Columna de Gerardo Silva: la casa propia, el sueño que cumplió Lautaro

Un estadio propio para un equipo de segunda división en Chile es un logro impensado, considerando que equipos grandes de la primera serie aún siguen soñando con el suyo.

Por GERARDO SILVA / Foto: LAUTARO DE BUIN

Lautaro de Buin, un club de larga trayectoria en el amateurismo del fútbol chileno, siempre se caracterizó por tener un recinto deportivo. Con muchas carencias, definitivamente no ofreció nunca las garantías para jugar bien al fútbol, sin embargo los futbolistas que integraron cada uno de sus planteles dejaron la vida en su cancha. Tanto así que todas las instituciones que en alguna oportunidad lo visitaron, sabían lo difícil que era doblegar al “Toqui” en su reducto, donde eran prácticamente invencibles, y pocos fueron los que obtuvieron un buen resultado visitando a los aurinegros en la Región Metropolitana.

Lautaro siempre fue un equipo bravo, aguerrido y, por sobre todo, un club muy perseverante. Luchó en el Regional Zona Central de la época, luego en cuarta división, posteriormente en tercera, hasta llegar al fútbol profesional.

Desde ese histórico y merecido ascenso, el 15 de diciembre del 2018, de la mano de Ítalo Pinochet Cresto, el club Lautaro de Buin empezó su metamorfosis, del amateurismo al profesionalismo, con todo lo que eso implica. Había que cumplir con una serie de exigencias de la ANFP, todo fue distinto para los buinenses, había que hacer un equipo competitivo para mantenerse en la categoría y responder sagradamente con los requerimientos económicos.

Para un equipo que participó toda su vida en el fútbol amateur se hacía muy difícil reunir cada 30 días una suma importante de dinero, además con un problema adicional, su campo deportivo no reunía las mínimas condiciones. Fue así cómo empezó a deambular buscando cancha para jugar de local, no obstante, lo que se hacía más urgente era encontrar a alguien con recursos que pudiera invertir en su longeva institución.

Finalmente apareció la figura de un reconocido técnico y empresario, Carlos Encinas. El extrovertido entrenador se hizo cargo de la conducción de los metropolitanos e inmediatamente las cosas empezaron a mejorar, tanto así que hace un par de temporadas el equipo de la comuna de Buin se encaminaba increíblemente y a pasos agigantados a la primera división B. Y como por otro lado Colo Colo corría serio peligro de descender a la esa serie, muchos hinchas soñaron con el clásico de indios. El Toqui y el Cacique estuvieron muy cerca de enfrentarse por los puntos en la primera división B del fútbol chileno (lo menciono a modo de anécdota).

Lo cierto es que Lautaro, después de ascender al fútbol profesional sufrió las vicisitudes naturales que tiene nuestro fútbol chileno, hasta la llegada del empresario y entrenador, quien trabajó y mucho, para ponerle pantalones largos al querido club. Y no sólo le ofreció un modelo de juego ofensivo al equipo, mirando siempre el arco de enfrente, característica que le ha permitido ser protagonista. Pero como mencionamos, su director técnico no solamente es un buen estratega, sino también un exitoso empresario, y haciendo gala de su experiencia y conocimiento le ofreció a la comuna de Buin y al club Lautaro la oportunidad de tener un estadio de primer nivel.

Que un equipo de la segunda división de nuestro fútbol le ofrezca a la comunidad un recinto deportivo de esas características, sin duda es envidia para muchos clubes grandes de la serie de honor, que por años llevan intentando conseguir este mismo resultado. Carlos Encinas, resistido por algunos y querido por muchos, definitivamente se ha permitido algunos lujos. Si hablamos de fútbol, es un entrenador que en los últimos años ha realizado excelentes campañas, convirtiéndose en un protagonista permanente; sí hablamos de su capacidad empresarial y visión de futuro, ahí está para muestra un botón, una joyita de estadio para el fútbol chileno.

Felicidades a Lautaro de Buin por el lindo momento institucional que está viviendo.