Columna de Juan Cristóbal Guarello: Qatar nos avisa

Empantanados en un relato emocional y, a esta altura, supersticioso, desde la banca de la Selección Chilena aún no hay el valor suficiente para dar el salto y entregarle la oportunidad a los emergentes.

 Por JUAN CRISTÓBAL GUARELLO

Australia con el agua al cuello, sin piernas ni ideas, quedando eliminada frente a Argentina, y el técnico Graham Arnold manda a la cancha a un imberbe de nombre Garang Mawien Kuol. Delantero del insondable Central Coast Mariners de la más insondable liga australiana, Kuol, que no completa veinte partidos a nivel profesional y jamás ha sido titular, casi empata el duelo en el último minuto. Sin importarle el qué dirán, Arnold se juega en el partido más importante en la historia del fútbol australiano con un desconocido de 18 años. El achique veloz e in extremis del Dibu Martínez impide el golpe a la cátedra.

Lo de Kuol sirve como ilustración para contradecir una idea que se ha instalado desde los históricos de la selección chilena, con Vidal como cabeza de playa pero apoyada por campañas publicitarias, periodistas amigos y la agencia de representación, de que Qatar ha sido el Mundial de “los veteranos”. Y ponen a Pepe como ejemplo. Omiten, claro, que el mismo día que Pepe batía el récord de Roger Milla como el jugador de más edad en anotar en una ronda final de un Mundial (39 años) a Fernando Santos no le temblaba la mano para mandar al intocable Cristiano Ronaldo a la banca y poner en su lugar a Gonçalo Ramos (en la foto), centrodelantero del Benfica de 21 años, quien apenas contaba con tres goles en la selección adulta contra los 118 que tiene el Bicho. Y Ramos respondió llevándose la pelota para la casa tras anotar un triplete frente a Suiza.

No es muy difícil hacer un recuento de los jugadores emergentes y con poca experiencia que han tenido espacio en Qatar y muchos de ellos son figuras. Hasta la muy veterana Croacia, disfrutando del verdadero último baile de su generación dorada, tiene como figura al defensa central Josko Gvardiol, quien es reserva en el Leipzing, pero a los veinte años debe ser el mejor en su puesto del Mundial. No hablemos de España, que la apuesta de Luis Enrique, fracasada, pasó por jugarse con muchachos de poca trayectoria con un par de veteranos en el apoyo (caso Sergio Busquets). Continúo: Bukayo Saka, titular en Inglaterra frente a Senegal con 21 años mandando a Rashford al banco; Marruecos pone en la cancha a Abdesammand Ezzalzouli contra España y el delantero del Osasuna no desentona pese a su 20 años; Francia, salvo Oliver Giroud con 36 años y Antoine Griezman con 31, sólo juega con hombres menos de 30 años (y se nota en la velocidad del equipo); Brasil tendrá muchos jugadores grandes, pero la gran figura es Vinicius con 21; Alemania, eliminada injustamente a mi parecer, hizo jugar a Youssoufa Mukoko con 18 años y menos de veinte partidos en primera y Jamal Musiala, titular del Bayern Munich y la selección con 19 años. 

Podría seguir, pero me parece que el punto está claro y el dardo apunta directamente a la selección chilena y la máquina propagandística que protege a algunos jugadores históricos. Empantanados en un relato emocional y, a esta altura, supersticioso, desde la banca de la Selección Chilena aún no hay el valor suficiente para dar el salto y entregarle la oportunidad a los emergentes. Presos en el discurso de los intocables y su peso específico en el camarín, resulta más fácil no meterse en líos y ponerlos siempre, con la esperanza de que se saquen solos. Es decir, van a jugar en La Roja hasta que ellos lo decidan, tal como lo anunció, casi en tono de amenaza, Arturo Vidal en una actividad de su marca de ropa donde fueron invitados medios “amigos” para que difundan la buena nueva. La señal es  mala, mientras en el Mundial la mayoría de los entrenadores se arriesga y en partidos decisivos se juegan con hombres jóvenes, Chile hasta en el amistoso más intrascendente no es capaz de arriesgarse y prefiere seguir con el mantra dorado. Así nos va.