Columna de Carlos Cantero: Sociedad digital, pandemética y liderazgo ético (III parte y final)

Hay señales de una ruptura valórica y de una profunda brecha generacional, marcadas por la rabia, el rechazo, la impotencia y la nula confianza para lograr una interlocución con la autoridad o con los actores del mundo político. La confrontación que impulsan se libra con armas y métodos no convencionales.

Por CARLOS CANTERO / Foto: ARCHIVO

Se trata de una mezcla de la cultura de masas y grupos radicalizados, promoviendo la reivindicación que la mayor parte de las veces termina en violencia. Un crisol de grupos diferentes: anárquicos, lumpen, terroristas y elementos asociados al narcotráfico, que en ocasiones hacen ostentación del uso de distintos tipos de armas.

Otro elemento transversal, global y local («glocal») es lo que se asocia al acrónimo ACAB (All Corps are Bastard o “todos los cuerpos -de policías- son bastardos”, en español), que se repite en cada movilización en todo el mundo, como desprecio por la institucionalidad, las policías y sus procedimientos, a las que confrontan, cuestionando su legitimidad, legalidad y sus soportes logísticos. Son grupos asistémicos y disfuncionales.

La brecha generacional muestra personas ajenas a los principios, en un creciente proceso de opacidad y degradación respecto de los valores, del que somos actores por acción y omisión. Se van borrando los límites: la libertad individual muestra amplios espacios que desborda hacia el libertinaje; la justicia, con extrema elasticidad, se torna en injusticia; la competencia llevada al extremo termina eliminando los espacios de colaboración; el individualismo radical termina destruyendo el sentido de comunidad. La crisis es estructural y de sentido eminentemente ético.

INTERNACIONALISMO Y MULTILATERALISMO DISFUNCIONAL

El multilateralismo y las organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas y sus distintas entidades dependientes, están superadas y sumidas en la ineptitud. Instituciones, como la Unión Europea, muestran graves fracturas; otras, se caracterizan por su exquisita irrelevancia e intrascendencia frente a las crisis humanitarias, económicas, pandemias, catástrofes y guerras: la OEA, el BM, el BID, la OCDE, por ejemplo.

La cooperación internacional se ve mermada en su capacidad de prevención y mitigación de los conflictos y de la violencia en todas sus formas. Estos organismos viven una crisis de adaptabilidad. En algunos casos promueven confusión, por su desprolijidad en el cumplimiento de sus obligaciones y ciertas formas de violencia sicopolítica. Así, la ONU proclama el derecho de las personas a emigrar. Pero, no atiende ni defiende el derecho de las personas a vivir en su país con dignidad y respeto a sus derechos fundamentales. Desestima las causas y efectos que gatillan catastróficos procesos migratorios.

ANOMIA EN LA SOCIEDAD, EL ESTADO Y SUS INSTITUCIONES

La anomia ha sido creciente en las dos últimas décadas: la sociedad y el Estado muestran creciente desorganización, degradación valórica, descrédito de las instituciones tradicionales, retroceso de los principios humanistas, debilitamiento de las tradiciones republicanas, aislamiento del individuo como consecuencia de la falta de confianza en el sistema imperante, y por la incongruencia y el irrespeto con las normas vigentes, el aumento de la violencia, la delincuencia, narcocultura y terrorismo.

La política y los políticos tradicionales se han inflingido una derrota, que se transformó en una sentencia autocumplida, ya que muchos habían advertido sobre la crisis en incubación. Todo el proceso ha terminado con una política deslegitimada, con políticos desacreditados, la democracia debilitada, con inestabilidad y anomia en pleno desarrollo.

El ethos ha sido crecientemente estresado a lo largo de las últimas décadas, por gobiernos de distintas tendencias, radicalizando el individualismo, la competencia y el materialismo que alcanza niveles estructurales. Producto de la anomia estatal y el debilitamiento del sentido de comunidad, el narcoterrorismo y el crimen organizado entró en la sociedad, ante la ineptitud institucional. Todo en nombre de la libertad que derivó en libertinaje.

LIDERAZGOS DEBILITADOS

La conflictividad está asociada a un liderazgo transversalmente debilitado, en los ámbitos político, espiritual, económico y filosófico. La sociedad baja sus niveles de conflictividad y radicalización cuando hay un relato convocante, una épica inspiradora y una ética de unidad, lo que no ocurre en este caso.

La Teoría de Estado señala que la legalidad y legitimidad son fundamentales para el manejo de la conflictividad. Se observa precariedad estructural, a nivel nacional y global, en la Justicia, el Parlamento, el gobierno y los partidos políticos. No hay relato ni vocerías, pues están anuladas o con signos de corrupción ideológica. Mientras más altas las expectativas de la gente y más bajas las respuestas de la autoridad, se exacerba la conflictividad. Por otro lado, mientras más críticos los problemas sociopolíticos y más inoportunas e ineficientes las respuestas, se agudiza el conflicto. El nivel de la política, la solidez estructural de sus liderazgos y la calidad de las propuestas están enfocadas en la descalificación, en la obstrucción binaria, polarizando la mediocridad gestional.

CONFLICTO Y CONFLICTIVIDAD

El conflicto es el desacuerdo u oposición entre individuos, derivado de una tensión prolongada entre dos o más instancias. En cambio, la conflictividad es la cualidad de lo conflictivo: condiciones y tendencias que dan lugar a los conflictos, la evolución que se da entre un momento y otro tiempo-espacio. Es decir, observamos variables sincrónicas o de contexto (conflicto) y variables diacrónicas (conflictividad), asociadas a la evolución de un fenómeno a lo largo de un período de tiempo.

La conflictividad está íntimamente ligada a la institucionalidad, liderazgo, sentido de comunidad y a la épica que inspira unidad o confrontación. La dimensión de la crisis política está asociada a temas de alta sensibilidad social y a las expectativas de la gente, lo que afecta la gobernanza. La crisis social tiene causas endógenas, surge desde el fastidio, la sociedad del desdén y su minimalismo de la dignidad humana. Es la consecuencia de un modelo llevado al extremo, que exacerba el materialismo, el individualismo, la competencia, el nihilismo y el hedonismo.

La tipología de la conflictividad (en la pandemética) no es binaria, como lo fue en la guerra fría. Es, en cambio, sicosomática, es decir autogenerada por mismidad u otredad, inducida por el estrés y por el abuso de grupos que normalizaron la violencia y/o destrucción estructural, la exacerbación del individualismo, el minimalismo de la dignidad de las personas, sin consideraciones ecoéticas de los responsables.

ESCENARIOS DE CONFLICTO

Los nuevos escenarios de conflicto -las movilizaciones y enfrentamientos- rompen la tradición moderna derivada del Tratado de Westfalia (1648), que creó un orden y el sentido de respeto a la civilidad. Los conflictos en la sociedad digital, adquieren la forma de focos distribuidos estratégicamente con amplia autonomía operativa, con características o motivaciones propias en cada lugar, denotando la ruptura de los alineamientos tradicionales, con nuevas estrategias y tácticas distribuidas en el ethos digital.

Algunos teóricos gustan de adornar estas acciones de violencia con nombres como “deconstrucción”, que es lo mismo que destruir para construir sobre las ruinas. Son conflictos estructurales que para su resolución requieren amplios acuerdos y consensos. Pero, los sectores radicalizados quieren superarlos por el expediente de la destrucción y la violencia, en el contexto de una tensión de modelos que encierran éticas confrontadas. No responden a las formas tradicionales de resolución de conflictos. Es una actitud unilateral, radicalizada, que no confía en los procedimientos democráticos.

CONFLICTIVIDAD, MOVILIZACIÓN, LOGÍSTICA Y COORDINACIONES

La crisis social en América Latina tiene mucho que ver con la incapacidad de la política (y los políticos) para comprender los cambios que implican la sociedad digital y los desafíos de adaptabilidad. Las movilizaciones mostraron una sociedad civil con una capacidad logística y de coordinación superior a los agentes del Estado, por velocidad y capacidad de articulación (Función HUB).

En los casos de escalamiento de la conflictividad, este tipo de tecnologías facilita ataques destructivos. Se observan ciertos grados de segmentación, compartimentación y especialización de los grupos que operan reactivamente en la conflictividad, actuando en coordinación. En este complejo escenario observamos un debilitamiento del análisis prospectivo en el Estado, de las capacidades de los servicios de inteligencia y una mala adaptabilidad institucional a la sociedad digital.

Cambian las dimensiones tecnológicas: bots, Inteligencia Artificial, Big Data, drones, hackeo, automatización, robótica, ubicuidad de las redes y comunicaciones, además de las asimetrías en el conocimiento (know how) que modifican la conflictividad. Considerando eventuales confrontaciones globales, la actual realidad nos hace tomar una perspectiva de lo que viene en el futuro cercano: violencia, ataques tecnológicos, el riesgo de una guerra biotecnológica, etc.

En el escenario digital, se impone la estructura distribuida, viral, y las estrategias de enjambre (swarming) en cada conflicto, cualquiera sea su carácter. Se trata de unidades autónomas, de ataque distribuido, con funcionalidad de HUB y multifuncionalidad en diversos frentes, para una mayor efectividad, movilidad, cobertura, con retiros coordinados para rearticularse en otro foco de ataque, con gran velocidad y efectividad. Esto genera confusión, errores de apreciación de los escenarios y del número de actores. Hay varias otras estrategias asociadas: Flashmob, Civikmind, inteligencia colectiva y de enjambre, entre otras.

El equilibrio dinámico entre racionalidad y emocionalidad juega un rol clave en la conflictividad social. Los avances en las tecnologías cambian la conflictividad y la forma en que se desarrollan los conflictos.

COMUNICACIONES, POSTVERDAD, FAKENEWS

Las audiencias masivas se caracterizan por la manipulación de las emociones de las personas, del equilibrio dinámico entre racionalidad y emocionalidad. Esto se potencia con los procesos replicativos que inducen a las personas e instituciones a hacer más de lo mismo. En un sentido más amplio, la fidelidad de las audiencias depende en gran medida de si las personas se siente acogidas y/o consideradas. La calidad de la relacionalidad con la audiencia se debilita con farándula, espectáculo, morbosidad y sensacionalismo.

Otra nueva dimensión de la confrontación que tiene una forma permanente, en diferentes escalas y dimensiones, es la postverdad, las noticias falsas o fake news, mentiras asociadas a intereses gatillantes. La desinformación, las divisiones y la inestabilidad social, militar, industrial o política, son parte del arsenal para la confrontación permanente. Las amenazas se diversifican, son complejas, mimetizadas, en adaptabilidad permanente y a un ritmo y velocidad que el Estado ha tenido dificultades para enfrentar. Es la vigencia del pensamiento de Gramci sobre el debilitamiento valórico e institucional, de la deconstrucción (Derrida) y de la sociedad líquida, cambiante e inestable, planteada por Bouman.

LO ECO-ÉTICO-SISTÉMICO-RELACIONAL

El mundo es un permanente equilibrio dinámico entre cambio y conservación, lo que demanda vigilia de estabilidad permanente en la sociedad. Se requiere asumir el cambio de modelo (paradigma), promover y asumir la necesaria adaptabilidad a las nuevas formas relacionales y al uso de las potencialidades tecnológicas. Pero, lo más importante, es que se debe salir del paradigma cartesiano, lineal o sectorial, para entrar a un enfoque de paradigma Eco-Ético-Sistémico-Relacional. Esta cuestión abstracta y muy teórica es clave y debe ser entendida y asumida, pues ello definirá el éxito o el fracaso en el proceso que motive a unos y a otros.

El Estado debe modernizarse, asumir la sociedad de redes, la funcionalidad HUB, la gestión del conocimiento, cambiar su cultura y los estilos gestionales, con respuestas imaginativas, basadas en redes colaborativas del ámbito local y global. Mejorando las habilidades blandas o relacionales, se pueden y deben superar las divisiones político-ideológicas, añejas y propias de la guerra fría (binarias), para avanzar hacia una relacionalidad basada en el respeto y en la colaboración, en la reciprocidad que genera una acción concertada.

La competencia centralizada y sistémica terminará destruyendo cualquier estrategia, y el obstruccionismo entrampará el desarrollo en el ámbito digital. Es necesario sacudir la replicación endógena, para cultivar la excelencia, el desarrollo con equidad, con compromiso, convicción y honestidad. La sociedad y el sistema político requieren concordar una nueva ética como pacto social.

SE REQUIERE LIDERAZGO ÉTICO

Quienes proclamamos adhesión a los valores del humanismo debemos ser fieles a los principios que nos inspiran, al sentido social y a la vocación democrática. Tenemos que promover y vivir un sustantivo humanismo, respetuoso del medio ambiente, comprometido con lo ético y filosófico; lo interno en equilibrio con lo externo: en lo físico (cuerpo), en lo mental (memoria y razonamiento) y en lo espiritual (alma).

La solución está en los principios y valores, para lo cual se requieren liderazgos éticos, con sentido global y viral, asumiendo que todos somos uno, y uno somos todos, en unidad y unicidad. Internalizar la inmutable vigencia de leyes atávicas de la reciprocidad, como es arriba es abajo, adentro es afuera, aplicando los principios fundamentales de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

¿Cómo ayudamos a superar la crisis? Atendiendo a la causa basal que la gatilla. Se trata de una crisis ética, anclada en la tensión filosófica entre el materialismo y la espiritualidad, la dignidad del ser humano y el valor del sentido de comunidad.

Los humanistas, en general, debemos promover el Desarrollo Humano (así, con mayúsculas) y el no menos esencial meliorismo, que es la perfectibilidad de todo y de todos los seres humanos.