Columna de Eduardo Bruna: Seguir viendo a “este Colo Colo” sería toda una prueba de masoquismo

Con los jugadores que tiene, con lo que está jugando, el Cacique difícilmente pueda estar a nivel local en la pelea por el título. Internacionalmente, ni hablar. Si O’Higgins lo zarandeó a su regalado gusto, mejor ni imaginarse el bochornoso papel que podría hacer el cuadro albo frente a un Palmeiras o un River Plate.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: PHOTOSPORT                               

“Es un equipo en formación”. Fue uno de los argumentos de Gustavo Quinteros para intentar explicar, aunque fuera en parte, el bochorno que sufrió su equipo en Rancagua, vapuleado de manera inclemente por un O’Higgins que, frente a los albos, parecía el Manchester City de Pep Guardiola. Y claro, si se observa la formación alba respecto de aquella que logró su estrella número 33, los cambios son bastantes. Sólo que, excluyendo los casos de Gabriel Suazo y Juan Martín Lucero, absolutamente esperable el primero, y completamente anómalo lo del argentino, Colo Colo perdió desaprensivamente jugadores que, no siendo para nada cracks excepcionales ni mucho menos, habían adquirido una dinámica de juego y sabían entenderse y dialogar, futbolísticamente hablando, con sus compañeros.

Dicho en simple: sabían lo que era Colo Colo y lo que significa defender esa camiseta.

Son los casos de Óscar Opazo y Gabriel Costa, que se fueron luego que, según todas las versiones, estaba asegurada su permanencia. A estas alturas, además, resulta del todo inútil e inconducente apuntar a quién cometió el error de no haber procedido de inmediato a la firma para la extensión del contrato. Ya no vale. Ya no sirve. Ambos jugadores se fueron gratis y pasó la vieja nomás, como se dice popularmente.

Pero también se fue Matías Zaldivia, quien, luego de siete años en la tienda popular, partió en medio de la indiferencia de todos, empezando por Quinteros, encaprichado desde el año pasado por integrar al Cacique a un Ramiro González que, hasta acá al menos, para nada ha justificado su presencia. ¿Cuál podría ser la explicación para este evidente desatino? Porque el llegado de Platense no sólo se ha mostrado extraordinariamente rústico y limitado, sino que ha tenido incluso el dudoso mérito de mostrarnos la peor versión de Falcón, llegado al Cacique en plena crisis futbolística alba, cuando el descenso a la Primera B se veía a la vuelta de cualquier esquina.

¡Qué mal se ha visto el “charrúa” en este inicio de campeonato! Algo disimuló en Copiapó, pero en Rancagua estuvo lejos, lejísimo, de ser ese defensor que, más allá de sus ripios y sus pasadas de revoluciones, era garantía de solvencia y de recuperación para enmendar sus errores. Los propios y los de los demás.

Los laterales son otro tema. Wiemberg, hasta ahora, deja de existir en cuanto cruza la mitad de la cancha, aparte de que patrullando su banda tampoco exhibe muchos recursos. El lateral derecho, en cambio, es todo un drama, al punto que el “Torta” Opazo nunca fue mejor que viendo jugar a Bruno Gutiérrez y a Jeison Rojas.

El primero recibió un baile a toda orquesta en Viña, frente a Magallanes, por la Supercopa. Debe haber soñado con el colombiano Zapata y tenido pesadillas con Vicuña, que durante el primer tiempo lo sacó a pasear las veces que quiso. En cuanto a Rojas, el partido que hizo frente a O’Higgins fue tan horroroso, que cuesta explicarse cómo es que juega como titular en Colo Colo y cuáles son sus atributos para haber sido convocado, más de una vez, a la Selección Nacional.

Irresoluto, de una ingenuidad pasmosa, Jeison Rojas mostró que no domina siquiera los fundamentos mínimos de un marcador de banda. ¡Si hasta fue desbordado por Pedro Pablo Hernández, un veterano que desborda con tanta frecuencia como suele hacerlo el río Mapocho!

Sumemos a eso que este Pavez al parecer no es Esteban, que en el torneo pasado tiene que haber figurado en todos los rankings como uno de los buenos volantes de nuestro medio. Este debe ser el hermano, porque ni quita ni juega, dejando a César Fuentes en una orfandad absoluta a la hora que Colo Colo pierde la pelota. Es decir, a cada rato.

A Thompson, por el momento, lo liberamos de cualquier crítica. El muchacho ya ha justificado su presencia con los goles que ha hecho, ambos de muy buena factura. Pero no le pidamos que se eche el equipo al hombro, entre otras cosas porque sus limitados compañeros tampoco lo buscan tanto. Pero él, también, tiene que pedirla y mostrarse más, porque los buenos siempre se imponen, más allá de códigos o normas atrabiliarias que inventan los dirigentes para producir “cracks” por decreto. Y si tanto te alaban, pues Jordy, atrévete y sé mucho más protagonista.

Si defensivamente ha habido cambios en la estructura alba, en la delantera el caso es dramático. De los tres titulares no queda ninguno y lo que ha llegado, hasta ahora, no parece ser un gran aporte. Benegas, y sobre todo Moya, no han existido. El colombiano Castillo ni siquiera viajó a Rancagua con el equipo. La explicación: una sobrecarga muscular. ¡Una sobrecarga…! Un tipo que recién viene integrándose, y que en Copiapó jugó sólo unos minutos, ¿está con sobrecarga? Como sea, el “Rayo”, como le dicen al cafetero, deja muchas dudas. ¿De verdad trajeron un buen jugador o un indisciplinado de marca mayor, como suelen ser los colombianos?

El tiempo se agota y, con lo que hay, no se ve por dónde Colo Colo pueda mejorar mucho más. Cuando se escatiman al máximo los recursos existentes, que para esta temporada eran incluso mayores que en años anteriores, se trae lo que se puede, no lo que quiere o lo que hace falta. Calidad va a ser siempre mejor que cantidad, cicateros de Blanco y Negro. Siempre será más aconsejable dos o tres realmente buenos que siete u ocho mediocres.

Es cierto: el campeonato recién comienza y nunca es bueno dramatizar. Con lo que hay, igual es difícil pronosticar un año tan azaroso como el 2020. Pero pensar en revalidar el título, o al menos estar en la pelea, se ve igualmente complicado. Jugando así, hasta la U puede terminar de una buena vez con la larga paternidad alba, vigente desde 2013.

Y ni hablar de la Copa Libertadores. Si Deportes Copiapó te llenó de dudas, y si O’Higgins te vapuleó como quiso, ¿se imaginan ustedes este equipo albo enfrentando a un River o a un Palmeiras? Ver el partido, en el estadio o a través de la televisión, sería toda una prueba de masoquismo.