Columna de Lautaro Guerrero: Boric, campeón para dar explicaciones a pinganillas y a jueces veniales

La Corte Suprema no pudo tolerar que el Presidente, al aplicar los indultos, argumentara los motivos que había tenido para otorgarlos. No pesque, Gabriel. Haga bien su pega y trate de hacer de este país algo menos malo de lo que nos legaron la dictadura y 30 años de arreglines y componendas.

Por LAUTARO GUERRERO / Foto: PRESIDENCIA

El que explica se complica, reza el dicho popular, y resulta que el Presidente Gabriel Boric se complicó gratuitamente, sólo por su buena voluntad y deferencia, al explicar los motivos que había tenido para proceder a otorgar 13 indultos. A doce de ellos presos desde el estallido, más Jorge Mateluna, acusado de chorearse un banco con pruebas más livianas que paquete de cabritas, y en un proceso tan absurdo y kafkiano que hasta ameritó un programa exclusivo de “Informe Especial”, de TVN.

Aunque no debiera, porque ni necesidad tiene, a estas alturas queda claro que Boric es buenazo para, dando las explicaciones del caso, intentar convencer y/o persuadir a todo tipo de oponentes. Desde patanes a otros que se creen dioses infalibles.

Entre los primeros, por ejemplo, está un pinganilla que responde al nombre de Marcelo Ríos, pero que en Chile es más bien conocido por su alias de “Chino”. Al descerebrado se le ocurrió que, en medio de una aparición para la prensa, Boric habría hecho poco menos que un “Pato Yáñez”, imperdonable grosería que habría provocado su estupor y su espanto. No sólo eso: con una desfachatez para la risa y la ira juntas, el unineuronal reclamó por lo que él estimaba era una inaudita “falta de respeto a los demás”.

Si hay algo más patético que este patán pidiendo respeto por los demás, se aceptan todo tipo de aportes.

Igual Boric gastó unos minutos de su precioso tiempo, a lo mejor creyendo de buena fe que se le pueden pedir peras al olmo, y le respondió en muy buenos términos al subnormal, sacándolo de su error.

Este martes, primer día hábil de 2023, Gabriel Boric la hizo de nuevo. Cuando todos esperaban la habitual vocería de Camila Vallejo, y los reporteros de Palacio ya guardaban toda su tecnología, resignados a irse sin nada, he ahí que el Presidente les salvó la jornada y les paró la olla, como se dice (o se decía en mis tiempos), a los reporteros, claramente aliviados de salvarse del lumazo de sus respectivos jefes por volver con las manos vacías.

¿Cuál fue el tema? Sin tener ninguna necesidad, Boric quería salir al paso de la inaudita y destemplada reacción de la Corte Suprema a sus explicaciones del por qué había decidido indultar a esos 13 demonios que, si uno se deja llevar por las palabras de los politiqueros de derecha y los que les avivan la cueca, se merecían la silla eléctrica, el pelotón de fusilamiento, la horca y la guillotina juntas.

La Corte Suprema, mirando todo desde arriba, y acaso convencida de que los chilenos no tenemos memoria y somos giles, le aclaraba a Boric que, al explicar el por qué había decidido ponerles la firma a los indultos, se había extralimitado, porque “la facultad de conocer de las causas civiles y criminales, de resolverlas y de hacer ejecutar lo juzgado, pertenece exclusivamente a los tribunales establecidos por la ley”.

Envalentonados, y convencidos de que los políticos de derecha y sus medios pollos de los “Amarillos” y “Demócratas” iban a apoyarlos y aplaudirlos a rabiar, los teclos de la Corte Suprema recordaron, además, que todos los medios de prensa iban a aportar la correspondiente cuota de jolgorio cuando de darle al Gobierno se trata y agregaron: “Ni el Presidente de la República ni el Congreso pueden en caso alguno ejercer funciones judiciales, avocarse a causas pendientes, revisar los fundamentos o contenido de sus resoluciones y hacer revivir recursos fenecidos”.

Está fuera de discusión que Gabriel Boric sólo ejerció una facultad que le es prerrogativa como Presidente. Que, como él mismo aclaró en su breve alocución, en su momento ejercieron Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz Tagle, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet I y II y Sebastián Piñera I y II. ¿Cuál, habría sido, entonces, su imperdonable error? Simple: sincerarse, bajar al estado llano y dar sus argumentos de lo que había hecho.

El carepalismo en este país ha alcanzado dimensiones antes jamás vistas. Hasta ahora, la guaripola la llevaron los políticos, pero vemos que con todo entusiasmo a este festival del sin sentido se han sumado los máximos representantes del Poder Judicial.

Para ellos, una sola pregunta: ¿están muy satisfechos y orgullosos de muchos de sus fallos que los chilenos cada día sufrimos? Les tengo una larga lista de llegadas estrechas, muchachos, cuando no fallos aberrantes y que constituirían una vergüenza en cualquier país normal y decente del mundo.

No se las hago llegar sólo porque mi jefe me reta cuando escribo muy largo, y por lo demás nadie quiere empezar un nuevo año con un coscorrón en el mate.