Columna de Isaac Givovich: Javier Macaya, el nuevo Ezzati

La delicada situación del senador de la UDI y la responsabilidad de un político ante acusaciones de abuso sexual.

Por ISAAC GIVOVICH / Foto: AGENCIA UNI

En medio de acusaciones de abuso sexual reiterado que involucran a su padre, Eduardo Macaya, quien se encuentra en prisión preventiva, Javier Macaya, senador de la UDI, ha expresado su apoyo y confianza en él diciendo públicamente que dichas denuncias son falsas. Esta situación plantea un desafío complejo, ya que no sólo se trata de una cuestión familiar, sino que también se ponen en relieve las acciones de otro poder del Estado. 

Es crucial abordar este tema con sensibilidad y equilibrio, considerando tanto la presunción de inocencia como el derecho de las víctimas a ser escuchadas y protegidas.

Es innegable que las acusaciones de abuso sexual, especialmente cuando involucran a menores, son sumamente serias y deben ser tratadas con la mayor atención y rigurosidad. En este caso, se ha informado que existen tres niñas menores de 12 años que han denunciado haber sido víctimas de abuso reiterado por parte del padre de Javier Macay. Estas denuncias no pueden ser ignoradas ni minimizadas, y tienen que ser investigadas a fondo en el marco de un proceso legal justo y transparente.

Si bien es comprensible que como hijo y familiar, Javier Macaya brinde apoyo a su padre y manifieste confianza en su inocencia, es importante recordar que su rol como político y representante público conlleva una responsabilidad adicional. Las declaraciones y acciones de los líderes pueden tener un impacto significativo en la percepción pública y en la confianza en las instituciones.

En este sentido, cuando un político pone en tela de juicio las acciones de otro poder del Estado al expresar su respaldo a un acusado de abuso sexual, se debe tener cuidado para no socavar el proceso de justicia ni desacreditar a las víctimas. 

Es fundamental permitir que la justicia siga su curso, que se realice una investigación exhaustiva y que se garantice el derecho de las víctimas a un juicio justo y a ser escuchadas.

No comparar esta situación con casos anteriores en los que se cuestionó a los sobrevivientes de abuso sexual de la Iglesia se me hace imposible. Se me vienen a la memoria el Cardenal Ezzati visitando a Karadima en el año 2010 diciendo: “Es actuar como Jesús tendiendo la mano a quien la necesita”. O recordar a Manuel José Ossandón poniendo las manos al fuego por Karadima, ante acusaciones de abuso sexual que luego fueron acreditadas. Pero el Senador Macaya va mas allá al cuestionar el testimonio de tres victimas menores de 12 años, y cuestionando a otro poder del Estado. 

Solo a través del respeto al debido proceso y el compromiso con la búsqueda de la verdad se podrá alcanzar la justicia y brindar apoyo a las víctimas.

Es responsabilidad de todos, incluyendo los representantes políticos, promover un ambiente seguro y proteger los derechos de aquellos que han sufrido abuso sexual.