Columna de Claudio Gudmani: El jugador nace y se forma

Hay cosas que se pueden trabajar, como la técnica y luego la táctica, pero la toma de decisiones, la creatividad, la improvisación, a veces viene “de fábrica”.

Por CLAUDIO GUDMANI / Foto: ARCHIVO

¿Qué es primero, el huevo o la gallina?… una encrucijada que también está en el fútbol. 

¿El jugador de fútbol nace o se hace? Quienes trabajamos alguna vez en fútbol formativo, sabemos que el jugador “nace” y también “se hace”, o si quieren verlo de otra forma, “viene con cualidades propias” y “se forma” afinando esas “cualidades” y disminuyendo sus “defectos”. Es cierto que hay generación espontánea, pero también hay procesos que dan resultado, hay camadas buenas y otras no tanto. Eso ocurre en todas partes del mundo.

Por eso, ese es el gran trabajo de los entrenadores formadores, que tiene distintas etapas, y que marca un proceso que tampoco nunca se termina del todo.

Tuve grandes profesores en mi formación como entrenador, que eran directores técnicos y que fueron además futbolistas profesionales. Recuerdo uno que nos decía que cuando jugaba no sabía ni el 20% de lo que sabía ahora, que nunca, en su carrera profesional, usó su pierna menos diestra. Y ahora, como profesor viejo, aprendió a usarla para poder demostrar mejor. Esta anécdota de Benjamín Valenzuela, a quien recuerdo con afecto, demuestra que siempre se puede seguir aprendiendo y perfeccionándose.

Formar jugadores para que además jueguen con otros, de forma colectiva, requiere de varias etapas que no hay que perder de vista…

ETAPAS DE LA FORMACIÓN

Primero: detección de los jugadores por sus cualidades evidentes. En esta etapa hay que saber ver las atributos de un jugador, y el primero que destaca es la técnica, su habilidad con la pelota, con la conducción, con los controles y pases, con el remate. La segunda es su condicionante física, su biotipo, su velocidad, su potencia. 

Hay cosas que se pueden trabajar, como la técnica y luego la táctica, pero la toma de decisiones, la creatividad, la improvisación, a veces viene “de fábrica”. Por otra parte, el biotipo marca una condicionante, la velocidad se puede trabajar muy poco, y sólo la potencia se puede perfeccionar con el trabajo físico de forma más clara. Ahora, en esta detección, hay algo más importante y difícil de detectar: la capacidad cognitiva y psicológica, la actitud, la atención, la voluntad del niño o joven jugador. Y desde ahí ver si tiene más posibilidades de mejorar y si será un líder positivo o uno negativo dentro de un equipo. 

La segunda etapa es decidir, mediante las variantes que muestran los jugadores que disponemos o hemos seleccionado, qué tipo de juego podemos desarrollar con mayor eficacia. Sin mis futbolistas son más bien técnicos, lo lógico es pensar en un juego de posesión de balón; si son rápidos y potentes, un juego de transiciones rápidas, valga la redundancia. Si son más bien fuertes, será mejor un juego de roce, de disputa constante. Si prevalecen los jugadores altos, habrá que sacarle provecho al juego aéreo, etc…

En ese sentido, nos hemos hecho la pregunta en Chile, acerca de ¿qué biotipo de jugadores es el que prevalece en nuestra competencia?… la “generación dorada” por ejemplo, que tanto nos gustó y trajo resultados, se caracterizó por una estatura menor que la media sudamericana, ni qué decir la internacional europea o africana. Tampoco eran extremadamente fuertes, pero eran jugadores hábiles, rápidos en sus ejecuciones y toma de decisiones, aguerridos. Pensemos en Medel, Jara, Marcelo Díaz, Aránguiz, Valdivia, Vargas, Alexis Sánchez, Matías Fernández, Mena, Humberto Suazo, Puch, Fuenzalida, etc… solo Vidal, Isla, Pinilla y Bosejeour estaban sobre la media… ¡Nos falta debate, análisis, propuestas de desarrollo técnico desde la cabeza!

Pero el ideal es hacer la detección y selección de jugadores de manera amplia, para poder decidir cuándo y cómo poder ejecutar más variantes para imponerse a los diferentes rivales. Por eso uno busca al jugador hábil y técnico, fortalecerlo física y tácticamente. Al jugador rápido, mejorarle la técnica de conducción, los controles en velocidad y la capacidad de hacer pases, centros y remates con precisión. Por eso, si uno elige jugadores altos, mejorarles la técnica y la movilidad, para poder jugar, y también mejorar sus habilidades en el juego aéreo.

En este sentido, no se pude obviar las mediciones físicas y las comparaciones con el medio. Un jugador hábil, pequeño, frágil, pero lento, difícilmente llegará a la alta competencia, por más creatividad y talento que tenga con el balón. Y también en este punto, importa sobre manera las ganas, la actitud mental y psicológica que tenga para potenciar y mejorar sus debilidades, incluso, frente a ciertas condicionantes sociales y culturales, que pueden perjudicarlo… 

¿Cuántas veces hemos escuchado lo bueno que era fulanito, pero que se perdió?

Una tercera etapa entonces, y creo que de las más importantes, es desarrollar la autoexigencia constante, la convicción, el amor y la pasión por el juego futbolístico, el entendimiento de fútbol como deporte colectivo y cooperativo… “El todo siempre tiene que ser más que las individualidades”. 

No menor en este punto el respeto al reglamento, a la autoridad, a la disciplina, al entrenamiento invisible, comidas, descansos, profesionalismo para encarar la propia carrera futbolística. La capacidad de expresarse y comportarse ante los medios y el público. La personalidad, el carácter, el liderazgo, la irreverencia, se demuestra en el juego, en la deportividad, en el esfuerzo inagotable dentro de un partido, y en una trayectoria futbolística.

Hay mucho de esto que viene en el ADN del jugador, pero hay mucho más que se puede enseñar, entrenar y aprender en el proceso formativo, y también en el competitivo. 

Sólo entonces podremos decir que estamos frente a un jugador hecho y derecho, a un profesional del fútbol, a una joya que brilla dentro de la corona de un gran equipo. 

Y entonces, llegaremos a la conclusión que el verdadero jugador nace y se va haciendo día a día, entrenamiento a entrenamiento, partido a partido, a lo largo de los campeonatos y los logros de los que participe.

¿Entenderán esto los dirigentes?… ¿Lo sabrán y trabajarán de buena manera los entrenadores?… ¿Será un aporte para esto los representantes, tan preocupados del producto que venden?… y lo más importante ¿tendrá conciencia de todo esto el jugador? Esperemos que sí, porque él es el principal protagonista de esta historia.