Columna de Domingo Zamora: Listz, Arrau y los uniformes

¿De dónde este afán humano con sesgo casi irracional, de sentirse orgulloso al constatar que un oriundo de la misma geografía que nos vio nacer, despierte tanto entusiasmo y altivez en nosotros los chilenos, cuando esas capacidades y aptitudes, a esta altura, son más bien patrimonio universal?

Por DOMINGO ZAMORA / Foto: ARCHIVO

Corre sin prisa pero con frío, el año 1979. Son cerca de las siete de la tarde de un crudo noviembre en mis años de exilio, y mientras me apresto a tomar el tranvía rumbo al departamento donde resido en Essen, diviso un afiche que publicita la próxima temporada de conciertos de música “clásica” en la ciudad. Vaya sorpresa: Claudio Arrau (foto principal) es parte de la programación. Dentro de cinco meses, nuestro eximio pianista chillanejo, interpretará a Franz Listz, importante compositor del romanticismo húngaro.

Aunque restan cuatro meses para la presentación del maestro en la Kunsthalle de Essen, comienzo a informarme sobre Listz, su obra, su vida, así como su legado musical. Me entero que nació en la ciudad de Sopron, más tarde llamada Raiding en virtud del Tratado de Trianón (1920) y será parte del Imperio Austrohúngaro.

Eran los tiempos en Europa en que el arte y como tal la música, se encontraban supeditadas a las supuestas herramientas de fuerza que lo sustentaban.

Durante el año 1847 e invitado por el zar ruso, Listz asiste a una presentación en la capital del Imperio, conmoviendo al emperador con su virtuosismo y maestría, entonces éste ofrece una fiesta muy regada en honor a aquel suceso artístico.

Es en medio del ágape y estando Listz frente a un grupo de uniformados de alta graduación del Imperio, uno de ellos se refiere al músico y, sin nombrarlo sostiene en voz fragorosa: “¿Qué sería de los artistas y el arte, si no existieren las armas para defenderlos?… Listz, levantando la cabeza y mirando al vacío y con una tranquilidad insobornable, refuta: “Y que sería de los uniformes, si no tuviesen qué defender?…

Ya restando tan sólo un par de semanas para la presentación de Arrau en la sala de conciertos, he escuchado varias versiones de la “Sonata para piano en Si menor” de Listz, entre otras la que goza de mayor reconocimiento y preferencias, interpretada por Emil Giles y que es parte del programa del concierto del maestro Arrau.

No habremos de ser muchos los chilenos (sólo tres) que podremos de asistir a la presentación; unos cuantos estarán trabajando a la hora del concierto y otros, no podrán cancelar los 20 marcos que cuesta el boleto más barato.

Cerca de dos y media horas, que comprenden el concierto más un bis y 15 minutos de aplausos y vítores, dura la presentación del maestro en una sala atiborrada de público. El estilo de interpretar el piano de Arrau sentí que era un arte mayúsculo en sí, lleno de figuras cromáticas sensibles, y no simples acordes en terceras y sextas, invadido de potentes pasajes armónicos. Era el piano pensé, en su máxima expresión interpretativa.

Una vez finalizado el concierto, se despierta entre nosotros el interés de saludar personalmente a don Claudio, nos dirigimos entonces a una sala donde se desarrolla una concurrida conferencia de prensa, concentrando a más de 50 personas entre periodistas, críticos de arte, alumnos del conservatorio local, camarógrafos y fanáticos, quizá en busca de un autógrafo.

Luego de un par de minutos y en medio de una pausa, se nos abrió un espacio quedando frente al maestro en medio de un silencio que delataba hasta nuestras alteradas respiraciones. Con voz temblorosa le pregunto: ¿don Claudio, debemos hablar en alemán o en español? A lo cual él inquiere: ¿son ustedes chilenos? Sí, respondo al segundo…, “entonces hablemos en castellano”, afirma delicadamente el maestro.

Nuestra conversación se extendió por cerca de 5 minutos, bajo el respetuoso silencio de ese voluminoso auditorio. Don Claudio se mostró muy interesado en saber: cuántos chilenos residían en la ciudad, cómo se encontraban y hace cuánto tiempo estábamos aquí. Nuestro diálogo culminó con un regalo que le hizo Mario Sottolichio al maestro, una pequeña figura tallada en madera raulí, y agrega que hubo sido hecha por un preso político en la cárcel de Talcahuano. Arrau recibe este obsequio conmovido.

Ya camino al departamento donde resido en esa ciudad alemana, me surge la pregunta: ¿de dónde este afán humano con sesgo casi irracional, de sentirse orgulloso al constatar que un oriundo de la misma geografía que nos vio nacer, despierte tanto entusiasmo y altivez en nosotros los chilenos, cuando esas capacidades y aptitudes, a esta altura, son más bien patrimonio universal?… Entonces se me viene a la cabeza el recuerdo de Franz Listz, quien con su joven irreverencia y 130 años antes, hubo deslumbrado a uno de los más robustos poderes del mundo, el imperio ruso, demostrando que el arte excede las fronteras físicas y no son precisamente los cañones los que garanticen su existencia y valor.

Sucedió aproximadamente a comienzos de la década de los 80, cuando entrevistado por un periodista en Nueva York después de un concierto, le preguntó a Claudio Arrau qué opinaba de lo que vive su país, el maestro respondió brevemente con una frase que tuvo una lamentable consecuencia. “Me gustaría ver a Chile conformando la lista de países en los que impere la democracia”, fue la respuesta del maestro. Los uniformes chilenos se sienten entonces tironeados por el pianista chillanejo, y Pinochet ordena obstruir la renovación de su pasaporte por un año.

Yo mezclo o amalgamo quizá de modo irreverente, los talentos de un Listz y un Arrau y concluyo que, efectivamente, el arte y las expresiones artísticas y culturales son los fines últimos alrededor de los cuales giran las civilizaciones, las sociedades y más tarde las naciones en sus respectivos desarrollos como tales.

Fue lo vivido por Arrau, ¿el peso de los uniformes sobre el arte? O fue acaso la fuerza del arte y la cultura sobre aquellos?… 

Nota final. Recomiendo el libro-biografía: “Cuatro aproximaciones sobre el arte de Arrau”, de Héctor Vasconcelos, músico discípulo del pianista, quien es hoy embajador mexicano en Dinamarca.

DOMINGO ZAMORA

Licenciado en Ciencias Jurídicas en la Universidad de Chile y magíster en Sociología y Derecho en la Universidad de Münster, Alemania.