Columna de Julio Salviat: Hernán Carrasco, un embajador de lujo

Es uno de los entrenadores chilenos con más títulos en el extranjero, y en Centroamérica es admirado y respetado. Fue uno de los gestores del Ballet Azul, cumplió cien años de edad hace pocos días y merece un homenaje.

Por JULIO SALVIAT / Foto: ARCHIVO

Siempre le dijeron “profesor”. Y el trato no fue -ni es- gratuito: normalista desde que cumplió los 22 años de edad y titulado en Educación Física cuando bordeaba los 30, la enseñanza fue su razón de ser.

Es uno de los entrenadores chilenos que más títulos acumula en sus alforjas, y bien le vendría un homenaje por estos días cuando está cumpliendo su centenario en este mundo.

Hernán Carrasco hizo la mayor parte de su carrera en El Salvador, país al que llegó en 1965 y donde obtuvo campeonatos en casi todos los equipos que dirigió, aparte de encaminar a la selección salvadoreña hacia su primera aventura mundialista, en México 70.

En Chile también dejó huella profunda. Fue una de los gestores y realizadores del plan que culminó con la aparición del Ballet Azul, el equipo que brindó el período más brillante en la historia de Universidad de Chile.

Con Luis Álamos, también profesor normalista, Hernán Carrasco empujó a los dirigentes de la U a iniciar un plan más científico de formación de jugadores. Ambos adivinaron el fútbol que venía e iniciaron un proceso que contemplaba aspectos que hasta ese momento se ignoraban en el fútbol chileno: medicina, nutrición, cuidado dental, visitadoras sociales, exigencia educacional, cultivo de la personalidad.

Con esos elementos, aplicados desde 1954 en sus infantiles, Universidad de Chile fue campeón antes de lo esperado (en 1959) y después redondeó una década con cinco títulos más y dos subcampeonatos.

Después de la vuelta olímpica inicial de la era del Ballet, Carrasco dejó la formación para dirigir a los adultos. Comenzó nada más y nada menos que en Colo Colo. Y el debut como técnico de mayores no pudo ser más feliz: puso la octava estrella en el pabellón albo en 1960.

El profesor Carrasco se desentendió de las tareas caseras para responder a un llamado de Fernando Riera, que lo quería como ayudante, otra vez junto con Álamos, en la preparación y el desempeño de la selección que obtuvo el tercer lugar en el Campeonato Mundial de 1962.

El histórico técnico estuvo presente en el partido entre Alianza y Jocoro, en su cumpleaños 100.

Dos años después, recibió una oferta -invitación, la llamaron-, para dirigir a la selección de El Salvador. Para allá partió y se convirtió en un embajador de lujo. Cambió la manera de jugar de los salvadoreños y su influencia se hizo sentir en todo Centroamérica.

Bajo su mando, el club Alianza fue bicampeón (1966 y 1967) y conquistó la Copa Concacaf, un logro que nadie en ese país creía posible. Después consiguió otro bicampeonato con el Atlético Marte (1969-1970) y al finalizar su carrera logró dos títulos más, uno con el CD Águila (1988) y otro con el Alianza (1980).

En el intertanto, dirigió a Antofagasta y Aviación y posteriormente a Universidad de Chile.

Terminó su carrera como entrenador en 2001, y volvió a sus orígenes fundando su propia escuela de fútbol, la Academia que lleva su nombre. Permanentemente se le citó para disertar en simposios futbolísticos o para colaborar en planes de mejoramiento de la actividad. Contribuyó a la formación sindical de los jugadores salvadoreños y en 1982 fue nombrado presidente de la Asociación de Entrenadores de Sudamérica.

Hoy, con cien años de edad recién cumplidos (nació el 29 de marzo de 1923) conserva las energías y mantiene sana la mente.

Allá lo homenajean, acá se le recuerda apenas.