Columna de Ele Eme: A 180 minutos del desastre

Si Colo Colo cae en la Bombonera y Deportivo Pereira se trae los tres puntos de Venezuela, los albos no habrán superado la primera fase de la Libertadores por tercera vez consecutiva.

Por ELE EME / Foto: ARCHIVO PHOTOSPORT

Recuerdo como si fuera hoy el segundo en que me empezó a gustar el fútbol. Fue un spot televisivo, en blanco y negro por supuesto, de la revista Estadio. Allí aparecía un centrodelantero argentino de Unión Española de apellido Letanú. Se le veía festejando un gol suyo con la celebración que patentó Pelé, esto es saltar y lanzar un puñetazo al cielo. Hasta el día de hoy no me explico qué gatilló esa imagen en mi mente de niño, pero empecé a comprar religiosamente esa mítica publicación cada miércoles y a seguir los pormenores de cada partido por la tele.

Desde entonces crecí siendo testigo de un sinnúmero de imponderables que invariablemente tenían a nuestra selección y nuestros equipos como eternos perdedores. Desde la decisiva y tempranísima expulsión del lateral Eddie Campodónico de Palestino en un partido de Libertadores contra Peñarol en el Centenario hasta el limón que lanzó el uruguayo Venancio Ramos (en el mismo estadio, pero 9 años después) en el último minuto y que le desvió la pelota a Jorge Aravena en un tiro libre que, tratándose del “Mortero”, equivalía a un penal.

Para qué hablar del penal de Caszely y el tiro al travesaño de Pinilla contra Brasil. Cuando no éramos eliminados tempranamente de algún campeonato terminábamos nuestra participación aferrados a la calculadora, rogando por una providencial combinación de resultados ajenos que nos devolviera el alma al cuerpo y masticando una mala suerte endémica.

Como ahora, que Colo Colo, tras ser incapaz de doblegar de visita al modestísimo Monagas, depende cada vez menos de sí mismo.

Lo concreto es que si el Cacique pierde contra Boca Junios en Buenos Aires y los colombianos de Deportivo Pereira hacen la gracia en Venezuela contra Monagas y lo derrotan, los albos se quedarán, por tercer año al hilo, mirando los partidos de las llaves de la Copa Libertadores desde el living. Otra vez serían eliminados en primera fase. Claro, porque entrarían a jugar la última fecha de su grupo con 5 puntos (y la posibilidad de llegar a 8 en el mejor de los casos), mientras Boca y Deportivo Pereira ya estarían clasificados, al haber enterado 10.

Y el equipo de Quinteros y Arellano, el “Eterno campeón”, se quedaría en la berma del camino a falta de una fecha para terminar la fase de grupos. Un escándalo que ya no debería serlo, pues es tendencia, normalidad y mediocridad asumida e institucionalizada. Parte de nuestra idiosincrasia futbolística de siempre.

Ahora bien, si “el Popular” muerde el polvo en Argentina, pero Deportivo Pereira enreda un punto contra Monagas, los nuestros se verían obligados a vencer a los colombianos en Macul y por un marcador a definir (en estos momentos tendría que ganarles al menos por dos goles de diferencia).

Luego del fugaz espejismo de la “generación dorada” volvimos a nuestra triste realidad: dos mundiales seguidos sin “marea roja” y paupérrimas estadísticas a nivel de clubes en materia de torneos sudamericanos.

Mal de muchos, consuelo de tontos, dicen. ¿Vamos a tontear un rato y veamos cómo marchan otros grandes de Sudamérica? En el grupo D River Plate (la RAE aún no oficializa la validación del término “RiBer”) marcha cuarto y en el E, Corinthians va tercero, lo mismo que Nacional de Montevideo en el B. Y si seguimos, Liverpool está complicado para meterse en la Champions League del próximo año y en nuestra Tercera B, Mulchén Unido no levanta cabeza.

Es el problema de creerse un fútbol grande cuando día tras día proliferan los ejemplos irrefutables y pruebas palmarias acerca del amateurismo en que se desenvuelve nuestra competencia: las expectativas demasiado altas y la consiguiente y permanente sensación de escozor ante el fracaso, que pese a todo siempre nos sorprende y amarga. En buen chileno, nos tiramos los gases más arriba de las asentaderas.