Columna de Gerardo Silva: “Es estúpido sufrir o gozar por el resultado de un partido”

Escuché esa reflexión, y me gustó. Aquí están las situaciones que justifican la posición de un hincha decepcionado, pero que no pierde la esperanza de que haya una reconversión positiva.

Por GERARDO SILVA / Foto: ARCHIVO

El fútbol chileno ha venido sostenidamente involucionando en los últimos años. Los torneos nacionales no tienen la misma connotación de hace un par de décadas, los planteles carecen de jerarquía, los refuerzos extranjeros son intrascendentes y el producto chileno no emerge espontáneo. Llevamos varios años esperando el recambio generacional para nuestra selección absoluta y también añoramos una generación joven que clasifique a un torneo mundial de fútbol que nos permita volver a ilusionarnos.

Mientras todas estas cosas suceden, los responsables directos de fortalecer las bases del fútbol chileno no encuentran el camino, inmersos en una pobreza franciscana y sin querer asumir, y menos reconocer, que la industria está quebrada. Así las cosas, cada uno de los clubes que participan de nuestro torneo nacional intenta infructuosamente reinventarse. Hasta ahora no hubo forma de hacerlo. Cada institución que ha conseguido azarosamente un cupo para torneos internacionales termina sucumbiendo: es debut y despedida, y así continuamos en un círculo vicioso desde hace un buen tiempo.

Hace unos días escuché un relato reflexivo de un hincha anónimo. Vale la pena transcribirlo textual:

“Yo amo el fútbol. Me fascina. Sin embargo, considero estúpido sufrir o gozar por el resultado de un partido, sin importar qué tan hincha es uno de un equipo. Vean: es que los hinchas dejamos de ser los apasionados amantes de un equipo para convertirnos en víctimas de un vil negocio. Cuando aterrizo esto y me doy cuenta de que directivos, periodistas y jugadores solo están haciendo un negocio con nosotros, los hinchas, me pregunto qué papel juega mi emoción y mi sufrimiento por un resultado que de todas maneras va a estar contaminado por los intereses de turno que más les convenga a cualquiera, o a todos esos actores en cuestión. Por esa razón decidí vivir el fútbol sin permitir que hagan de mi emoción un negocio. Voy a deleitarme con la genialidad de cada jugada espontánea que se da sin el tejido macabro de ese negocio. Lo hermoso del fútbol se produce en la cancha, cuando se usa la inteligencia para tejer un pase y no la fuerza para dar una patada o la mala intención de un codazo, cuando a los jugadores se les olvida que son una máquina de producir dinero y se vuelven inspiradores artistas que nos hacen vivir la belleza que produce la velocidad combinada con la picardía y estas con la danza del cuerpo y la explosión milimétrica de la inteligencia para poner el balón en forma perfecta allí donde prácticamente nadie lo imaginaba. Ahí es donde se produce el gozo. Ahí es donde hinchas, periodistas y directivos somos uno solo, sin intereses mezquinos ni negocios armados, todos boquiabiertos y asombrados cuando sucede eso, que a todos nos encanta: el inesperado milagro del gol”.

Me gustó mucho esta reflexión y me hace mucho sentido. Si todos los que intervienen en este deporte hicieran el esfuerzo por devolverle la esencia del juego a nuestro querido fútbol, por sobre cualquier otro interés particular, más temprano que tarde encontraríamos el camino extraviado por tantos años.

Las futuras generaciones merecen que los actuales protagonistas hagan el esfuerzo por devolverle el fútbol a la gente, jerarquizando la competencia, compatibilizando su rentabilidad, trabajando duro para que nuestra próxima generación dorada sea producto del esfuerzo y una sesuda planificación, que venga del exterior menos cantidad y mejor calidad y que definitivamente haya una preocupación real por el fútbol joven; que vuelvan a salir futbolistas con nivel de selección y exportables a las mejores ligas del fútbol mundial y no solamente para abaratar costos en nuestro empobrecido fútbol local. De esta manera quizá recuperemos la identidad y a un montón de hinchas decepcionados.