Columna de Erasmo López Ávila: Demolición política 2.0 en curso

Una “salida política” de ese tipo a la crisis que la propia derecha ha generado, con más de algún error no forzado del oficialismo, no necesitará ni un balazo disparado por un uniformado ni un tanque paseándose por la Plaza de la Constitución.

Por ERASMO LÓPEZ ÁVILA / Foto (referencial): ARCHIVO

Desde hace unos 16 meses se advierte que en Chile se está asistiendo a un proceso de demolición política versión 2.0, al principio con cierta reserva, pero ahora francamente desembozado.

La versión 1.0 se aplicó contra Salvador Allende desde el sábado 5 de septiembre de 1970 y ya se sabe cómo terminó.

La repulsiva actitud de las derechas, que cuentan incluso con la entusiasta complicidad de quienes antes se decían de centro y de centro izquierda, ha generado un estado de crispación política, de desenfreno comunicacional, de vocerías opositoras delirantes y de provocaciones increíbles.

Es claro que está en desarrollo una espiral demoledora que, a una velocidad impensada, seguirá sumando episodios críticos.

No sería extraño un magnicidio del tipo Schneider, Pérez Zujovic o Jaime Guzmán (con bandera falsa, por cierto); o un bombazo tipo maratón de Boston; o un secuestro tipo Aldo Moro (guardando las proporciones); o una masacre camuflada de enfrentamiento entre uniformados y mapuches; o un incendio raro como el del Edificio de Enel, o una quema masiva de buses o colegios, etc., etc.

¿Cuál sería el objetivo?

El mismo que contra Allende: declarar la ingobernabilidad y empujar mediante la exacerbación del temor a un término anticipado del gobierno de Boric.

Esta vez nadie bombardeará La Moneda, pero algún método paralizador y amedrentador aplicarán las derechas, para frenar el proceso de cambios que difícilmente se está tratando de desarrollar.

En estos días un opositor dijo una frase reveladora en TV. Refiriéndose al gobierno de Boric sentenció: “No hay mal que dure cien años… ¡Y cuatro tampoco!”.

Las derechas y sus cómplices pasivos están notificando cada día con mayor descaro su propósito perverso y antidemocrático.

Y es seguro que recurrirán a algún método que opere como un hito desestabilizador definitivo.

No será un golpe de estado como el de 1973, pero el objetivo será el mismo.

Es improbable, pero no descartable, que las Fuerzas Armadas se involucren abiertamente.

Darán la impresión de que se mantendrán al margen, pero es un hecho consagrado por la historia y la experiencia el rol nunca abandonado y recurrente de gendarmes al servicio de los poderosos y dueños de Chile.

Lo que se avecina es una agudización de la confrontación política, para generar la sensación de desgobierno, y propiciar una “salida política”.

Ésta consistiría en un término anticipado del gobierno de Boric y la instalación de uno transitorio de “amplia unidad” (amplitud y unidad de mentira, desde luego) y dentro de las normas de sucesión.

No es una casualidad que hoy, el presidente del Senado sea Juan Antonio Coloma (foto principal), de la UDI, pilar de Chile Vamos, puesto allí hasta con votos de la izquierda.

Una “salida política” de ese tipo a la crisis que la propia derecha ha generado, con más de algún error no forzado del oficialismo, no necesitará ni un balazo disparado por un uniformado ni un tanque paseándose por la Plaza de la Constitución.

La demolición política versión 2.0 en curso de una democracia debilitada no es política ficción. Como no lo fue la versión 1.0 hace 50 años.

 

ERASMO LÓPEZ ÁVILA

Periodista y mediador social y familiar. Egresó de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile en 1971. En 1973 era reportero del diario El Siglo en La Moneda.