Columna de Eduardo Bruna: El papelón copero es síntoma reiterado del cáncer que ha significado Blanco y Negro

Por obra y gracia de estos usurpadores, Colo Colo se ha transformado en el hazmerreír del continente, futbolísticamente hablando. Pero sería mucho pedirles una muestra de decencia y que se vayan a las covachas de donde vinieron.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: ARCHIVO AGENCIAUNO

En el fútbol, como en cualquier deporte, la alternativa de perder o ganar, clasificar o quedar eliminado, estará siempre presente. Pero perder y quedar eliminados protagonizando un nuevo papelón, como éste de Colo Colo frente al América, supera por lejos los límites de lo tolerable.

¿Qué están haciendo con Colo Colo, señores usurpadores de Blanco y Negro? ¿Hasta cuándo profitan de un club que no les pertenece y al que han hecho bolsa a nivel internacional? Ya basta de seguir vendiéndonos pomadas y de andar haciéndose los lesos, por más reiterados y vergonzosos que sean los fracasos.

Es hora de que tomen sus cositas y vuelvan a ese ambiente oscuro de donde provienen. El hincha albo ya está harto de que el club más grande y ganador de Chile siga siendo dirigido por advenedizos que, para colmo, aparte de no saber nada, pero nada de fútbol, jueguen con el prestigio y con la historia.

Como todos los encantadores de serpientes ustedes, señores, llegaron al fútbol cual plaga de langostas y prometiendo maravillas para embaucar al populacho, siempre ingenuo y desinformado. Colo Colo, y cito palabras del primer gerente de Blanco y Negro, George Garcelón, iba a ser transformado por ustedes en el Manchester United de Sudamérica y sus alrededores. Se explica la venta de humo: en ese momento, el club inglés era el modelo a seguir tanto administrativa como futbolísticamente hablando. Actualizándonos, el modelo a replicar serían hoy el Real Madrid o el Manchester City de Guardiola.

Y ocurre, pues señores Alfredo Stöhwing, Leonidas Vial y Gabriel Ruiz Tagle, entre otros impostores, que, salvo un titulito nacional, de esos que Colo Colo por tradición ganaba cada tres o cuatro años, ustedes no han conseguido nada. No sólo eso: convirtieron a Colo Colo en el hazmerreír del continente.

La pregunta tiene plena validez: ¿a qué llegaron, tropa de usurpadores? Se van a cumplir dos décadas desde la fanfarria inicial y el club está peor que nunca. Y, por favor, no me vengan a refregar esa final de Copa Sudamericana de 2006, porque ese equipo estaba casi íntegramente conformado por jugadores que ustedes heredaron de un Colo Colo libre y soberano.

¿Qué gran jugador, del nivel de antes, han producido ustedes en casi dos décadas de repudiables payasadas? Si no fuera por Gabriel Suazo, que elogiosamente fue superándose a sí mismo para llegar incluso a ser figurita en el fútbol francés, nada tienen para exhibir. Entre otras cosas, porque, tras ostentar transferencias por casi 40 millones de dólares, de cracks que ustedes nunca formaron, como Jorge Valdivia, Claudio Bravo, Matías Fernández y Arturo Vidal, entre otros, como toda Sociedad Anónima que se precie consideraron invertir en los muchachos todo un gasto de plata inútil. ¿Para qué botar plata en cientos de chicos de los que, con suerte, uno o dos llegarán a Primera, cuando se pueden conseguir muertos o cojos por mucho menos dinero?

Total, el fútbol chileno actual da para todo. Y me temo que, así como vamos, para mucha más podredumbre y mediocridad todavía.

Ustedes, tras casi dos décadas de usurpación, no tienen nada para exhibir, como no sea manitos de gato a un Monumental con costos altísimos y más que sospechosos. ¿Qué obra de infraestructura pueden anotarse? ¿Han construido acaso algún gimnasio, algún lugar para que se reúnan los socios o una piscina para los niños albos en el verano? ¡Ah! Sí: la “Casa alba”, convertida por ustedes en un centro de eventos para eventual arriendo y erigida con tanto criterio que significó liquidar una cancha.

¿Qué me pueden decir de esa deuda que el Servicio de Impuestos Internos le inventó a Colo Colo, y también a la U, para implantar este nefasto y corrupto sistema de Sociedades Anónimas Deportivas?

Lo cierto es que, aparte de pagar reajustes e intereses, la ficticia deuda no sólo no ha disminuido, sino que se ha agrandado. Las cuentas que ustedes sacan es propia de los mercachifles: como la concesión del club es por 30 años, ¿para qué apurarse? Por lo demás, si cumplido el plazo ya no les agrada el juguete, lo largan nomás, y que sean otros los que se hagan cargo del bulto.

Por si no lo saben, redomados frescos e impostores, un Colo Colo libre y soberano no sólo ganó la Copa Libertadores. Durante esa década, Colo Colo dejó ir la gran oportunidad de repetir en 1997 el logro, cayendo por penales frente al Cruzeiro. Y en ese torneo que precedió a la Copa Sudamericana, que reunía a todos aquellos que alguna vez habían ganado la Libertadores, ese Cacique manejado por sus genuinos hinchas llegó dos veces a semifinales.

¿Sabían eso, tropa de ineptos y sinvergüenzas?

Hoy Colo Colo no existe, como no sea a un nivel local cada vez más chato y más paupérrimo. Y tan evidente es que, cuando se sorteó la última Copa Libertadores, el periodismo argentino calificó el grupo de Boca como “el grupo de la vida”, en oposición a esa calificación tradicional de “grupo de la muerte” que alguna vez alguien pergeñó analizando la categoría de los integrantes. No sólo eso: los periodistas argentinos, por más fanfarrones y agrandados que sean, no dejaban de tener razón cuando de Colo Colo decían que “alguna vez había sido un grande”.

Ya basta, señores de Blanco y Negro. Tengan un poco de decencia y reconozcan que, en el ambiente del fútbol, ustedes carecen por completo de dedos para el piano. Linces en sus negocios, muchas veces turbios, se metieron en algo que no conocen por figurar y, en una de esas, para ver si podían agarrar algo.

Liberen a Colo Colo de su nefasta administración. Vuelvan a sus elegantes oficinas y no se asomen nunca más por el Monumental, un estadio que la mayoría de ustedes hasta antes del latrocinio que vivió el fútbol, ni siquiera sabían dónde quedaba. Que son unos incapaces, ignorantes y sinvergüenzas ya ha quedado hasta la saciedad demostrado.

No vayan a cometer la desfachatez de, sibilinamente, y con la ayuda de la prensa interesada, cargarle los dados a Gustavo Quinteros. No es santo de mi devoción el técnico albo, pero hace lo que puede con lo que tiene y lo demás es verso, equivocar ramplonamente el blanco.

El cáncer son ustedes, señores de Blanco y Negro.