Columna de Julio Salviat: Los goles inolvidables de Víctor Zelada

Lleno de virtudes futbolísticas, el artillero recientemente fallecido no fue adecuadamente valorado, pero no faltaron los momentos imborrables en el recuerdo, sobre todo cuando defendió a Colo Colo. Aquí van dos.

Por JULIO SALVIAT / Foto: ARCHIVO

Era rápido, incisivo, engañador, y no fallaba mucho cuando se le presentaba una ocasión de anotar. De carácter retraído y de buen hablar, Víctor Zelada hizo una buena carrera en el fútbol. Pero no llegó tan lejos como pudo haber sido, de acuerdo de sus condiciones.

Era quinceañero cuando ya se codeaba con los amedrentadores defensas de Andarivel, en El Monte. Hizo huesos jóvenes en las inferiores de Unión Española y pronto se instaló en Iberia, donde mostró rápidamente que iba a ser bueno. O’Higgins lo sacó de la Segunda División y siguió luciendo méritos en Rancagua.

En tres temporadas ya estaba consagrado. Colo Colo lo incorporó a sus filas en 1966 y allí cumplió sus mejores campañas. Cinco temporadas estuvo en la tienda alba y se despidió con el título de campeón en 1970.

De ahí en adelante cambió de camiseta cada año: Palestino, La Serena, Magallanes y San Felipe lo tuvieron como dueño de los festejos. Hasta que en 1975 llegó a Universidad de Chile, donde hizo dupla con su hermano menor, Jorge, hizo pocos goles y se despidió del fútbol grande. Los últimos tantos los hizo en 1977 con los colores de Ferroviarios en la división de Ascenso. Y de ahí en adelante se supo poco de él

Ya no está en este mundo Víctor Zelada. Con 78 años de edad se fue a lugares mejores.

Y se llevó recuerdos imborrables.

Aquí rememoraremos dos.

Zelada marcando un gol con la camiseta de Colo Colo.

El 16 de julio de 1967, con unas 25 mil personas en el Estadio Nacional, Colo Colo derrotó 4-0 a Rangers. Los albos venían de caer dignamente con River Plate en semifinales de la Copa Libertadores, y este partido con los talquinos sirvió para renovar ánimos decaídos. Lo aconsejable era darles descanso a los titulares, pero Pedro Morales, el entrenador, eligió lo contrario. Y acertó.

Elson Beiruth destrozó los planes defensivos del visitante con un gol en el segundo minuto del partido. Víctor Zelada amplió las cifras a los 32’. “Chamaco” Valdés, de penal a los 37’ liquidó la lucha. Y Orlando Aravena anotó uno de los pocos goles en su carrera para redondear la paliza.

El encuentro no daba para hacer historia. Pero la hizo a través de Zelada: ese gol que le metió al grandote Arturo Rodenak era el número 2.000 en la bitácora colocolina en los campeonatos oficiales del fútbol profesional.

Otra jornada inolvidable para Víctor Zelada fue la que protagonizó el 6 de diciembre de 1969, también en el Estadio Nacional. Por el extraño sistema de campeonato de ese año, Colo Colo integraba el Grupo A del Campeonato Nacional, después de haber terminado en el cuarto lugar en el Torneo Metropolitano. A esas alturas, faltando seis fechas para el final, ya estaba clasificado para la Liguilla que dirimiría el título. Y Enrique “Cua Cuá” Hormazábal, su entrenador, decidió probar a buena parte de su reserva, con algunos que asomaban y otros que estaban por retirarse: Manuel Araya, Jorge Yávar, Leonel Herrera, Rafael González, Julio García, Sergio Medel, Orlando Aravena, Andrés Gómez. Los únicos titulares fueron Zelada y Beiruth. Y cuando sonó el pitazo final era el único, porque el brasileño había sido reemplazado por Juan Soto, “El Niño Gol, que había vuelto después de seis años en otras tiendas.

Ese partido tampoco conmovió a los historiadores, pero sí a Zelada: esa noche anotó tres goles en el 4-1 a Antofagasta Portuario. Medel abrió la cuenta a los 20’ y él se encargó de provocar los aplausos a los 45’, 47’ y 73’.

A pesar de tanto gol en tantos equipos, Víctor Zelada no fue valorado adecuadamente. Y en la Selección no tuvo suerte: la única vez que fue nominado, en 1970, La Roja enfrentó a Brasil y se llevó un 5-0 en el Maracaná de Río de Janeiro y un 2-1, sin que él anotara, en el Morumbí de Sao Paulo.