Columna de Claudio Gudmani: El fenómeno Quinteros

Como sea, es un buen entrenador, ha sido un aporte al medio con su personalidad y trabajo, pero está en un momento difícil y quizá sea la oportunidad de buscar nuevos aires si aquí no mejoran las condiciones.

Por CLAUDIO GUDMANI / Foto: ARCHIVO

Que Gustavo Quinteros ha sido un estratega exitoso en su paso por el fútbol chileno es una realidad difícil de negar. Campeón con Universidad Católica, lo que le valió ir a otros “mercados” futboleros; luego retornó al país para salvar a un Colo Colo cerca del descenso, para después pelear los campeonatos nacionales, ganando uno la temporada 2022 y también una Copa Chile.

Pero también se puede decir que tanto en Universidad Católica como en Colo Colo, gozó de los planteles más caros de la competencia, y que estar arriba y ganar campeonatos es lo mínimo que se pide en esos clubes, que cuentan además con las canteras de jugadores más productivas, estadios donde se hace de local con hinchadas alentando bulliciosamente, lo que siempre es un plus contra equipos de menor convocatoria.

O sea, Quinteros hizo la pega con equipos poderosos.

El DT argentino-boliviano, además tiene un carácter fuerte, es de esos entrenadores inteligentes, que logra un fondo de juego, un sello táctico, que establece un equipo titular y cambia poco, lo justo y necesario. Y que se maneja con la prensa con una actitud que va de lo altanero a lo amablemente cercano, según se le den los resultados. Es un personaje que tiene un discurso claro, un buen relato, pero que no deja de ser acomodaticio a sus intereses. En este sentido es un “zorro viejo”.

Si nos metemos en la cancha y en sus rendimientos, a nivel nacional no hay duda de sus logros, y también que por mucho tiempo se ha ganado la idolatría de la hinchada. Pero también ha tenido detractores, porque a pesar de las promesas y las oportunidades de avanzar en las competiciones internacionales (otro punto muy importante en los objetivos y exigencias de los clubes “grandes”), no ha podido concretar buenas campañas y se ha quedado fuera, muchas veces contra rivales que parecían inferiores. Esto le ocurrió tanto con los cruzados, como en los albos. Y eso, a la larga, le ha provocado roces y puntos negativos con las dirigencias.

Quinteros es de los que exige mucho a los clubes, incluso pasándose de rosca, por lo que se hace un director técnico incómodo. Y muchas veces no escatima en tirar la pelota al córner cuando se trata de asumir responsabilidades. Siempre hay justificaciones que caen en los otros: primero en los errores arbitrales, luego en desaciertos de los jugadores, después en incumplimientos de la dirigencia, hasta llegar incluso a malas determinaciones de la ANFP, programaciones y otras excusas.

Pocas veces la culpa es de él, de sus decisiones tácticas o de las salidas de madre de su temperamento.

Pero este año en particular, la pista se le puso más difícil. A los fracasos en lo internacional, se le sumó que los “refuerzos”, en su gran mayoría, no fueron tales, más bien se convirtieron en cachos, en sueldos caros que pasaban en la banca o incluso fuera de las nóminas, debido a lesiones, faltas disciplinarias o, simplemente, porque no daban la talla.

También sucedió que algunos proyectos del club como “los Gutiérrez” o Jeyson Rojas, fueron poco ocupados, Vicente Pizarro sí logró su espacio, pero con intermitencias, aunque terminó de titular; y sus grandes hallazgos de la temporada, Damián Pizarro y Jordy Thompson, a pesar de ser aportes inesperados, se vieron envueltos en algunas indisciplinas, aunque el primero parece haber entendido que no puede dejar pasar la oportunidad, y el segundo finalmente, es un caso enfermizo, que decepcionó al DT, que lo bancó, y al club en su totalidad.

Colo Colo, terminada esta temporada, no logró el campeonato ganado por Huachipato, club que obtuvo 58 puntos y un 63% de rendimiento, poco para un campeón. Tampoco logró el cupo directo a Libertadores (con el peso económico que implica), que fue para Cobresal. Fue tercero. Puede ganar la Copa Chile, pero eso no basta para las aspiraciones del pueblo colocolino.

Aún así, Quinteros es un fenómeno querido por la mayoría de la hinchada, porque el equipo asume una postura de ataque, de presión, pero sin los interpretes de nivel que todos quisieran.

Parece que la postura del “puto amo” que instaló otro DT que pasó por Colo Colo, fuera atractivo para un medio chato, caldo de cultivo para la prensa.

El dilema de este momento es si seguirá en el club albo; si la dirigencia lo quiere, o le pasará la cuenta por los errores de la temporada. Muchos dicen que ya terminó su ciclo, otros que debería seguir porque tiene una base que, con algunos buenos refuerzos que realmente rindan, logre, al fin, los resultados esperados.

Pero aquí hay contradicciones… ¿él se quiere quedar? ¿o quiere ir a la Selección? ¿pan o pedazo?

Claro es que Quinteros está muy cómodo en Chile. Gana bien, lo tratan con respeto, es querido por muchos próceres del comentario, sobre todo del canal oficial del fútbol.

Y ante la crisis de la Selección, gran parte del periodismo lo postula como favorito a asumir la banca, mientras otro sector lo desaprueba. Los que lo avalan, dicen que tiene experiencia en selecciones (Bolivia y Ecuador), aunque en ninguna le fue bien; además dicen que sabe lidiar con camarines complicados, que ha dirigido equipos grandes, conoce el medio, que rápidamente puede darle un sello competitivo al equipo.

Los detractores dicen que está muy cercano a algunos representantes, que no ha tenido buenos resultados internacionales ni con las selecciones antes nombradas, ni con los clubes, y que prioriza los jugadores calados, los más viejos, en detrimento de los jóvenes que podrían dar la renovación.

Otros dicen que, probablemente, elija a gran parte de los jugadores que tiene en el club (Cortés, Opazo, Pavez, Fuentes, Gil, Palacios, los Pizarro, hasta Bolados), lo que podría provocar un quiebre con los que ya están en “el nuevo proceso” o con los jugadores de otros equipos. La verdad, eso sería potestad de él.

Pero es posible que el medio le pida jugar como “equipo grande”, y la realidad es que Chile, hoy, en el concierto sudamericano, es un equipo chico, en transición, peleando los últimos puestos de clasificación.

No tiene los mejores jugadores del continente, deberá lidiar con los históricos que se resisten a dejar su lugar, pero que ya no pueden jugar a la intensidad requerida. También puede que nuestra selección sea, como casi siempre, perjudicada con cobros referiles o, al menos, no “ayudada” como los equipos poderosos, y eso provocaría los reclamos permanentes de Quinteros y su equipo multidisciplinario.

Además, sería contratado por una dirigencia que está escuálida de arcas, que querrá ahorrar en muchos “ítems”, y que deja mucho que desear en muchas áreas, cosa que le daría más excusas al entrenador si no logra resultados.

Mi humilde opinión como técnico, más bien teórico y formativo, es que nuestra selección requiere un entrenador que pueda hacer un trabajo de transición, de afiatamiento de jugadores entre 20 y 28 años, muchos nuevos, jóvenes, con hambre de gloria, con actitud de sacrificio y de trabajo. Se necesita un líder que lleve a este grupo a superarse en plena competencia, haciendo un proceso en las mismas Clasificatorias, dándole un sello colectivo a ciertas figuras emergentes.

Y en ese sentido no veo a Gustavo Quinteros.

Tampoco lo veo en Colo Colo, si la dirigencia realmente no potencia el plantel, no hace la poda y contrata calidad antes que cantidad. Menos si tampoco atornillan todos para el mismo lado, porque estas últimas semanas, como dije antes, los que deberían ser sus aliados, han querido pasarle la cuenta y bajarle los bonos, claramente en un afán de reducirle el salario y el presupuesto 2024.

Y algo de razón tienen, porque “el fenómeno” no logró llegar a las alturas esperadas.