Columna de Ele Eme: Barriendo el cortaplumas bajo la alfombra

Aunque el del Superclásico técnicamente fue un intento de asesinato, ya se puso en marcha el ultrachileno protocolo A.N.H.P.N. (Aquí No Ha Pasado Nada).

Por ELE EME / Fotos: ARCHIVO PHOTOSPORT Y CAPTURA

Desde todos los estamentos de la sociedad y del fútbol se ha condenado enérgicamente y repudiado con todas sus letras el hecho de que desde la parcialidad de Colo Colo en el sector de Cordillera se arrojó un cortaplumas abierto a la cancha del Monumental. Fue en pleno desarrollo del Superclásico y con el joven lateral de Universidad de Chile José Ignacio Castro tendido junto a la línea, quejándose de una seria lesión.

¿Qué consecuencias tendrá el hecho? Las mínimas. ¿Qué sanciones caerán sobre el recinto de Macul? ¿Caerán? ¿Se podría repetir la situación, incluso peor? Denlo por hecho.

Conozco como la palma de mi mano a mi gente, a mi raza, a mis dirigentes del fútbol.

Ya no hubo una sesión de emergencia del Tribunal de Penalidades. No pequemos de ingenuos. “Solamente” fue un arma blanca arrojada a la cancha. Sí, dirigida a un jugador de fútbol, pero no le llegó. En cualquier parte eso sería intento de homicidio. En cualquiera menos en el fútbol chileno.

Con los tiempos bíblicos que se toma la ANFP para marcar su posición frente a estos casos, estudiar los informes arbitrales, citar a los involucrados (clubes, futbolistas, integrantes de los cuerpos técnicos), escucharlos y deliberar podría darse el absurdo de que un jugador intente estrangular a otro camino a camarines y ambos puedan volver a verse las caras en el partido de vuelta de una llave que se juegue cinco días después.

Los medios también le han bajado el perfil a éste, que ha sido el mayor y más burdo atentado visto en una cancha de fútbol chilena. No le conviene al negocio que esto se “dramatice”. Y el negocio manda. No en vano el campeonato actual de Primera División lleva el nombre de una marca de apuestas deportivas. Así de turbia es la prosperidad de este negocio.

Si es que se llegara a suspender el estadio le tirarán no más de cinco fechas, algo meramente simbólico frente a la magnitud de lo sucedido. Como esos cariñosos y cómplices apretones de narices que nos daban nuestras abuelas al sorprendernos haciendo alguna travesura infantil.

¿Qué se hará entonces? Sacándole el jugo a las 32 cámaras desplegadas por Colo Colo se aplicará el derecho de admisión a un par de hinchas, que ni se inmutarán, ya que otros les comprarán entradas y les prestarán sus carnés para que vuelvan a sentarse en el mismo lugar desde el que lanzaron el cortaplumas, las bengalas a la barra de la “U” y la piedra tipo meteorito que cayó cerca de Brayan Cortés. Y todos seguimos tan amigos y tan inoperantes como siempre.

Cuando escupieron al doctor Orozco, pese a lo asqueroso del hecho, quedó como una anécdota. Ahora Cecilia Pérez recibió un mamporro. Se mantiene e incluso supera la base del salvajismo, por tratarse la víctima de una mujer. Acuchillar (o intentar acuchillar) jugadores no lo habíamos visto. ¿En serio nadie se da cuenta de que hay que poner un parelé y ahora?

Como yo veo el asunto y tratando de que nos adaptemos a esta idiosincrasia futbolística permisiva y normalizadora de la violencia, la solución pasa por crear una tabla de castigos de acuerdo a los tipos de proyectiles que sean arrojados al campo de juego o de una galería a otra. Ah y aplicarla de manera implacable.

Aquí va mi propuesta.

*Cortaplumas cerrado: dura reconvención verbal al hincha que la lanzó.

*Cortaplumas abierto: trabajos comunitarios durante dos semanas enteras. Para que el hechor aprenda, caramba.

*Bengala en su caja: subir declaración pública a sus redes sociales mostrando arrepentimiento por la ocurrencia.

*Bengala encendida: curso de control de ira pagado por Estadio Seguro (incluye receso con almuerzo).

*Piedra, botella o butaca que no dé en el blanco: curso en la Federación Nacional de Tiro al Blanco de Santiago, costeado mitad por Estadio Seguro y mitad por el club del cual el violentista sea simpatizante.

*Piedra, botella o butaca que dé en el blanco: prisión domiciliaria nocturna de lunes a jueves de 4 a 6 de la mañana. Ya está bueno ya.

*Granada sin explotar: esto ya pasó de castaño a oscuro. Ejemplarizadoras clases de ética.

*Granada que explota: prohibición de por vida de ingresar explosivos a cualquier estadio del país (conversable: puede ser solamente de Santiago).

*Balazos desde los hinchas hacia los jugadores rivales: si hay heridos o muertos se suspende el partido. Sólo si hay heridos o muertos. Tampoco vamos a mostrarnos débiles o asustadizos ante el lumpen.