Columna de Eduardo Bruna: Gabriel Suazo les ganó a todos

Con un Cacique avejentado, trotón y a punto de perder la categoría, increíble e injustamente era el lateral albo el más resistido y criticado. Hasta amenazas de muerte le hicieron llegar, a través de las redes sociales, episodio que el pasado domingo su madre –Luz Urbina- recordó entre lágrimas. Hoy, el “Gabi” entró en la historia alba por la puerta grande, como el capitán que levantó la Copa del título número 33.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: AGENCIAUNO

Hace apenas dos años, la hinchada alba, exigente como pocas y tan analfabeta en lo que respecta a fútbol como cualquiera, lo tenía como objetivo favorito a la hora de los memes, las burlas y las críticas. El pasado domingo, en el Monumental, Gabriel Suazo Urbina demostró que les había ganado a todos, entrando en la historia como el capitán de Colo Colo que levantó la Copa que simboliza al campeón de 2022.

No es frecuente que un jugador chileno se levante del suelo, se sacuda el polvo y le siga metiendo con una fe que no sabe de excusas ni de renuncios. Es mucho más corriente y habitual lo contrario. Es decir, que, frente a las críticas, muchas veces inclementes, se derrumbe, se achate y deje de creer en sí mismo. Porque es lo peor que le puede pasar a un ser humano, y con mayor razón si se trata de un jugador que domingo a domingo es auscultado por miles de ojos que, una vez que pusieron la etiqueta, difícilmente cambien de opinión. Si ya lo calificaron entre los “malos”, a ese aficionado sanguíneo, irracional y casi siempre ignorante, le costará un mundo bajarlo de ese poco honroso podio.

Y es que la situación también ocurre al revés: cuando un jugador, por la o las razones que sea, entra de golpe en el afecto del aficionado, nada ni nadie podrá sacarlo de allí. Para afirmarlo, me baso en el fenómeno que significó en Colo Colo la presencia de Pablo Solari. Anotando el gol de la salvación alba frente a la Universidad de Concepción, en Talca, el “Pibe” se ganó por completo la idolatría de la hinchada popular. Y esto era tan evidente y palpable que, independiente de cómo jugara, el muchacho siempre estaba en el podio de los mejores que en cada partido propone TNT Sports, antes Canal del Fútbol.

Solari recibió tantos premios tras cada partido, que en una de esas hasta le alcanzó para construirse una casa gracias a esa tarjeta que entregaba la mega ferretería que hace de auspiciador.

Suazo, está claro, nunca disfrutó de esa idolatría. Aunque hubiera llegado a Colo Colo con apenas 8 años, recomendado por el “Chano” Garrido. Aunque en cada una de las series que estuvo destacara, al punto de ser convocado en más de una oportunidad a la Roja de menores. Aunque debutara en el primer equipo con sólo 18 años de la mano del “Coto” Sierra, en un partido de Copa Chile frente a Deportes Concepción.

Tampoco le sirvió de mucho que, llegado al Cacique Pablo Guede, éste siempre lo tuviera en cuenta. Casi inadvertido pasó, además, el hecho de que con apenas 19 años fuera convocado por Juan Antonio Pizzi a la Roja mayor para un partido preparatorio para la Copa Confederaciones a disputarse en Rusia, previo al Mundial de 2018. Y es que no sólo estuvo en la lista: reemplazó a los 61’ nada menos que a Jean Beausejour, en la victoria de 3-0 frente a Burkina Faso, en el Estadio Nacional.

La campaña del Colo Colo 2020, sin duda, fue un punto de inflexión para Gabriel Suazo, pero al revés: en lugar de marcar su definitiva consolidación y consagración, contribuyó injustamente a hundirlo. Y decimos injustamente porque en ese equipo avejentado, trotón y lleno de figuras decadentes, que sólo jugaban gracias a una historia que los había dejado definitivamente atrás, Suazo estaba lejos de ser uno de los peores. Mucho menos el culpable.

Gabriel Suazo pagó tributo a una de las peores campañas del Cacique en toda su historia. Una tan mala, que lo tuvo a punto de perder la categoría y bajar a la “B”. El “Fórmula 1” de que había hablado Mario Salas, técnico albo, en la previa del torneo, pronto fue de lo más parecido al auto que en esa categoría condujo Eliseo Salazar: una vulgar “cacharra”. Cuatro derrotas consecutivas, y lo que es peor, un fútbol añejo incluso para nuestro poco exigente medio, terminaron por condenar al “Comandante”.

Llamado a apagar el incendio, Gualberto Jara no lo hizo mejor. Colo Colo se seguía hundiendo y el panorama llegó a ser tan negro, que en un momento pareció no tener remedio. De urgencia llegó Gustavo Quinteros. De urgencia, además, se trajo a Maximiliano Falcón a y un tal Solari que, como jugador de Talleres de Córdoba, jamás había debutado en Primera.

Fue en medio de ese caos, que la gente la agarró con Gabriel Suazo. Irracionalmente. Hasta despiadadamente. La tarde de la consagración alba, en la cancha del Monumental, la madre de Suazo, Luz Urbina, recordó entre lágrimas esos duros momentos, en que las burlas y los insultos no eran nada al lado de las amenazas de muerte que llegaban a través de las redes sociales.

Con la voz entrecortada, comprensiblemente emocionada, la señora Luz hasta contó una infidencia: que en su momento le había dicho a su hijo que, tal vez, lo mejor era que desistiera, que se retirara. Y que Gabriel le había dicho que no, que por ningún motivo. “Me pone orgullosa el hijo que tengo”, concluyó la madre del capitán albo.

En esta hora de festejo y justificada alegría alba, luego de cuatro temporadas de sequía de títulos y hasta un descenso a la “B” a última hora abortado, no cabe duda de que Gabriel Suazo les ganó a todos. Y es que, como siempre pasa cuando hay un entrenador que sabe sacarles partido a sus dirigidos, Quinteros dejó de lado los experimentos de sus predecesores y ubicó a Suazo como lateral a secas. Nada de volante defensivo. Nada de enganche. A partir de ese momento, el “Gabi” se sintió cómodo en un puesto que le permite rememorar sus tiempos de jugador más adelantado, sin dejar de recordar que su primera obligación es clausurar la banda.

Suazo ha progresado un kilo, qué duda cabe. En su puesto se hace sentir y, pasando en ofensiva, lo suyo no carece de intención ni de pimienta. Y lo mejor es que, retirado Beausejour, y con Mena quemando sus últimos cartuchos, el “Gabi” demostró que, vistiendo la Roja, la camiseta no le pesa. Como nunca, ni en sus peores momentos, le pesó la alba.

Como decíamos al comienzo, eso no deja de ser elogiable. Porque no cualquiera se levanta como él fue capaz de hacerlo. Y, a propósito de este fenómeno, no puedo dejar de mencionar el caso de Mario Rodríguez. ¿Quién es Mario Rodríguez, se preguntarán los hinchas albos más jóvenes? Un centrodelantero argentino que había sido campeón de la Copa Libertadores con Independiente de Avellaneda y que a Chile llegó a fines de la década de los 60, cuando no había Sociedades Anónimas y al país no llegaba cualquier muerto, como ahora.

Ocurre que Rodríguez, en sus primeros partidos, fue un completo y absoluto desastre. Convaleciente de una operación a una rodilla, no la agarraba ni con la mano. Naturalmente, la hinchada alba quería comerse vivo a ese paquete y a los dirigentes que habían tenido la ocurrencia de traerlo. Las pifias hacia él abundaban cada vez que tocaba la pelota. ¿Qué pasó? Que, recuperado, Mario Rodríguez se transformó en el jugadorazo que no en vano había brillado en Independiente. Hábil, vivo, fuerte, era todo un depredador del área y formó con Elson Beyruth una dupla tan letal como lamentablemente efímera. Caszely venía pisando fuerte, pero como los buenos juegan en cualquier parte, el “Chino” los volvía locos a todos como puntero derecho y, de paso, hacía ricos como goleadores a Beyruth y a Rodríguez.

Es un caso de jugador que, como Suazo, lo supera todo y les gana a todos. Sólo que “Mariulo”, como lo llamaba el periodismo trasandino, era argentino, y como tal, poseedor de un temple y una personalidad que, desgraciadamente, no abunda a este lado de la cordillera.

Eso mismo, creo, hace del caso de Gabriel Suazo mucho más remarcable.

Porque les ganó a todos, y entró por la puerta grande en la historia como el capitán albo que levantó la Copa del campeonato número 33, tan esquivo y lejano en su momento y, por lo mismo, tan festejado.

Con 25 años, su destino parece estar fuera. Termina contrato y, aunque Colo Colo sería feliz reteniéndolo, está más que claro que contra los dólares es imposible competir. El Galatasaray y el Alanyaspor, de Turquía, se dice, están hace tiempo tras sus pasos.

Es el momento justo, “Gabi”, para partir y empezar a asegurar tu futuro. Y para que esos mismos que antes te denostaron, en una de esas empiecen a echarte de menos.