Columna de Juan Cristóbal Guarello: No estamos en crisis

Siete días atrás el horizonte estaba despejado para la reelección de Pablo Milad como presidente de la ANFP por otros dos años. La probable candidatura opositora de Lorenzo Antillo no parecía, como el 2020, con la suficiente fuerza para amagar un nuevo período del ex lanzador de bala al frente del fútbol chileno. Se hablaba de carrera corrida.

Por JUAN CRISTÓBAL GUARELLO / Foto: AGENCIAUNO

Y vino el fin de semana fatal, uno más, de la actividad. No porque muriera alguien, ya había muerto un hincha de O’Higgins la fecha anterior, sino porque, de apenas tres partidos programados entre la Copa Chile y el torneo de Primera División, apenas uno, Magallanes contra Huachipato, se pudo realizar. El de Universidad de Chile contra Unión Española por las semifinales de la Copa debió suspenderse por falta de escenario, otra vez, mientras que el pendiente por la Primera entre Antofagasta y Palestino no se jugó por una disputa entre la municipalidad de la ciudad nortina y el CDA que culminó con los árbitros y la utilería de Palestino frente a un portón encadenado del Calvo y Bascuñán.

No fueron los dos hechos más graves de la temporada. Este 2022 ha pasado cualquier cosa en el fútbol chileno, incluido un hincha muerto como señalé en el párrafo anterior, pero lo acontecido el 14 y 15 de octubre se convirtió en la gota que colmó el vaso de una gestión que ya no da para más. La actividad, cojeando y a los tumbos desde el estallido social del 18 de octubre del 2019, dio un ejemplo más de su profunda crisis, tal vez, la peor de la historia.

Me explico. El fútbol profesional chileno tiene altibajos y crisis periódicas. La mayoría de las veces por problemas económicos graves o duros enfrentamientos entre los dirigentes. De memoria enumero las crisis de 1974, 1984, 1989, 2002, 2010 y 2015. Estas crisis, pese a lo graves que fueron algunas, como la quiebra de la ACF en 1984 o la huida de Sergio Jadue el 2015, tuvieron un factor común importante: nunca se dejó de jugar. La actividad podía estar en la ruina o los dirigentes matándose en Quilín, pero la fecha se cumplía con rigor, la pelota rodaba y los partidos se jugaban. El Titanic se hundía, pero el fútbol no paraba. Lo más sagrado, el rectángulo verde, siempre estuvo a salvo del ambiente desquiciado, los ladrones y los ineptos.

Hoy es distinto. La pelota se manchó. Ya nadie puede decir con certeza cuántos partidos de los programados van a comenzar a disputarse, y, de hacerlo, van a culminar en su tiempo reglamentario. En el medio se pueden meter alcaldes, delegados presidenciales, barrabravas, dirigentes pícaros y ventajeros. Un despelote que ya no da para más. Y sin embargo, Pablo Milad, sin que se le mueva un músculo de su cara pétrea dice: “No estamos en crisis”.

Y aunque niegue la realidad, las últimas suspensiones de Unión contra la U y Antofagasta con Palestino dañaron severamente las pretensiones de reelección de Milad. A los pocos días se levantó una inesperada candidatura del ex presidente de Palestino Fernando Aguad, acompañado por hombres importantes del fútbol chileno como Juan Carlos Silva, Arturo Salah, Francisco Ceresuela y Andrés Fazio. Todos con probadas trayectorias en el balompié nacional y que, por el momento, estaban fuera de la actividad.

Esto provocó dos reacciones inmediatas. La primera, que Pablo Milad comenzó a ofrecer lo que se le pidiera, sin medir consecuencias. Para que se hagan una idea, Cristián Ogalde, presidente de Magallanes, exigió que se mantenga al ineficaz y falsario director de selecciones nacionales, Francis Cagigao, en su puesto. No sólo eso, pidió un aumento de sueldo para el español, visto que los treinta mil dólares mensuales le parecen insuficientes, más allá de los nulos resultados y las fantasías que ha utilizado Cagigao para justificar su mala gestión. Esta semana Mauricio Pinilla contó algo gravísimo en Radio Agricultura: el plan de desarrollo del fútbol cadete que Cagigao presentó como propio, es copiado, o robado, a uno idéntico que elaboró para la ANFP Germán Corengia hace dos años y que el mismo Cagigao rechazó. Y ahora lo exhibe como su gran obra. Un escándalo. Y Milad, para asegurar el votito de Magallanes, no sólo lo quiere ratificar, sino que también subirle su ya millonario sueldo. La cueca en pelotas.

La segunda reacción, muy reveladora, fue el armado a la rápida de una lista que acompañara a Lorenzo Antillo. El titiritero fue, inocultable, Victoriano Cerda. Y no se anduvo con sutilezas: puso a Arturo Aguayo de Huachipato, Cecilia Pérez de Universidad de Chile y Claudio Troncoso de La Serena en el lote. Si alguien tenía dudas de la entente Cerda-Clark-Felicevich, la candidatura de Antillo a la presidencia las despejó sin dejar una sola nube en el cielo.

El 8 de noviembre son las elecciones. Como pocas veces, lo que se juega no es sólo una buena o mala gestión, el desarrollo o el estancamiento, estamos hablando de la supervivencia misma de la actividad.