Columna de Gerardo Silva: A la fuerza no es cariño

Cumplir minutos en cancha obligatoriamente con juveniles es un absurdo. Soy un convencido de que la inclusión de jóvenes en los primeros equipos debe darse de forma natural.

Por GERARDO SILVA / Foto: ARCHIVO

¿Cuántos futbolistas que hicieron minutos en 2023 serán titulares en 2024? Para ser honesto y objetivo en el análisis, creo que muy pocos. La gran mayoría jugará prácticamente nada.

Forzar la aparición de futbolistas jóvenes para el fútbol chileno es un error reiterado que carece de fundamentos. Todo tiene que fluir; el futbolista, de manera natural con mucho esfuerzo y trabajo, debe ir poco a poco ganando el espacio necesario para convertirse en un futbolista de primer nivel competitivo, apoyado por un montón de jugadores experimentados que, interactuando en entrenamientos y partidos, transmitirán en detalle los secretos del fútbol.

Siempre debe jugar el mejor, independientemente de su edad. En las mejores ligas del mundo no existe un artículo en el reglamento que exija alinear un jugador novel. Ellos asumen que siempre habrá futbolistas talentosos a temprana edad que merecen un lugar en cualquier equipo (el reglamento no lo exige).

Lo verdaderamente preocupante es que en nuestro propio y querido fútbol chileno tenemos los mejores ejemplos. Vamos a detallar algunos nombres conocidos por todos: Alexis Sánchez (foto principal), Junior Fernández, Charles Aránguiz, Arturo Vidal, Marcelo Díaz, Carlos Carmona, Gonzalo Jara, Eduardo Vargas, Gary Medel, Manuel Iturra, Pedro Morales, Mauricio Isla, Matías Fernández, Mauricio Pinilla, Jorge Valdivia, entre muchos más. Ninguno necesitó una medida obligatoria para debutar a temprana edad.

Por lo tanto, habría que preguntarse, ¿qué necesitaron estos históricos futbolistas para ser tomados en cuenta? Me imagino que un buen trabajo de base en el fútbol joven, la oportuna observación de los cuerpos técnicos de los primeros equipos del fútbol chileno, el atrevimiento fundado para confiar en estos jóvenes talentos y las políticas deportivas de cada una de las instituciones. ¡En esas respuestas está la verdadera solución! Reitero, no se necesitó reglamentar obligatoriamente la utilización de ningún sub por el estilo.

Si vamos un poco más atrás, nos encontramos con Marcelo Salas, Iván Zamorano, Ivo Basay, Jorge Contreras, Fernando Astengo. Ahora, si nos transportamos varias décadas en la historia, nos encontramos con Carlos Humberto Caszely, Patricio Yáñez, el gran Elías Ricardo Figueroa, y podría seguir mencionando nombres de ilustres futbolistas nacionales que debutaron en nuestra liga sin la ayuda de ninguna normativa reglamentaria. ¡Más claro, echarle agua! Estos futbolistas debutaron todos entre los 16 y 20 años.

Definitivamente, las cosas fáciles no resultan y no conducen a ningún lado. El mayor problema es que el trabajo que se realiza en el fútbol joven no es de excelencia; sólo algunos clubes trabajan en función de eso. Además, el reglamento obligatorio de utilizar jugadores jóvenes los posiciona peligrosamente en una zona de confort. Los clubes más importantes, los que mejor trabajan en la formación, utilizan a los mejores de sus exponentes en el rango de edad que exige el reglamento y se dan el gusto de facilitar un gran número de futbolistas a las instituciones más pequeñas, que no tienen la capacidad de producir futbolistas. Para ellos, simplemente les es más rentable solicitar un jugador a préstamo que invertir en sus fuerzas básicas.

En esta dinámica, los grandes serán más grandes y los pequeños, más pequeños. Un triste círculo vicioso.

Con la mejor intención, les invito a realizar un seguimiento a todos los futbolistas que cumplieron con la norma del sub 21 en cancha, para constatar cuántos de ellos continúan jugando regularmente en sus equipos. Si quieren ahondar un poco más, pueden remitirse a temporadas anteriores y observar su continuidad en el proceso y a qué instituciones pertenecen la mayoría de los jugadores jóvenes que suman minutos en el fútbol chileno.

Soy un convencido de que las cosas resultan cuando se trabaja por convicción, no por obligación. Solo para recordar: hubo en algún momento una medida reglamentaria que obligaba a utilizar un futbolista joven en la alineación titular, pero como no estipulaba los minutos que debía cumplir, los técnicos -haciendo caso omiso al espíritu de la regla- lo reemplazaban a los cinco minutos.

En su momento, me pareció insólito y aberrante. Los técnicos jamás hicieron un esfuerzo por encontrar un futbolista que tuviera las cualidades para ser incluido y respaldado en la formación. En la actualidad, existen clubes que prefieren ser sancionados por infracción a la regla y perder tres puntos a cumplir los minutos de juveniles en cancha. Definitivamente, es una medida absurda que no genera ningún beneficio. Ha quedado demostrado que la medida no tiene éxito.

Dicho esto, deseo hacer una última reflexión respecto de algunas medidas que se están tomando en el consejo de presidentes, y que van en dirección contraria. Como, por ejemplo, aumentar de cinco a seis los extranjeros para la temporada 2024. O sea, por un lado, obligamos que juegue un juvenil y, por otro, traemos un extranjero más para que tape el surgimiento de los jóvenes. ¿Qué sentido tiene esto? No lo entiendo.

Además, quiero agregar un pequeño gran detalle que no debe pasar inadvertido. Si consideramos que los extranjeros, por esa sola condición, deben tener un puesto como titular en los equipos, de otra manera no se justifica que agreguemos un par de jugadores extranjeros naturalizados, como Leonardo Gil y Fernando de Paul en Colo Colo (y algunos tienen más), llegaríamos a ocho futbolistas. Si le agregamos el sub 21 obligatorio en la titularidad, llegamos nueve jugadores. Habría un espacio para dos jugadores nacionales. Los demás, todos al banquillo.

Haciendo un rápido ejercicio, hay que preguntarse si estas medidas enriquecen o empobrecen el fútbol chileno…