Columna de Diego Osorio: Jorge Almirón, un entrenador que genera dudas

Treinta años después de su paso como jugador en Santiago Wanderers, regresa a Chile con un nombre como estratega, para devolverle prestigio internacional al Cacique y fundamentalmente al fútbol nacional. Pero sus números en equipos grandes deja mucho de desear.

Por DIEGO OSORIO (*) / Foto: ARCHIVO

Una vez confirmada la noticia del arribo de Jorge Almirón a la banca de Colo Colo, empecé a recordar uno de los mejores equipos que me tocó ver como simpatizante de Lanús en aquella final de 2016 contra el San Lorenzo de Pablo Guede, que finalizó con goleada en el Monumental de Buenos Aires.

Ese equipo tenía pilares como el central Gustavo Gómez (figura en el Palmeiras campeón de América), Iván Marcone (el “pulpo” de la mitad de la cancha que desea para el Cacique), Miguel Almirón (luego salta a la Premier League), además del “Laucha” Acosta y Pepe Sand que convertían.

Ese equipo con algunos retoques llega a la final de la Copa Libertadores el año siguiente y si bien es cierto que la pierde con Gremio, rozó la gloria, una situación literalmente opuesta a la que vivió el último año en Boca Juniors.

Pese a llegar a la final frente a Fluminense, no ganó una serie mata-mata y mucho se basó en “Chiquito” Romero y sus penales atajados (de los pocos partidos que ganó en la Libertadores los dos ante Colo Colo en la fase grupal).

Hablando en radio días pasados con Pablo Mouche, voz autorizada ya que fue dirigido por Almirón en Lanús y San Lorenzo, me confirmaba que éste cambió mucho su forma de plantear los partidos en su último paso por Boca Juniors (dejó el juego directo y agresivo por ser más pragmático), posiblemente por la presión de dirigir a uno de los grandes del continente.

La apuesta de Colo Colo es interesante, y, sin saber con el plantel definitivo que tendrá, a priori sus primeros compromisos ante Godoy Cruz marcarán su suerte en la banca alba.

Los números de Almirón están ahi: dos finales de Copa Libertadores con lo mucho que cuesta llegar, pero balances negativos en su paso por equipos grandes como Independiente, San Lorenzo y Boca Juniors, además de experiencias internacionales al debe con Atlético Nacional de Medellín, Elche de España y Veracruz de México, en sus comienzos.

En 1994 llegaba como cabro chico a Santiago Wanderers tras brillar en su querido San Miguel como delantero y lograr el ascenso un año después en final recordada ante Audax Italiano. Y ahora, treinta años después, regresa con un nombre como estratega para devolverle prestigio internacional al Cacique y fundamentalmente al fútbol nacional.

(*) Periodista argentino.