Columna de Gerardo Silva: Conozcamos la historia del nuevo escenario competitivo

Este 2023 la segunda división profesional va a enfrentar su duodécima temporada. Esperemos que definitivamente sea considerada el eslabón justo y necesario para el desarrollo de nuestro fútbol y que no sólo se le exija los deberes, sino que también se le otorgue los derechos, mejorando sus condiciones económicas y jerarquizado su torneo.

Por GERARDO SILVA / Foto: ARCHIVO

La segunda división profesional comienza a fraguarse por allá por 1999, cuando Ítalo González, presidente de Deportes Copiapó, institución que reemplaza al recién descendido de la primera división B al fútbol amateur, Regional Atacama. Por cuánto le corresponde iniciar su historia deportiva en la tercera división del fútbol chileno, como Deportes Copiapó, sociedad anónima deportiva (SAD).

Complicado por las exigentes condiciones de la tercera división para participar, como por ejemplo, cancelar viajes y/o estadía a sus rivales, de lo contrario no podía participar, las condiciones geográficas encarecen los costos operativos a los clubes de tercera división que mayoritariamente tenía entre sus participantes sólo equipos de la zona centro-sur del país. Por el norte habían incursionado clubes hasta la Cuarta Región. Por esta razón, González propone a la ANFP crear la tercera división profesional, y el propio timonel copiapino convocó a algunos clubes de esa categoría y juntos presentaron un proyecto que finalmente la ANFP rechazó.

Pues bien, es así como los equipos nortinos tienen que someterse a las exigencias de la categoría y desembolsar muchísimo dinero para participar e intentar volver al profesionalismo. Aparte de Deportes Copiapó, también se vieron afectados Municipal Iquique, San Marcos de Arica y Municipal Mejillones. Luego, la ANFA, ente rector de la categoría, en un intento por resolver la dificultad crea el grupo norte para probar su viabilidad, ofreciendo para la zona un torneo piloto, que a poco andar resultó inviable.

Municipal Iquique, San Marcos de Arica y Deportes Copiapó lograron con mucho esfuerzo volver al profesionalismo y con esto en alguna medida resolver su problema. Pasaron muchos años en donde la tercera división realizó sus torneos con 38 clubes repartidos en cuatro grupos, realizando un tremendo sacrificio. ¡Y el premio siempre fue un ascenso al fútbol profesional por estatutos de la Federación de Fútbol de Chile!

Esta situación siempre incomodó a la ANFA, que consideraba injusto tanto esfuerzo para tan poco premio, pero la ANFP no quería modificar estatutos para remediar esta situación, argumentando que los equipos del fútbol amateur no estaban preparados para su incursión en el profesionalismo.

Algunos años más tarde, por allá por 2008, otro antecedente surge con mucha fuerza y provoca cambios sustanciales. Carlos Soto, presidente del sindicato de futbolistas profesionales, consigue judicializar la contratación obligatoria de los futbolistas mayores de 18 años, quedando en libertad de acción todos aquellos que no sean contratados de acuerdo a la ley laboral en Chile.

Esto generó un conflicto de intereses institucionales. Por una parte, el sindicato de futbolistas obliga con esta medida a todos los clubes profesionales (32) a contratar a los futbolistas sub 19, categoría que pertenecía al fútbol joven en el último tramo del proceso formativo, que en ese tiempo terminaba a los 21 años. Ante este escenario y evaluando la situación, el consejo de presidentes de la ANFP no tardó en tomar una decisión y acuerdó eliminar de sus registros la categoría sub 21, quedando como última serie en formación la sub 18, con algunas excepciones, evitando así contratar en verde.

Al conocer este acuerdo, la ANFA ágilmente elimina un artículo de las bases de la tercera división, justo aquel en donde acepta cinco jugadores en calidad de préstamo provenientes de la ANFP, liberando el arribo de estos. Los clubes de tercera división sólo debían pagar los derechos federativos del futbolista para que éste perteneciera definitivamente a sus registros, dejando de ser patrimonio de sus clubes formadores, haciendo perder a estos los derechos federativos (en ningún caso los derechos formativos), debiendo pagar lo que estipula el reglamento de la Federación de fútbol de Chile, si algún club quisiera recuperar el jugador perdido.

Hechos estos ajustes, la ANFP irremediablemente se desprende de aproximadamente 700 futbolistas sólo resguardando, cómo lo mencionamos anteriormente, «los derechos formativos», y, como también ya lo señalamos, «perdiendo los derechos federativos».

Esta modificación fue muy relevante en su momento, sin embargo pasó prácticamente inadvertida para la prensa especializada.

Otro dato que no quiero dejar pasar, es que aún, así clubes como Universidad de Chile, Colo Colo, Universidad Católica, Palestino y O’Higgins de Rancagua, tomaron acuerdos con equipos de fútbol amateur, liberaron y financiaron jugadores para que jugaran por equipos de tercera división. O’Higgins, por ejemplo, en una alianza de confianzas mutuas liberó muchos jugadores para que recalaran en Deportes Colchagua, pagando sus respectivos «sueldos mensuales» (viáticos se suele decir en tercera división) y estuvo en este proyecto por el lapso de cuatro temporadas, para recuperar para sus registros a los jugadores Ronny Pérez, Felipe Rojas, Eduardo Tudela, Cristóbal González, José Miguel Rosales y otros, aunque tuvo que desembolsar, además, una cantidad de dinero considerable.

Pues bien, entonces ¿cómo quedó la estructura administrativa? El club profesional formaba hasta los 18 años, luego liberaba jugadores para que siguieran y terminaran su proceso formativo en tercera división pagando sus respectivos sueldos y luego cancelar por concepto de derechos federativos por cada jugador que quisieran recuperar.

Por esta situación, vuelve a surgir la idea de tener una tercera categoría profesional propia, dependiente por supuesto de la ANFP, dónde se permita prestar y recuperar futbolistas sin un costo asociado, lo que toma fuerza cuando Deportes Copiapó se encuentra en una situación incómoda en la tabla de posiciones de la primera división B y se advierte que nuevamente tendrá que realizar grandes esfuerzos económicos para participar una vez más en tercera división. La experiencia decía que tendría que hacerse cargo una vez más de los viajes y estadías de sus rivales, como cualquier equipo nortino.

Dada esta complejidad, la ANFP estudia sus estatutos y valora la posibilidad de terminar con estas dificultades fundando la segunda división profesional, en rigor, una tercera categoría, con el equipo que venía descendiendo, más cinco de tercera división que cumplieran con el exigente cuaderno de cargos.

Así se suman al proyecto Deportes Temuco, Provincial Osorno, Arturo Fernández Vial, Iberia de Los Ángeles y Deportes Melipilla, agregándose seis filiales de equipos profesionales: Colo Colo, Audax Italiano, Unión Española, Unión San Felipe, Rangers de Talca y Ñublense de Chillán. Con estos equipos se fundó la segunda división profesional, categoría que ya cumplió 12 años de existencia.

Luego y producto de buenos acuerdos entre Harold Mayne-Nicholls, presidente de la ANFP de la época y el timonel de ANFA, la tercera división empieza a jugar los torneos sólo con 16 clubes a nivel nacional y poco a poco se van acercando a los requerimientos del fútbol profesional, dejando la modalidad anterior para la tercera división B.

Hoy el fútbol chileno posee una excelente estructura con cinco categorías y más de cien instituciones que van desde la tercera división B hasta la primera división.

Mi conclusión es que la segunda división fue creada bajo circunstancias especiales, donde cada estamento del fútbol tuvo un rol protagónico y se fueron acomodando las piezas de acuerdo a conveniencias económicas primero, y deportivas después, aun siendo así, creo que se justifica plenamente su creación, quizá el mayor error a lo largo de sus años de existencia haya sido bajarle el perfil y no darle la importancia que merece.