Columna de Fernando Sotomayor: Federación de Atletismo, fuera de carrera

La no inscripción de la velocista Martina Weil en los 200 metros planos de Budapest 2023 es sólo una muestra de la caótica y desafortunada conducción de Juan Luis Carter.

Por FERNANDO SOTOMAYOR G. / Foto: ARCHIVO

La no inscripción de la velocista Martina Weil y que la privó de participar en los 200 metros planos en el Mundial de Atletismo Budapest 2023 es otro caso lamentable. ¡A los responsables de la Atlética de Chile se les olvidó inscribirla! Así de simple.

El documento de la World Athletics (WA) señala: “…El atleta no se inscribió en los 200 metros antes de la fecha límite del 7 de agosto…”. Pero a Martina no se lo comunicaron oportunamente. Es muy raro. En la nómina de inscripción nunca apareció Martina Weil en esa prueba.

Lo mínimo que debe hacer el presidente de la Federación es pedir, revisar y firmar una planilla de inscripción de los atletas nacionales; y luego meterla a su maleta de viaje para tenerla consigo, sobre todo si va a un Mundial de Atletismo como máximo responsable.

Es sabido que en la Atlética Chilena (conocida antes como Fedachi) nadie puede mover un dedo sin que su presidente, Juan Luis Carter, lo permita.

Cualquier proceso de inscripción se inicia por parte del directorio y/o presidente de la Comisión Técnica (CT), para que luego el encargado de velocidad en este estamento envíe la nómina para ratificación del directorio (presidente). Pronto se reenvía al gerente general para que éste realice la inscripción ante la World Athletics.

Pero, ¿qué pasa si al gerente no le llega? Las inscripciones para este Mundial sí se realizaron con conocimiento del presidente federativo y de los miembros de la Comisión Técnica, especialmente de Felipe de la Fuente (hay un informe al respecto).

Cualquier persona entendida en administración y gestión sabe que el mando (del presidente, en este caso) se ejerce y no se delega. Pero ocurrió lo que tenía que ocurrir. La cadena establecida por él no funcionó, al igual que acontece en muchas otras materias, pues parece estar sólo preocupado de viajar, y que a su primera vicepresidenta, Mónica Fredes, se le entregara un “pin” en el Congreso de la WA.

¿En qué andaba el presidente en Budapest si ni siquiera visitó a los atletas chilenos?

Consultada por un medio de comunicación nacional acerca de si había conversado con Carter, Martina Weil contestó: “No, no lo he visto…”.

El directorio cuenta con siete dirigentes. Luego le sigue el estamento administrativo, con cuatro profesionales. Continúan sus colaboradores de absoluta confianza: de Comunicaciones y Ética, con dos. La Comisión Técnica tiene 11 cargos: son 24 personas bajo su responsabilidad.

Son tantos los cargos (algunos necesarios, otros creados para pagar favores), que el presidente federativo instauró el “amiguismo” en la mayoría de los casos. El problema es que no tiene la capacidad de controlarlos. O, derechamente, no sabe lo que pasa.

Su amigo David Medina, sin experiencia internacional alguna, ejerce como presidente de la Comisión Técnica. El gerente técnico, Luis Sepúlveda, renunció y asumió J. Antonio Rivera, quien acaba de dimitir. También están el secretario técnico (Israel Medina), el coordinador de capacitación (Cristián Fuentealba), y los encargados de áreas: de velocidad (Felipe de la Fuente, quien asumió la coordinación de la Comisión Técnica); de saltos (Gerardo San José); de lanzamientos (Eduardo Mera); de medio fondo y fondo (Mario Rodríguez); de marcha (Guido Núñez), y de selección menores (Cristián Reyes).

El resultado de tanta negligencia es una tragedia de carácter moral. A sus discípulos, partícipes de este descalabro, como a varios otros, les da lo mismo lo que pase en la organización federativa, pues siempre lo han apoyado con sus votos.

Ellos tienen un compromiso más allá de lo sentimental. Después de todo, han establecido vínculos en varias regiones, permitiendo que los relevos de la posta de favores siguiesen tomando impulso, para luego correr sin control, consintiendo que esto ocurriera, con recursos públicos y privados.

Buscar respuestas externas a problemas internos, como en este caso con el señor Kurt Contreras, es impresentable, como suele ser su manera de enfrentar los conflictos. Pensar que un subalterno deba injustamente asumir los costos de su propia desprolijidad, no convence a nadie que conozca el atletismo chileno.

En conclusión, haber culpado o descalificado públicamente a un dependiente para salvarse a sí mismo, sin haberse informado debidamente, parece un acto de prepotencia y arrogancia que los hechos terminarán condenando.

 

Fernando Sotomayor G.

Ex atleta