Columna de Felipe Bianchi: Santiago 2023, ¿vamos bien?

¿Estamos al día, ordenaditos, tranquilos en los tiempos? Puede ser ¿Habrá, como se supone, un antes y un después en materia de infraestructura deportiva y acaso citadina? Ojalá. Pero más allá de eso ¿le está sacando el país, el gobierno y la ciudad de Santiago toda la utilidad que podría y debiera generar un evento de este tipo? ¿Es hoy un tema prioritario, permanente, de unidad, que copa la agenda de conversación de trabajadores y empresarios, de derechistas e izquierdistas, de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres, como uno esperaría? Estamos todos felices, ilusionados, informados, camiseteados, estrujando hasta la última gota la maravilla que significa que unos Juegos Panamericanos aterricen, por primera vez, en la capital del reino? No parece.

Por FELIPE BIANCHI LEITON / Foto: ARCHIVO

La postulación de Chile junto a Uruguay, Argentina y Paraguay para una eventual candidatura como sede del Mundial de Fútbol 2030 ha generado, como era esperable, todo tipo de análisis, comentarios y debates respecto de la utilidad, y sobre todo la viabilidad, de tamaño sueño. Está bien. Es lógico. Como el 56, en los albores del Mundial del 62, habrá quienes piensen que es puro humo, una utopía absurda y un gasto irracional de tiempo y dinero. Y otros que sueñen, ansiosos, ilusionados, con lo que, hace nada, parecía imposible.

Mientras tanto, hay otro sueño que está ya listo, firmado, oleado y sacramentado y cuya fecha de inauguración se acerca a pasos agigantados: Santiago de Chile, la capital del reino, será este año la ciudad sede de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos. Con todo lo que eso implica. Entre el 20 de octubre y el 5 de noviembre, el país y la ciudad estarán en el mapa de toda América y de buena parte del mundo a cada rato y durante varios días.

Una gran cantidad de turistas y buena parte de los mejores atletas del mundo, de esos que no vienen nunca, visitarán nuestra casa (estadounidenses, jamaicanos, mexicanos, canadienses, brasileños, colombianos, argentinos). Generando una posibilidad fantástica de dar un salto brutal, de mejorar para siempre la infraestructura deportiva del país y de mejorar -también para siempre y a niveles difíciles de imaginar- como sólo puede hacerlo el deporte, la golpeada imagen de la capital.

No dejo de lado algo que al parecer pocos han dimensionado hasta acá: en tiempos tan difíciles como los que vivimos, donde pocas cosas convocan a todos por igual, el deporte es una llave fenomenal para cambiar al menos un poquito el foco, el tono de las diputas internas, y empezar a pensar todos en lo mismo: estos deben ser unos Juegos maravillosos, fantásticos, una bisagra entre el Chile de antes y el que viene. Como indica el lema, “nuestro punto de encuentro”. ¡Uno que tengamos, por Dios! Algo que no haga diferencias respecto de los colores políticos y las definiciones personales. Una gran amalgama de voluntades.

Las posibilidades, de verdad, son infinitas. Y no sé si lo estamos aprovechando. ¿Usted sabe bien, casi de memoria, como debiera ser, cuáles son los nuevos escenarios que estamos construyendo, quienes son los principales deportistas que vendrán a Chile, en qué categoría tenemos opción de medallas? ¿Qué implican, finalmente, unos Panamericanos en casa? ¿Sabe al menos cómo se llama la mascota? Me atrevo a decir que no. Y eso no es bueno. Suena a desperdicio.

Desde 1951, Buenos Aires, Ciudad de México (dos veces), Chicago, Sao Paulo, Winnipeg (dos veces), Cali, San Juan de Puerto Rico, Caracas, Indianápolis, La Habana, Mar del Plata, Santo Domingo, Río de Janeiro, Guadalajara, Toronto y Lima, algunas ciudades mucho más grande y otras mucho más chicas que Santiago, lo aprovecharon a niveles brutales. Como corresponde. ¿Haremos nosotros lo mismo? ¿Estamos haciendo lo mismo?

¿No se ha hecho nada? No, por favor. Se ha hecho mucho. El tema es la prioridad que le estamos dando. Baja, me parece. No tiene que ver con montos ni intenciones, sino con algo que no parece verse reflejado en la realidad: es un evento monumental, grandioso, único. Cuarenta y un países. Ocho mil deportistas. Y será acá. Acá mismo. A la vuelta de la esquina. Es, por lejos, el evento más importante del deporte chileno de todos los tiempos junto con el Mundial del 62. Y seremos nosotros los que estaremos vivos para verlo. Debiera ser tema de agenda y de portada todos los días. A cada rato. Colegios, escuelitas, liceos, universidades, sindicatos, municipios, todos involucrados. Empresarios, partidos políticos de todos los signos, trabajadores, embajadores. En 1975 y en 1987, en plena dictadura, tratamos de hacerlo… pero por razones obvias al final no pudimos y los Panamericanos se fueron a Ciudad de México e Indianápolis. Ahora es distinto. Ahora hay democracia. Ahora hay varios millones más en la ciudad (de personas y de dólares). Ahora hay un gobierno de gente joven que quiere un mejor futuro.

Digo: ¿nos ponemos todos las pilas de una vez?