Columna de Gerardo Silva: El dominio del fútbol

Seamos sinceros, el fútbol nunca le perteneció a la gente, aunque antes sí existió un mayor sentido de pertenencia que ahora, sin lugar a dudas.

Por GERARDO SILVA / Foto (referencial): ARCHIVO PHOTOSPORT

El fútbol siempre ha tenido dueños. En tiempos pasados existían los mecenas, señores de una gran posición económica social, que tomaban bajo su protección a los clubes de fútbol y disfrazados de benefactores dirigían a su regalado gusto las instituciones deportivas.

Nos hacían creer que nos pertenecían, tenían la delicadeza de compartir el espectáculo, nos cobraban una pequeña cuota mensual en calidad de socio, y nos permitían opinar.

Quienes integraban el directorio siempre eran aquellos más cercanos al que se metía la mano al bolsillo; las decisiones corporativas se tomaban previa consulta al único amo, señor y líder, con nombre y apellidos ilustres.

Antes, ahora y siempre, el que pone la plata pone la música: en el fútbol, como en todo orden de cosas, siempre mandó el dinero.

Claro, los intereses eran otros, los costos de la actividad eran ínfimos comparados con los actuales y en esos tiempos la taquilla era el principal ítem de financiamiento. El fútbol era la vedette de los espectáculos de la época, la gente asistía a los estadios en gran cantidad; para aquellos que hacían el esfuerzo de otorgarle un plus adicional para cumplir con los requerimientos del club, la rentabilidad en ningún caso era económica, tenía que ver con la admiración, agradecimiento, popularidad y en muchos casos, un voto político de confianza.

Los líderes mecenas de entonces eran socialmente muy valorados y ellos veían en la actividad el escenario perfecto.

Pero el fútbol cambió, la globalización y la tecnología permitió la masificación e interacción mundial del fútbol. Hoy podemos ver y disfrutar del espectáculo desde la comodidad de nuestros hogares, la FIFA se transformó en una máquina para magnificar, promocionar y vender el espectáculo como nunca antes en la historia de este deporte, haciéndonos llegar el producto a través de los diferentes canales de comunicación, asociados a las grandes cadenas comerciales del mundo.

Esto genera en el aficionado el deseo de consumir y estar dispuesto a comprar cada uno de los eventos masivos que propone la actividad.

Definitivamente, el fútbol se volvió una industria tremendamente productiva, como abejas a la miel se llenó de agentes y representantes, todos en un espacio legítimo de acción, por lo mismo se privatizó.

Hoy las Sociedades Anónimas Deportivas (SADP) entienden que el fútbol es una actividad que debe ser administrada con dedicación y la intención de ofrecer el mejor espectáculo, atractivo para la gente, para el hincha fanático y seguidor, pero sin duda debe ser rentable y productivo para aquellos que asumen el desafío de invertir su propio patrimonio en un proyecto deportivo.

Si bien es cierto siempre el deporte se movió con dinero, el espíritu cambió, antes la idea era financiar el espectáculo y punto, hoy es conseguir la mayor rentabilidad del mismo, y está bien. Para qué regalar la plata si la podemos invertir y hacer crecer el negocio.

Seamos sinceros, el fútbol nunca le perteneció a la gente, aunque antes sí existió un mayor sentido de pertenencia que ahora, sin lugar a dudas. Los más románticos siguen luchando para que los nuevos dueños de clubes emblemáticos no cambien sus colores ni localía, y sería todo. La gente que invierte lo entiende perfectamente, entiende que la fidelización institucional cumple un rol fundamental, los dueños del fútbol, no todos, sólo los más entendidos y con vocación de servicio social, comparten los progresos institucionales con su gente.

Definitivamente las sociedades anónimas llegaron al fútbol para quedarse y otorgar el sustento necesario, el fútbol actual ya no se financia con la entrada que paga el aficionado para ver el partido. La historia del balompié mundial ha evolucionado y ya no es un deporte barato, donde se juntaba un grupo de niños y con un balón de dudosa calidad se divertían tardes enteras, sin tener que pagar mensualidades a nadie para que te enseñara las bondades del deporte.

Las cosas cambiaron, los mecenas desaparecieron, dieron paso a las sociedades anónimas y lo único que debemos esperar todos aquellos que amamos el fútbol, es que los dueños de los clubes deportivos no sólo compartan el rendimiento de su primer equipo, sino que también generen en cada ciudad donde se instalen, un programa de crecimiento social y deportivo que beneficie desde las bases a las nuevas generaciones.

En Chile los clubes de la serie de honor y Primera B reciben mensualmente una cantidad importante de dinero proveniente de las transmisiones televisivas, tienen el financiamiento asegurado, sin embargo la Segunda División carece de ese aporte. No obstante, el pertenecer a la ANFP le permite empezar a armar su propio patrimonio, que por supuesto tiene un valor agregado importantísimo para los osados inversionistas, que si optaron por iniciar el proceso en esta categoría es porque tienen un gran sentido de superación y mentalidad ganadora para alcanzar las ligas mayores.