Columna de Eduardo Bruna: La FIFA enloqueció, sumándole a Uruguay dos Copa del Mundo

Gianni Infantino y su séquito decidieron, entre gallos y medianoche, reconocerle como títulos mundiales el oro conquistado por el cuadro “charrúa” en los Juegos Olímpicos de París 1924 y Amsterdam 1928. ¿Qué esperan españoles, nigerianos y mexicanos para reclamar también por su estrellita en la camiseta?

Por EDUARDO BRUNA / Foto: ARCHIVO

En medio del tráfago de Qatar 2022, y sus consecuentes emociones, una noticia pasó absolutamente inadvertida: que Uruguay, monarca del mundo en 1930 y 1950, ahora es tetracampeón, es decir, tiene los mismos cuatro títulos mundiales que ostentan Alemania e Italia.

¿Cómo? se preguntarán muchos. Ocurre que ese antro de corruptos, que es la FIFA, liderada por Gianni Infantino, entre gallos y medianoche aceptó una petición de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), que hace tiempo venía solicitando que sus dos títulos olímpicos en el fútbol, obtenidos en los Juegos de 1924 en París, y 1928 en Amsterdam (foto principal), fueran reconocidos como títulos del mundo. Ello porque, según los uruguayos, en aquellos años no existía aún la Copa del Mundo como la conocemos hoy, y cuya primera versión se disputó en 1930, precisamente en el país oriental.

Oficialmente, al menos, nunca se supo de un pronunciamiento oficial de la FIFA a este respecto. Jamás, que se sepa, ha habido un comunicado oficial. Sin embargo, que el máximo organismo futbolístico a nivel mundial finalmente accedió a esta petición uruguaya, quedó en claro a través de imágenes viralizadas del museo que el organismo instaló en Doha con motivo de la Copa del Mundo Qatar 2022, en la que se exhibe el escudo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), con cuatro estrellas.

En palabras simples, la FIFA decidió homologar las medallas de oro de Uruguay en los Juegos de París y Amsterdam como títulos mundiales. Es decir, valen exactamente igual que una Copa del Mundo.

Esta extraña maniobra, por calificarla de alguna manera, sumada al título conseguido por Argentina en la final frente a Francia, significa que en el breve lapso de unos pocos días la Conmebol, es decir, el fútbol sudamericano, pasó a tener la misma cantidad de títulos del mundo que ostentaba Europa a través de la UEFA: 12.

Siempre basándonos en las decisiones curiosas que adopta la FIFA, el palmarés actual quedaría con cinco títulos para Brasil; cuatro para Italia, Alemania y Uruguay; tres para Argentina; dos para Francia, y España e Inglaterra con uno.

Lo que la FIFA ignoró fue, sin embargo, la forma como el fútbol uruguayo agradecería esta gentileza de birlibirloque. Y es que, eliminados en la frase de grupos, frente a Ghana, los jugadores de la “Celeste” evidenciaron, una vez más, su legendaria ordinariez y falta de educación, arremetiendo en contra de lo que encontraron a su paso una vez terminado el encuentro frente a los africanos.

Mientras las cámaras mostraban a un enfurecido Edinson Cavani arremetiendo en contra de una cámara del VAR, lanzándola violentamente a tierra, Fernando Muslera, José María Giménez y Diego Godín, insultaban y zamarreaban al alemán Daniel Siebert, árbitro del encuentro.

Se informó, luego, que a raíz de estos bochornosos hechos la FIFA abrió un expediente contra la Asociación Uruguaya de Fútbol. Sin embargo, a una semana de concluido el Mundial, y a tres de la eliminación uruguaya, nunca más se han tenido noticias acerca de la investigación profusamente publicitada.

Por encima de todo eso, sin embargo, se encuentra esta extraña determinación de Infantino y su séquito, en el sentido de sumarle a Uruguay dos Copa del Mundo de manera absolutamente caprichosa y, además, inconsulta.

Colombes, Francia, 1924, los uruguayos dan la primera vuelta olímpica de la historia del fútbol.

¿Por qué mezclar peras con manzanas? ¿Qué tiene que ver el fútbol de los Juegos Olímpicos con el de una Copa del Mundo? Muy poco, en realidad. Para decirlo pronto y claro: no son comparables. De partida, hasta bien avanzados los Juegos las delegaciones futbolísticas participantes eran integradas exclusivamente por jugadores del medio aficionado, y por ello es que, en el caso de Chile, muchas veces fuimos representados por Naval de Talcahuano. Pero, al mismo tiempo, como sólo se permitían aficionados, se daba el paradójico caso que los países del Este europeo, aquellos que estaban detrás de lo que en plena “guerra fría” se llamaba la “cortina de hierro”, participaban con sus mejores hombres, simplemente porque en esos países el fútbol no era reconocido profesionalmente.

Dicho con toda claridad, lo que el fútbol uruguayo no ha podido alcanzar en cancha durante décadas, lo está obteniendo por secretaría. La epopeya del “Maracanazo” se antoja cada vez más añeja y antediluviana y, en lo que a clubes respecta, los “charrúas” no ganan una Copa Libertadores desde 1987, cuando en el Nacional santiaguino Peñarol venció agónicamente al América colombiano. ¿Tendrá algo que ver el hecho de que luego se hizo obligatorio el control antidoping para partidos de esta trascendencia?

No encontramos explicación, tampoco, al hecho de que esta extraña decisión de la FIFA haya favorecido sólo al fútbol uruguayo. ¿Por qué no sumarle dos Copas del Mundo a Inglaterra, que fue campeón olímpico en 1908 y 1912? ¿O tres a Hungría, que obtuvo el oro en los Juegos de 1952, 1964 y 1968? ¿O dos a la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, que campeonó en 1956 y 1988? ¿Qué esperan españoles, nigerianos o mexicanos para reclamar también por una estrellita para la camiseta, si lograron el oro olímpico en 1992, 1996 y 2012, respectivamente?

En la década de los 60 del siglo pasado se estrenó una película estadounidense que debe ser lo único realmente cómico que han filmado en toda su historia los gringos. Se llamaba “El mundo está loco, loco, loco…”.

Fue premonitoria. Y si hicieran lo que se llama un “remake”, de seguro sería grito y plata. Porque realmente, estamos todos locos. Empezando por la FIFA.