal Mosa, presidente de Blanco y Negro, la usurpadora concesionaria que rige los destinos de Colo Colo, señaló que “vamos a conformar un plantel altamente competitivo, que nos permita volver a aspirar a cosas importantes”.

Recién se había decidido la no renovación de contrato de varios jugadores, entre ellos referentes, como Esteban Paredes, Julio Barroso, Jorge Valdivia y Matías Fernández, y era natural que el regente albo pretendiera aplacar la sorpresa de los hinchas -y en algunos casos la molestia-, por la partida de jugadores que, claramente, no habían sido el aporte esperado o, como en el caso del “Almirante”, quemaban sus últimos cartuchos.

Indiscutiblemente, Barroso fue figura más que aceptable en el fondo albo. De partida, daba mucha más confianza que un Insaurralde al cual el balón en los pies le quemaba. Sólo que, para cualquiera que entienda de fútbol, y se despoje de sentimentalismos tan naturales como lesivos, Julio Barroso pudo disimular de mejor forma su creciente lentitud gracias a su calidad, -sin duda superior a la del “Chaco”- y al hecho que, jugando la mayor de las veces “arropadito”, apeló a su indesmentible oficio para manejarse satisfactoriamente y no desentonar en la comparación con un Maximiliano Falcón que, a veces rústico, a veces desordenado y en otras excesivamente vehemente, fue el jugador en el cual el “Cacique” sustentó una mayor fortaleza defensiva que la que había alcanzado hasta antes de la llegada de Gustavo Quinteros.

Es que no le quedaba otra tampoco. Que el “Cacique” sólo haya anotado 33 goles en 34 partidos, habla a las claras de que ofensivamente no era mucho lo que tenía. En consecuencia, había que partir por intentar de que no te anotaran, y recién luego de ese cero en arco propio buscar poco menos que el milagro de anotar en la portería de enfrente.

Con cuatro centro atacantes de los cuales no alcanzaba a hacerse uno, porque Paredes ya no estaba para estos trotes, Blandi fue un completo fiasco y ni Morales ni Parraguez tienen calidad para jugar en Colo Colo, que el cuadro albo careciera de gol era lo más natural del mundo. Lo que explica, además, que para salvarse de caer a la “B” tuviera que protagonizar partidos donde la angustia y el dramatismo fueron la tónica hasta el último minuto.

¿Cuándo ganó un partido tranquilo Colo Colo? Excepto ese inicial en el Monumental, frente a Palestino (3-0), ganó o empató siempre pidiendo a gritos la hora.

Se dice, entre anuncios de reporteros, rumores interesados o versiones de representantes de jugadores maniobrando como locos en esta temporada de pesca, que Colo Colo maneja varias alternativas para recuperar la extraviada capacidad goleadora del equipo. Es en ese plano que rondan los nombres del uruguayo Octavio Riveros, viejo conocido de la casa, y de su compatriota Cristian Palacios, que se fue dejando una muy buena imagen en Unión Española. Que, si ninguno de ellos resulta, están Tobías Figueroa (Deportes Antofagasta) y hasta Cecilio Watermann (Universidad de Concepción) como alternativas.

Lo de Palacios, sin embargo, quedaría descartado, luego que se anunciara su regreso al elenco hispano.

Calculan en el Monumental que alguno de ellos tendrá que arribar para concretar lo que ofensivamente produzca durante este torneo un equipo que, a Gabriel Costa, Pablo Solari y Marco Bolados -sobrevivientes de la poda-, deberá sumar sus flamantes nuevas contrataciones: Juan Carlos Gaete (ex Cobresal) y Felipe Fritz (ex Unión Española).

Y si decimos “contrataciones” y no “refuerzos”, es porque ambos, con diferente recorrido, constituyen sólo una apuesta. Se sabe que Gaete, sin duda un jugador con muchas condiciones, muy bien de la cabeza no anda. Es decir, puede ser una incorporación del todo impredecible, y la mejor prueba de ello la tiene el propio Colo Colo, que lo trajo al Monumental en 2019 para que al final el muchacho saliera arrancando entre gallos y medianoche.

Un tipo que no puede con la presión no puede estar en Colo Colo.

Respecto de Fritz, la apuesta que por él se hace es incluso mayor que la que se realiza con Gaete. Tiene una aceptable velocidad y no es para nada torpe tocando el balón de primera, pero hasta aquí no ha demostrado una habilidad que permita augurar triunfos suyos ante su marcador en el mano a mano, como sí podrían hacerlo por la banda derecha Solari y Bolados. Y sin ese recurso, la posibilidad del desborde sería tan escasa como la que Colo Colo tenía con Pablo Mouche.

Por los nombres que circulan, Quinteros pretende reforzar una seguridad defensiva que, ya vimos, el “Cacique” sólo alcanzó retrocediendo y cerrando espacios. Y es que ésta -siendo mejor que la que hubo con Mario Salas y Gualberto Jara-, tampoco fue un modelo de eficiencia. Basta repasar las veces que Bryan Cortes, el arquero, se transformó en figura excluyente, salvando a su cuadro de más de un reiterado bochorno.

Aparecen, entonces, los nombres de Miiko Albornoz, el chileno-sueco que se desempeña en la Bundesliga alemana (su último club fue el Hannover), campeón de América con La Roja de Sampaoli en 2015, para patrullar la banda izquierda de la defensa, y el de Jens Buss, lateral derecho de Curicó Unido para pelear el puesto con Oscar Opazo, en vías de recuperación de la lesión sufrida frente a Palestino en La Cisterna. Se dice que a ellos se sumaría un zaguero centro, porque Matías Zaldivia aún no está para retornar luego de dos graves lesiones consecutivas, y el partido por la Supercopa, frente a Universidad Católica, el 21 de marzo, aparece a la vuelta de la esquina.

¿Cuál es el problema? En realidad, son dos: uno es la cuota de foráneos (5), porque Colo Colo en este momento casi la copa con Zaldivia, Falcón, Costa y un Blandi que sigue siendo un cacho, porque tiene contrato vigente y no hallan cómo operarse de él, como no sea haciendo la pérdida. La otra dificultad, para nada menor, es la poca caja que existe, sencillamente porque Blanco y Negro tiene un hoyo financiero que transforma en un chiste la cantidad por la cual a Colo Colo, en 2002, se le decretó la abusiva, ilegal y fraudulenta quiebra.

Queda claro que Pablo Solari, por tener aún edad de juvenil, puede seguir jugando sin perjudicar la eventual llegada de otro extranjero, que podrían ser dos si Nicolás Blandi de una vez por todas deja de tener un vínculo contractual con el “Cacique”.

Hasta aquí, todo bien. Porque se sabe que el universo de buenos jugadores en nuestro medio es tan reducido que ello explica, en gran medida, que los nombres se repitan como eventuales refuerzos o incorporaciones en más de un club. Es el caso de Erick Wiemberg, lateral izquierdo de Unión La Calera que ha figurado tanto partiendo al Centro Deportivo Azul como llegando al Monumental.

El problema es que, respecto de rumores y trascendidos de refuerzos para este Colo Colo que tiene prohibido repetir el papelón de la pasada temporada, no se escucha por ninguna parte el de ese puesto que constituyó un déficit enorme: el de armador, el de conductor del equipo. Porque se sabe que hay técnicos que reniegan del tradicional “enganche”, moda impuesta en el país por Juvenal Olmos cuando dirigió a La Roja rumbo a Alemania 2006, sólo que está más que probado que el “cerebro” de un equipo sigue siendo indispensable.

A Quinteros en su momento le preguntaron acerca de la posibilidad de incorporar a Marcelo Cañete, pero diplomáticamente lo descartó, además porque era un secreto a voces que el volante tenía un compromiso ya adelantado con la “U”, lo que explica, además, el poco cariño que el técnico Rafael Dudamel le demostró siempre a Walter Montillo.

Lo preocupante para la muchachada del popular es que en esta danza de nombres que circula lo más cercano que se ha mencionado como posibilidad es el volante de Deportes Puerto Montt, Byron Bustamante, sólo que las características de éste llevan a pensar que está más para formar dupla defensiva de mediocampo con César Fuentes en lugar de ser el reemplazante natural de un ”Mati” Fernández o de un “Mago” Valdivia, que dejaron el club porque no la agarraron ni con la mano.

Urge la llegada de un conductor. De ese cerebro que se eche el equipo al hombro y haga jugar y producir a los de arriba. Y, claramente, ese jugador no está en Chile, como no sea abjurando de todo lo que se ha predicado y poner los ojos en el “Mago” Jiménez, de Palestino, tan veterano como otros que partieron. 

Respecto de este tema, los “especialistas”, “sabihondos” y “gurús” del fútbol, me tienen podrido con aquello del “volante mixto” que necesita Colo Colo. ¿Qué diablos es eso? ¿Qué quieren decir con eso? Entiendo que la idea engloba a ese jugador que tanto produce como marca, pero yo les preguntaría a estos sabios si tendrían en su equipo a un talentoso que meta cuatro o cinco pases de gol por partido y el resto del tiempo se limite a mirar como corren y luchan sus compañeros. O si tendrían a un patadura que quite como loco, se tire hartas veces al piso y hasta tranque con la cabeza, si inmediatamente va a dejar el balón en los pies de un jugador contrario.

Esa entelequia sólo la manejamos en este país, muchachos, donde la gallada cacha re poco de fútbol y los “especialistas” se las dan de entendidos sin tener muchos de ellos dedos para el piano. Creen que, por haber jugado fútbol muchos de ellos, sacaron con eso la patente de sabios y el resto son todos unos burros.

Más allá de esto, Colo Colo sigue en el más completo mutismo respecto de ese jugador tan necesario en todo equipo. Da para parafrasear aquella jocosa película (jocosa para los gringos) que titularon “¿Y dónde está el piloto?”.