Columna de Eduardo Bruna: Dávalos y Moreira dejaron ir una excelente oportunidad para haber cerrado la boca

El muchacho emprendedor, hijo de la Presidenta Bachelet, y el “rey del raspado de la olla”, aprovecharon el escandaloso “caso convenios” para intentar convencernos que lo de ellos no fue nada al lado de este latrocinio que parece gigantesco. Las sinvergüenzuras siempre serán condenables, independientes del entramado y de sin son burdas o sutiles.

Por EDUARDO BRUNA / Fotos: ARCHIVO

Resulta demasiado evidente que, desde la dictadura cívico-militar hasta hoy, estamos viviendo en un país absolutamente envilecido. Hace nata el flaiterío de baja estofa, pero también aquel de sectores un poco menos “vulnerable”. Es decir, aquellos que no son cumas como producto exclusivo del ambiente miserable y sórdido en el que se criaron, pero que de todos modos se sienten de maravillas siendo una manga de patanes que desnudan a cada rato la pésima educación que recibieron.

El chileno actual, antes mesurado y respetuoso, derivó en un patán intolerable, que hace lo que le viene en gana frente a cualquier situación y en el escenario que lo pongan. Para decirlo pronto, estamos llenos de trogloditas para los cuales las incivilidades, en su actuar, constituyen el pan de cada día. Impera la ley del más pillo, del más “choro”. De quién es más fuerte y más caradura.

Nos hemos llenado de sinvergüenzas. Y, desgraciadamente, no son pocos. A estas alturas, los cara de palo constituyen una plaga de dimensiones bíblicas, como acostumbraba decir García Márquez.

Lo peor es que estos caraduras no respetan ni las formas. Porque no son caraduras solapados, ocultos ni discretos. Todo lo contrario. Es tal su nivel de sinvergüenzura que algunos, como personajes públicos que son, en un intento tan desembozado como increíble pretenden convencernos de que están limpios, impolutos. Que nunca han hecho algo incorrecto, reñido con la honestidad o con la ética.

Dos pájaros de cuentas de la sinvergüenza dejaron ir una oportunidad preciosa para cerrar el pico, respecto del poco edificante “caso convenios”. Sebastián Dávalos e Iván Moreira, ambos un par de cara de palo por donde se les mire, salieron no sólo a empatar, sino que a ganar, intentando convencer a los tontorrones que lo de ellos fue apenas una travesura al lado de esta voracidad indignante que ha mostrado gente que hacía gárgaras con la honradez y la rectitud a la hora de quedarse con platas del Estado a través de más que dudosos convenios.

Y no, pues, Dávalos y Moreira. Que hayan aparecido aprovechadores nuevos en nada los redime a ustedes, par de frescos.

Sebastián Dávalos dijo, muy suelto de cuerpo, que “este caso (de los convenios), por donde se le mire es mucho peor”. No, señor. Los malabares y sinvergüenzuras no son mejores o peores. Pueden ser distintos los entramados. Algunos más burdos y otros más sutiles y enmarañados. Pero no dejan de ser una frescura, una descomunal sinvergüenzura y, la mayoría de las veces, un delito.

¿Te parece poco, Sebita, hacer tambalear el gobierno recién asumido por tu madre después que a ti, y a tu esposa de ese entonces (Natalia Compagnon), se les abriera el apetito con unos terrenos que iban a subir exponencialmente de precio luego que se cambiara el uso de suelo? Utilizaste información privilegiada, Dávalos, igual que otro cara de palo que yo conozco y que compró acciones de Lan Chile para hacer el negocio del año sin tener que levantarse a las 6 de la mañana, tomar una micro atestada ni marcar tarjeta.

Además, no me vas a decir, pues Dávalos, que el Banco de Chile te pasó a ti y a tu señora 10 millones de dólares porque los halló, además de solventes, dos magos de las finanzas. Aparte, ¿tienes claro que, de no haber llevado como segundo apellido Bachelet, el banco ni siquiera los hubiera recibido?

Eso se llama tráfico de influencias, Sebita. Y el Banco de Chile, que como todo banco no da puntada sin hilo, te pasó la platita pensando que, en cualquier momento, podía acudir a tu madre para salir de cualquier embrollo o apuro. Y es que, después de todo, desde los tiempos del patán con uniforme los bancos tienen claro que el gobierno de turno hasta puede salvarlos de la quiebra. Con plata de todos nosotros, por supuesto.

Sebastián Dávalos y la frescura llevada al máximo nivel.

Moreira es otro cara de palo que se subió por el chorro. El rey del “raspado de la olla”, y que para financiar sus campañas les ponía la mano como poruña a los ricachones, también piensa que esta sinvergüenzura de los convenios truchos deja chiquitita su nimia pilatunada de candidato.

Tan suelto de cuerpo como Dávalos, Moreira dijo, sin que se le moviera un músculo de la cara, que “Caval y Penta son niños de pecho con lo que estamos viendo hoy, porque esa plata que se robaron es de todos los chilenos. Las otras platas, para campañas o para lo que fuera, eran platas particulares, de privados que pagaron los impuestos correspondientes”.

Te pasaste, Ivancito. Uno siempre cree que contigo uno ya lo escuchó todo, pero no. La realidad demuestra que siempre te estás superando a ti mismo.

Primero, hay que forzosamente preguntarte si los ricachones dueños de este país te van a financiar tu campañita por bolitas de dulce. Si te van a ayudar graciosamente a ocupar un escaño en el Parlamento sin pedir nada a cambio. Y, frente a esa interrogante, lo primero que se me viene a la cabeza es la Ley de Pesca. ¿Cómo la votaste, Moreira? ¿Qué has hecho como senador para derogarla, cuando hasta el tipo más desinformado de este país sabe que es una ley absolutamente espuria y corrupta? Al contrario: recurriendo a tu dialéctica repetitiva, limitadísima, y bastante pobre por lo demás, te he escuchado más de una vez apelando a todo tipo de artilugios para darnos a entender que en este caso, como en miles de otros, pasó la vieja nomás.

Además, ¿qué es eso de que tú le echaste mano a dineros mal habidos pero que no cometiste ni pecado venial porque estos eran de particulares? ¿Nos estás diciendo, entonces, que sería delito que una banda de delincuentes asaltara el Banco del Estado, pero que no sería lo mismo si los cumas le roban al Itaú, al Banco de Chile o al BCI?

Abúrrete, Moreira. Que sigas prendiéndole velitas al tirano iletrado, criminal y ladrón, es cosa tuya. Pero que a tu reconocida ignorancia y poquito nivel sumes la desfachatez, ya es para molestarse un poquito, ¿no crees?

Estamos jodidos. De verdad lo estamos, y desde hace tiempo. Lo peor es que al populacho el asunto pareciera importarle un comino. Nos hemos convertido en el paraíso de los que viven pasando gatos por liebres, pero esa manga de pelafustanes, fruto de la ignorancia y la desidia, se presentan como candidatos a algo y, contra toda prudencia y buen juicio, son elegidos.

¿Qué prueba más rotunda e indesmentible es que el populacho haya elegidos dos veces, para Presidente nada menos, a uno de los tres delincuentes que se robó el Banco de Talca?

Debe haber sido porque, extrañamente, de los tres fue el único que nunca tuvo que vestir trajecito a rayas.