Columna de Eduardo Bruna: La muerte de Patricio Bañados nos dolió y golpeó como muy pocas veces nos ocurre

Fue vital en el triunfo del No contra el tirano que pretendía perpetuarse en La Moneda. Hombre talentoso, y culto como pocos, fue condenado a un papel absolutamente secundario tras el regreso a la “democracia” de la mano de la Concertación, hasta ser despedido de TVN en 2005. Hasta sus últimos días fue la voz inconfundible de Radio Beethoven. Aún se recuerda cuando en 1980 se negó a leer una noticia en pantalla: «No es cierto», dijo, y eso le costó el puesto.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: ARCHIVO

La noticia golpeó y dolió como pocas veces. Mientras el país estaba inmerso en otro acto republicano de sainete, se conocía de la muerte de Patricio Bañados, un profesional de nota al que cuesta encasillar, porque con su calidad, talento y cultura era más, mucho más, que el simple locutor que él declaraba ser.

Tenía 87 años y fue vital en el triunfo del pueblo contra el tirano, cuando condujo de manera magistral la franja del No para el Plebiscito de 1988 que, triunfante, impidió que la impudicia, la sinvergüenzura y la barbarie, se prolongaran por otros ocho años.

Por cierto, que la oposición al sátrapa lo considerara figura clave para una campaña tan trascendente como decisiva, no fue una simple casualidad, un golpe de suerte. Titulado en la Universidad de Chile como periodista, tras haber hecho sus estudios secundarios en el Colegio Saint George’s, Bañados fue producto de exportación desde sus inicios, trabajando en medios de Países Bajos, España, Estados Unidos y la mismísima BBC inglesa. Y en todos ellos dejó su impronta de profesional intachable de la máxima jerarquía.

Para decirlo pronto: nadie pudo hacerlo mejor que Patricio Bañados para convencer al pueblo de que con los 17 años más oscuros de nuestra historia bastaba y sobraba, y que, por último, por dignidad, había que decirle que No al dictador patán, ignaro y ladrón, que intentaba perpetuarse en La Moneda.

Tengo el honor de decir que tuve la fortuna, más de una vez, de compartir la tribuna de prensa del Estadio Nacional con él. A la que llegaba sin aspavientos, silenciosamente, como un periodista más, lo que para mí, todo un principiante en la profesión, era un orgullo y toda una lección de vida, por más que el “Pato” jamás se hubiera propuesto darla.

Y es que Bañados, siendo un hombre cultísimo, también vibraba con el fútbol, y para nada sentía -como otros zopencos-, que eso le bajaba el pelo o lo desperfilaba. Y es que él, también, disfrutaba a su manera. Es decir, lejano al fanatismo que nubla, sabía apreciar el buen juego cualquiera fuera el color de la camiseta que lo interpretaba.

Nunca, sin embargo, me atreví a preguntarle por qué en él era evidente que la selección inglesa, de aquellos años, no lo llenaba para nada. Estoy seguro de que, con el tiempo, su opinión logró otros matices. Los descendientes africanos, que finalmente terminaron imponiéndose en el equipo de los tres leones, sin duda le dieron a ese fútbol atlético y fuerte, pero previsible, la cuota de talento y calidad que antes escaseaba.

Sí, debe haber sido eso. Porque Patricio Bañados evidenciaba tan altos estándares, que sin ostentarlo ni decirlo esperaba algo parecido de los demás.

Hoy resulta increíble pensar el trato que le dio la Concertación, luego de la victoria en el No, a este profesional de lujo. No lo desechó del todo, porque la televisión pudo seguir disfrutándolo, para regocijo de los televidentes, pero de forma tan esporádica y hasta secundaria que resulta indignante que, en ese aspecto, Bañados fue incluso tratado mejor (o menos mal) por los propios medios bajo dictadura.

El acabose fue cuando, en 2005, Televisión Nacional decidió despedirlo. Un profesional de su calidad, talento y jerarquía, por cierto no se merecía ese trato, tan degradante. Mucho menos si consideramos que, hasta el día de hoy, en ese canal, que se supone es de todos los chilenos, permanecen tipos que a Bañados ni siquiera podrían lustrarle los zapatos. Además, hombres corcho, que nunca se hunden porque siempre están del lado del poder y de los poderosos.

Hasta sus últimos días fue la voz inconfundible de la Radio Beethoven, deleitando a los auditores con su dicción característica y abordando con propiedad los temas culturales que le pusieran por delante.

Ese periodista notable, ese locutor único, nos ha dejado, llenando de congoja a todos aquellos que seguíamos viendo al Pato Bañados como una isla refulgente en medio de la mediocridad y ordinariez que, con escasas excepciones, impera actualmente en el dial.

Por eso es que, en esta hora negra y triste, no hay adiós que valga. A Patricio Bañados sólo hay que darle un sincero hasta siempre. Se dice que alguien realmente muere cuando se le olvida, y al Pato será imposible olvidarlo.