Columna de Lautaro Guerrero: Albricias, la Armada tendrá que retirar todas las fotos del golpista Merino

La Corte de Apelaciones ordenó retirar de las dependencias de los marinos aquellas imágenes en que el beodo José Toribio Merino Castro aparece muy campante, como si se tratara de Arturo Prat o del almirante Nelson. ¿Es mérito suficiente haber liderado el derrocamiento de un Presidente constitucionalmente elegido? Tras medio siglo del drama que vivió Chile, ubíquense, viejo.

Por LAUTARO GUERRERO / Foto: ARCHIVO

¿Es el turno de este sátrapa para que, en aras de la decencia y del criterio, deje de estar como ejemplo y faro iluminador para las nuevas generaciones de marinos? Tras el fallo de la Corte de Apelaciones de Santiago, que ordenó retirar todos los retratos del patán beodo que de él aún se exhiben en las distintas dependencias de la Armada, es de esperar que sí.

Pero todo indica que los marinos, retirados y en actividad, todavía pueden apelar para intentar que la imagen de José Toribio Merino permanezca, cual si se tratara de Arturo Prat o del almirante Horatio Nelson. O de Popeye.

Ubíquense, muchachos de la Armada. Ustedes, al igual que los milicos, al parecer siguen creyéndose el cuento de que “salvaron” Chile y, como a pie juntillas se convencen de esa paparruchada, ¿por qué no rendirle entonces pleitesía a quien realmente fue la cabeza del Golpe de Estado en contra del Presidente constitucionalmente elegido, Salvador Allende Gossens?

Ustedes, cabros, estuvieron muy lejos de salvar Chile. Por el contrario: lo hundieron y envilecieron hasta límites tan vergonzosos como intolerables. Simples peones de Estados Unidos y de los ricachones de este país, todos ustedes, uniformados y con charreteras, sólo fueron la guardia pretoriana de los gringos y de los poderosos, que los han domesticados desde chiquititos, como mascotas de chalet, para defenderles sus intereses y sus privilegios.

¿Nos salvaron de una guerra civil? A otro perro con ese hueso, viejo. Salvo honorables excepciones, como René Schneider, Carlos Prats y el almirante Enrique Montero, casi todo el resto de ustedes (excepciones debe haber, que desconocemos), sólo fueron yanaconas del Imperio, y en esas condiciones, con todas las FFAA cuadradas para botar al gobierno, ¿qué guerra civil podía haber, pelafustanes?

“Nos salvaron del comunismo”, es la otra monserga barata, pero que siguen esgrimiendo. No nos salvaron de nada, tontorrones. Primero, porque Allende, aparte de capaz y más culto que todos ustedes, fue y murió siendo un demócrata que, además de nacionalizar el cobre y tratar de tener un país mucho menos injusto, respetó siempre la Constitución y las leyes. Segundo, ya que viendo que se hacía realidad la promesa de Nixon y Kissinger al día siguiente de su victoria frente a Jorge Alessandri, en el sentido de que EEUU “haría aullar nuestra economía”, estuvo dispuesto a llamar a un Plebiscito para que fuera el pueblo quien decidiera.

No los gringos, ni los empresarios ni ustedes, manga de patanes.

Ustedes, uniformados, fueron protagonistas de una ominosa noche que se prolongó por 17 años. Pero no fueron los primeros actores. Sólo fueron los instrumentos de los Orlando Sanz, Jaime Guzmán, Enrique Ortúzar, y muchos otros que, con la barreta fétida de “defender la democracia”,ayudaron a sostener una dictadura tan siniestra como criminal y sangrienta.

Ustedes, aleonados por Milton Friedman y por los “Chicago Boys”, no sólo asesinaron, torturaron, quemaron vivos e hicieron desaparecer gente, sino que tras de sí dejaron una estela de miseria e inequidad como nunca antes se había visto en Chile. ¿O fue la pura mala intención de organismos internacionales que llegamos a estar entre los diez primeros países del mundo más desiguales, sólo superados por naciones africanas?

Ubíquense, viejo…

Hace unos días, nada más, el llamado Centro de Coroneles del Ejército se había mandado otro numerito, bien similar al de ustedes, marinos, respecto de prenderle velitas al golpista Merino. No sólo revindicaban el golpe de Estado y justificaban las atrocidades cometidas, sino que, aparte de culpar a Allende y al bloque de partidos que lo apoyaba, nos salían con el mismo cuento de la Caperucita Roja: nos habían salvado del comunismo y evitado una guerra civil.

Como Allende no era el Papa, y por ello tampoco podía ser infalible, seguramente se equivocó más de una vez. Sus propios partidarios, seducidos por la historia y por los “cabeza de pistola”, también se equivocaron más de una vez.

Pero nunca nadie se choreó un mísero peso del Estado, cuestión reconocida por un mismísimo alto general de Ejército años atrás. Y Allende, que más allá de su consecuencia nunca pretendió ser un mártir, evidenció hasta el último momento una dignidad que ustedes nunca tuvieron, porque murió con las botas puestas.

Al contrario de vuestros líderes de pacotilla, que estaban todos a buen recaudo mientras la tropa les hacía la pega, Allende no titubeó en agarrar una metralleta y agarrarse a balazos, antes que refugiarse en una embajada o apretar cachete, como otros presidentes latinoamericanos de pacotilla.

Seguro que les sigue doliendo, pero después de eso, el “Chicho” entró por la puerta grande de la historia.

¿Dónde están los que lideraron el Golpe de Estado y el drama vivido por Chile? No existen, salvo para unos pocos de ustedes, pelafustanes recalcitrantes.

En cambio, el mundo está lleno de monumentos a Allende, de plazas y parques que llevan su nombre.

¿Cómo les queda entonces el ojo, muchachos de uniforme?