Columna de Juanita Rojas: Entre la pequeñez y la mediocridad

Mientras, la gran mayoría de los chilenos y chilenas sigue esperando una solución a los problemas que le aquejan desde larga data, en los medios siguen dándole tribuna a nuestra llamada “clase política”, repitiéndose hasta el hastío los mismos rostros y sus gastados discursos.

Por JUANITA ROJAS / Foto: ARCHIVO ATON

A veces, hablar o escribir sobre ciertos asuntos resulta difícil, casi doloroso, y por instinto lo evitamos. Sin embargo, el panorama político nacional y los acontecimientos de los últimos meses tornan imposible hacer el ejercicio del avestruz, simplemente porque no hay donde esconder la cabeza.

Las pantallas televisivas, ondas radiales y medios escritos –digitales o en papel– se encargan de restregarnos día a día a quienes integran nuestra llamada “clase política”, dándoles espacio para que repitan hasta el hastío los mismos rostros y sus gastados discursos.

El escenario ocupado por una pléyade de dirigentes de partidos, parlamentarios y parlamentarias de todo signo que se ufanan mediáticamente de sus decisiones y opiniones es lamentable. Las pasadas de cuentas personales, las revanchas, las odiosidades, las pequeñas venganzas sin más fundamento que el rencor individual, el resentimiento por ya no ser actores principales (especialmente de los ex) o el cálculo político de un determinado partido son nuestro pan de cada día.

Mientras, la gran mayoría de los chilenos y chilenas sigue esperando una solución a los problemas que le aquejan desde larga data. No permitir que el adversario se pueda adjudicar algún logro, por pequeño que sea, es más relevante que satisfacer alguna necesidad ciudadana.

Es en este contexto que la derecha se niega a continuar en la Mesa de Seguridad, por ejemplo, porque si lo hacen –según ellos– le solucionarían un problema a la ministra de Interior. Como si los crímenes, robos y asaltos fueran una dificultad personal de la ministra y no el drama de miles de personas, desde ya varios años. Similar cosa podríamos decir de la reforma de pensiones, de salud o tributaria. Pero ¿a cuál de ellos les importa eso realmente?

Más aún, las acusaciones constitucionales contra dos personeros del actual gobierno se rechazaron no porque en la derecha tuvieran la convicción respecto a la improcedencia de los libelos, sino porque la guerra interna del sector por satisfacer al electorado duro los llevó a cobrarse la cuenta en uno y otro caso. Cabe recordar que el mecanismo en cuestión fue usado hasta el abuso porque quienes gobiernan hoy.

Ni hablar de aquellos que, perteneciendo a la coalición de gobierno, se abstuvieron o no fueron a votar las acusaciones constitucionales, esperanzados en castigar al ministro que les resultaba antipático o, como en la elección de fiscal nacional, con el fin de causarle una derrota al gobierno –supuestamente su gobierno– que no les ha rendido pleitesía en su calidad de caudillos de la zona a la que representan.

En el marco del nuevo proceso constituyente que se está implementando, hemos conocido los nombres de los expertos y expertas elegidos por el Congreso para que escriban el texto inicial de la Constitución. Salvo uno que otro, que forman parte de las honrosas excepciones de siempre, el resto es parte del mundillo de profesionales ligados a partidos o con familiares influyentes, a quienes la mayoría de los chilenos ni siquiera identifica… porque no son personajes de fuste.

No hay ahí un elenco de figuras de peso indiscutido en los que la mayoría pueda confiar.

En los próximos días los partidos o coaliciones deben inscribir las listas de candidatos para formar parte del Consejo Constituyente y no es pesimismo suponer que los postulantes serán por el estilo de los expertos. Es que la ocupación principal de los políticos de cada sector hoy es ver si van en una o dos listas y cómo se agrupan para sacar la mayor ganancia, sin que importe demasiado si hay principios, ideas o proyectos colectivos que los unan. Así, no sería extraño ver junto a la derecha a algunos que hasta ayer posaban de progresistas o independientes.

En el oficialismo, la batalla entre las dos coaliciones de gobierno no se ve mejor aspectada y un grupo ya expresó que prefiere dos listas, aunque eso perjudique al sector. A no ser… que se les ofrezcan más cargos y ministerios en un futuro cambio de gabinete que andan pregonando a través de los medios de comunicación. Claro está que esto último no lo dicen públicamente, porque ese pirquineo de bajo nivel es lo que algunos hoy llaman “el juego político”.

Entretanto, los demás chilenos y chilenas observamos el espectáculo con una mezcla de pena y rabia, añorando los tiempos en que nuestro país producía políticos de talla mundial.