Columna de Claudio Gudmani: Excusas, excusas y… escusados

¿Pretextos para justificar que no se juega bien y no se obtienen los resultados que todos esperamos?

Por: CLAUDIO GUDMANI / Foto: ARCHIVO

Hace unos días, uno de los grandes jugadores que ha dado el fútbol chileno, Alexis Sánchez, goleador histórico de nuestra selección, jugador hoy del Inter, pero antes del Olimpique de Marsella, del Manchester United, Barcelona, triunfador en el Arsenal, figura en sus inicios en River, campeón con Colo Colo, dice que el mal rendimiento tiene directa relación con cosas que no se pueden tolerar, como sólo tres duchas buenas e instalaciones mediocres en Pinto Durán, el “bunker” de nuestra Roja.

O que no se ha podido jugar en el estadio Nacional, la casa de todos, donde el hincha apoya de mejor manera; o que en el Monumental, los baños de los camarines literalmente devuelven los excrementos en el escusado… excusas, excusas y más excusas, para justificar que no se juega bien y no se obtienen los resultados que todos esperamos…

Podríamos decir que varias de sus quejas son válidas, que efectivamente, hace años se viene pidiendo un mejor y más grande complejo para las selecciones; que tiene razón cuando dice que los jugadores del medio nacional juegan pocos partidos, o que la competencia formativa se para tres meses; o que la dirigencia no tiene un plan de desarrollo adecuado para todas esas cosas. Yo también opino lo mismo. Sin embargo, los errores técnicos, tácticos, o las falencias físicas, mentales o incluso reglamentarias de los jugadores, responden a otros motivos mucho más individuales y colectivos, donde los directores técnicos también fallan.

Pienso en el mismo Alexis (foto principal), que forjó su talento en canchas de tierra o calles, en su natal Tocopilla, o recuerdo las imágenes de Pelé o Maradona, haciendo malabares con naranjas u otras frutas, mostrando coordinación y cualidades físicas en potreros con champas de pasto, saltando con potencia a cabecear o golpear balones colgados de ramas de árboles, y reflexiono acerca de todo lo que tienen ahora los jugadores a su disposición: apoyo nutricional, GPS, gimnasios, psicólogos, y, sin embargo, cada vez hay menos actitud, sacrificio o simplemente habilidad eficiente.

Lo que sobran son excusas, excusas y más excusas, de los jugadores, de los técnicos, incluso de los comentaristas y periodistas…

“Que fulanito no puede jugar por ese perfil”, “que a mengano no lo ponen en su posición”, “que periquito sabe avanzar, pero no retroceder”, “que a zutanito el DT no le habla o le habla muy golpeado, que no le soba el lomo, que debería tratarlo más paternalmente”, “o que son unos niños a los que no hay que exigirles, aunque son muy, pero muy talentosos”; excusas que incluso contienen contradicciones, como “es que perengano juega mejor a perfil cambiado, pero entonces no desborda bien”.

Y para qué hablar de las contradicciones de los técnicos, con sus excusas incluidas… “hemos jugado partidos muy seguido… no hemos tenido continuidad, porque la competencia ha sido muy cortada” … “no hemos tenido tiempo para entrenar”, mientras les dan días libres o vacaciones a los jugadores, cuando se para la competencia. U otras de carácter táctico… “este jugador es muy bueno, pero no me sirve para mi esquema de juego o no me cumple la función que quiero”.

Algunos dicen que detrás de estas explicaciones y dichos de los entrenadores, están ordenados por la oscuridad mezquina de los intereses de dirigentes y representantes, a los que solamente les interesa la plata… pero no quisiera pensar eso, porque entonces todo estaría podrido.

Sería importante aclarar que “el jugador bueno” es aquel que cumple la función encomendada, y el muy bueno es el que la cumple haciendo mucho más de lo que se pide, por ejemplo, haciendo disfrutar al hincha con acciones talentosas.

A veces, los comentaristas inclusos llegan a decir que determinado excelente futbolista, juega mal porque no está contento, lo que, para mí, agrava la falta. Un jugador profesional gana un buen sueldo, uno muy oneroso en relación a otros trabajadores, por lo que debe poner todo cuando entra a la cancha por la institución que le paga y por el público que lo va a ver.

También los medios y los dirigentes se contradicen en los argumentos y las justificaciones, entrando en un círculo vicioso: “Es mejor un DT extranjero para dirigir a jugadores chilenos”, y esto se acentúa en los equipos llamados grandes y la selección, donde parece imposible tener un entrenador criollo, porque la excusa es que “estamos pensando en un proyecto serio” … “apuntamos a tener logros importantes”, sin embargo, “no hay plata”, “el mercado de jugadores está muy caro”, “no hemos encontrado un terreno adecuado para un nuevo Pinto Durán”.

Y cuando la situación es precaria, como ahora, cambian el discurso diciendo que “puede ser que confiemos en un técnico chileno joven y preparado, actualizado”, dejando en claro que los que son un poco más viejos y curtidos, que tienen experiencia y algunos logros, y ojo clínico para elegir jugadores, estrategias y cambios en los partidos, ya no son elegibles, porque están pasados de moda…

Pero volviendo al rol de los jugadores, la verdad es que, dentro de la cancha, lo que uno ve son algunos de los que se dice tiene gran remate, pero no rematan; que hay delanteros “con futuro” que ponen bien el cuerpo, pero no hacen goles; que hay laterales que llegan y desbordan mucho, pero que no aciertan ni un centro bueno, o que ese mismo lateral, que primero es defensor, llega mucho, juega harto, pero no defiende bien. O que ese hábil creador tiene “buen pie”, ve bien los espacios, tiene buenas ideas, pero que pocas veces hace un buen pase gol o se queda en los “casi casi”. Y esos mismos jugadores dicen que “no se les dieron las cosas”. Excusas, condescendencia y muy poca autoexigencia… casi para tirarlos al escusado.

Viendo los últimos partidos de la selección, y también la competencia nacional, apreciamos tiros libres “prometedores” mal efectuados por los supuestos especialistas. Ocasiones de gol malogradas por deficiencias técnicas o incapacidad física de llegar “a tiempo”, o simplemente por malas decisiones. Y, por otra parte, marcas sueltas o distantes, reacciones lentas, o distracciones en defensa, que nos cuestan goles en contra, muchas veces definitivas y difíciles de remontar. Incluso malos controles, mal orientados y pases lentos, fáciles de interceptar, y eso que son los mejores prospectos del medio, algunos jugando en el exterior. “Pánico escénico, les pesa la camiseta”, nuevamente puras excusas…

Definitivamente, esto tiene que ver con jugadores jóvenes que tienen alguna habilidad, pero muchos defectos, pues aunque la técnica es lo más importante, no es lo único para ser un gran jugador, como no lo es solo la velocidad, o la potencia, o la actitud. Y eso quizá es por un trabajo formativo interrumpido, o lamentablemente mal enfocado, preocupados del resultado de la serie y no de pulir y potenciar a las cinco esencias del fútbol: porque reitero, el buen jugador debe ser integral, completo, o al menos parejo en lo técnico, táctico, físico, mental, incluso en lo reglamentario. Y lo mismo sucede con los jugadores mayores, de edad avanzada, pues todas las cualidades que hayan tenido, ya van en retroceso, son menos veloces, menos resistentes, están más tocados por las lesiones, tienen menos hambre, porque ya consiguieron cosas, y son más mañosos, ególatras, pensando que se puede jugar solo con la fama y la experiencia.

Lo único que nos llevará a buenos resultados futuros es la autoexigencia de jugadores y técnicos, liderazgos claros, preparación completa e integral, y una actitud ganadora, alejada de las justificaciones y los miedos.

Nada de eso tiene que ver con los excrementos en los baños del Monumental. Esas simplemente son excusas que se van por el escusado.