Columna de Lautaro Guerrero: Constitución 2.0, el pueblo como espectador de un nuevo sainete

Una pequeña elite de políticos de todos los pelajes y raleas decidió exigir a fondo la “cocina” del Congreso para volver a meternos un gol de media cancha. La gente, el populacho, el perraje, o como quieran llamarlo, tendrá que mirar de lejos y desde fuera cómo envuelven y nos venden este paquetito.

Por LAUTARO GUERRERO / Foto: ATON

Si en el nuevo acuerdo constitucional surgido el pasado lunes por la noche concurrió la derecha con sus votos, significa que a Chile y a su atontorronado pueblo los dueños del país volvieron a pasarle un gol de media cancha. Tan simple como eso. Si el acuerdo hubiese sido favorable para el populacho, los que tienen la sartén por el mango, como la han tenido siempre, jamás habrían aprobado ese acuerdo surgido con fórceps y mangoneado de pe a pa por los parlamentarios que están en la Cámara y en el Senado precisamente para defender a como dé lugar los privilegios de los poderosos. Entre ellos, por supuesto, sus propios privilegios.

Partamos por señalar que hace tiempo la cocina del Parlamento no funcionaba a toda máquina, como ahora, llenándole los ojitos de lágrimas a Andrés Zaldívar. Que, con la derecha dueña de la pelota a partir de un Rechazo del cual obviamente se apropiaron, los sectores “progresistas”, por llamarlos de alguna manera, fueron escandalosamente manipulados por quienes, sabiéndose en mayoría, terminaron imponiendo sus términos.

Pero seamos sinceros: los denominados “progre” mucho empeño tampoco le han puesto durante todos estos años.

Nada bueno podía resultar de tales circunstancias. Echándose olímpicamente al bolsillo su colosal desprestigio, parlamentarios de todas las raleas y pelajes hicieron y deshicieron para llegar a un acuerdo en el que participaron, entre otros, chantas, como Ximena Rincón, que en este momento no representa a nadie, y un impostor frescolín, como Cristián Warnken, que tampoco representa a nadie, como no sea a sus patrones de la Cámara Chilena de la Construcción, pero en el que no estuvo presente –en cambio- ningún representante de las organizaciones sociales de este país. Por ejemplo, Luis Mesina, que ha dado una lucha infatigable en contra de las fracasadas AFP, o Manuela Royo, vocera nacional de Modatima, organización que pelea a brazo partido por la defensa del agua y el medio ambiente.

Para embolinarnos la perdiz, esta manga de sinvergüenzas acordaron que, para participar en la Constitución que ahora sí va a dejar atrás la del dictador rasca, ladrón e ignaro, el perraje va a tener la oportunidad de conformar el Consejo Constitucional, el que estará conformado por 50 personas electas democráticamente por voto popular. ¿Cuál es, sin embargo, la trampa? Que ese Consejo valdrá callampa, sencillamente porque no podrá elaborar ninguna propuesta de nueva Constitución. Su triste papel será sólo el de aprobar o rechazar lo que cranee la pomposamente denominada “Comisión de Expertos”.

Una comisión de 24 bacalaos que ¡era que no!, será elegida por el Congreso Nacional, doce de los cuales serán propuestos por la Cámara y los 12 restantes por el Senado.

A todo esto: ¿cuáles son los requisitos para ser considerado un experto? Fíjense que ni siquiera ser un abogado constitucionalista, por ejemplo. Experto puede ser cualquier persona de destacada trayectoria profesional o académica. Es decir, cualquier chanta que los respectivos partidos políticos consideren que es “destacado”. Ojo: nada se dice sobre valores éticos y morales como requisito.

La exigencia es tan ambigua, tan discutible, que puede aguantar a cualquiera. Pillines de siete suelas, pero “destacados”, o dinosaurios de la política que, para realizar tan magna como patriótica tarea, tendrían que abandonar sus sarcófagos.

Frente al empeño de la Rincón, que junto a Matías Walker y Carlos Maldonado se andan sobando las manos de puro gusto, Bachelet dijo que lo pensaría, Lagos que hay que mirar el carnet, pero no se negó de plano, y “Marco Polo” Frei Ruiz Tagle, que de inmediato dijo estar disponible, por más que durante los seis años de su gobierno cambiar la Constitución payasesca de 1980 fue algo que nunca le quitó el sueño.

Lo suyo fue viajar y entregar el agua al mejor postor.

¿Y qué pasa con Piñera, viejo? Porque si se trata de tantear a los ex Presidentes de este país para que nos iluminen con su experiencia, el iletrado que ocupó dos veces La Moneda no puede estar ausente. El problema es que los tres mencionados anteriormente (Rincón, Walker y Maldonado), integrantes de esa entelequia denominada “Demócratas”, mucho interés no tienen en invitarlo. Y creemos que RN, Evopoli y la UDI tampoco, porque existe el riesgo cierto de que al ladrón de bancos vuelvan a sacarle los trapitos al sol y reaparezcan temas como Talca, “empresas zombies”, compra de acciones con información privilegiada o el viaje de sus hijos a China para hacer negocios particulares financiados por el Estado.

Ni hablar de echar atrás la máquina del tiempo y recordar la actuación del zopenco durante el estallido, cuando le declaró la guerra al pueblo y dejó atrás ciegos y tuertos en cantidades industriales. Políticamente, en esto sólo los republicanos le prestarían ropa, aunque existen fundadas sospechas de que Kast y el “Rojo” Edwards podrían vetarlo, por indeciso y por blando.

Pero esos “expertos”, que hasta el día de hoy no se sabe si trabajarían por sus buenos morlacos o al gratín, no las tienen todas consigo para llenarse de gloria pergeñando nuestra nueva Carta Magna. No señor. Por encima de ellos habrá un Comité Técnico de Admisibilidad, que, conformado por 14 juristas, será el encargado de revisar las normas que hayan aprobado, con el fin de determinar si, eventualmente, podrían algunas de ellas considerarse inadmisibles.

¿Quién elige a los integrantes de esa Comisión? La cocina del Senado, por supuesto, en base a una propuesta de nombres realizada por la Cámara de Diputadas y Diputados.

¿Cacharon, muchachines? El paquetito está completo. Preocuparse de plazos, procedimientos y otras mariguanzas es una total y absoluta pérdida de tiempo. Como siempre, dependemos de una pequeña elite de sinvergüenzas para saber cuán trasquilados saldremos de este nuevo sainete.