Columna de Lautaro Guerrero: Doctora Cordero, ¿cómo es que la sartén le dijo a la olla?

La inefable siquiatra, hoy parlamentaria, acusó al alcalde de Colchane de corrupto, por traficar vehículos robados, armas y drogas. Pero al voleo, no ante los tribunales ni el Ministerio Público. Es algo que sin duda debe investigarse, pero mientras tanto es inevitable la pregunta: ¿ya se te olvidó, María Luisa, cuando cobrabas entre 30 y 40 lucas por emitir licencias de salud truchas?

Por LAUTARO GUERRERO / Foto: AGENCIAUNO

Siempre le gustó la exposición pública. Gozaba como porcinito en el barro en programas de farándula y cháchara hueca, donde supuestamente ella ponía la sabiduría y la cordura. La doctora María Luisa Cordero, actual diputada por el Distrito 10° de la Región Metropolitana, independiente, pero hasta por ahí nomás, porque fue apoyada por Chile Vamos, es de aquellos personajes que no pueden pasar inadvertidos. Ha dado la hora más de una vez y se ha metido en más de un forro, por esa incontinencia suya de hablar lo primero que se le viene al mate, jurando que sus títulos académicos constituyen un respaldo infranqueable.

Por supuesto que más de una vez ha quedado en ridículo, pero eso es algo que pareciera no importarle, que le resbala. El problema es que una vez quedó como una siquiatra vivaracha y corrupta para todo Chile en vivo y en directo, pero como en este país la ética es un artículo suntuario, con el correr de los años ella confió en la pésima memoria del chilenito para seguir pontificando y engañando incautos.

Su última gracia: acusar de pato malo al alcalde de Colchane, Javier García. Pero no ante los tribunales. No ante el Ministerio Público. Correspondería en su condición de parlamentaria, una de cuyas obligaciones es fiscalizar. Pero no. La inefable doctora Cordero, poseedora de la lengua más suelta de todo el oeste, dijo que García trafica automóviles, armas y drogas. No sólo eso: que el primo de García es el principal narcotraficante de Colchane y sus alrededores.

Para darle más fondo a su seria denuncia, la doctora Cordero les preguntó a sus interlocutores imaginarios: “¿Lo han visto cómo se ha cambiado de poleras y de sombreros? Está ganando plata como loco”.

Como entiendo que una persona sin trancas no se preocupa de nimiedades, asuntos sin ninguna importancia, como poleras y sombreros, hay que ir al fondo de la denuncia de la señora: ¿es el alcalde García un delincuente más, de los muchos que de diferentes raleas y distintas pintas asolan este país? Si es así, y usted tiene pruebas, señora Cordero, ¿qué espera para denunciarlo, de modo que lo investiguen y, de resultar cierto lo que usted dice, lo metan en cana?

Sacando un delincuente de circulación, usted le haría al país un servicio mucho mayor que el que hasta aquí le ha hecho desde su puesto en la Cámara de Diputados, porque claramente su gestión ha tenido menos brillo que zapato de gamuza.

En cuanto al alcalde aludido, que por cierto anunció una querella, también esperamos que efectivamente la presente y no se quede, como tantos, en la pura aniñada. Nos urge saber, por una cuestión de higiene comunal y nacional, si usted está limpio. Y porque de esa forma, además, le haría un parelé a esta señora cuya incontinencia verbal y su colosal egocentrismo la han hecho pelearse hasta con el diablo.

Como al parecer no tiene la lengua conectada al cerebro, sino a otra parte de su anatomía, se ha peleado con Joaquín Lavín, Enrique Lafourcade y la alcaldesa de La Pintana, Claudia Pizarro, entre varios otros.

A Lavín, tiempo atrás, lo ninguneó por su domicilio político, pero ello no fue problema cuando, abriéndosele el apetito por ser diputada, golpeó las puertas de ese mismo domicilio. De Lafourcade dijo que era un sapo que croaba y croaba, sin que nadie lo tomara en cuenta, aunque el escritor, con mucha clase, por cierto, en su respuesta nunca cayó en descalificaciones. Y a la alcaldesa pintanina Pizarro la zamarreó por el legítimo derecho de estar con el Apruebo, seguramente frustrada de que no se tragara, de buenas a primeras, las mentiras de las que abusó la derecha en este proceso republicano.

Pero si pensó que la alcaldesa Pizarro iba a tener terror de confrontársele, la Cordero se equivocó medio a medio. Con fina ironía, la edil le reconoció que a lo mejor bien de la cabeza no andaba, y que no estaría mal, en tales circunstancias, solicitarle una licencia.

Y hasta ahí te duraron las ínfulas, poh Cordero. Y es que, como muchos, confiaste en que tus pillerías, denunciadas en 2003, habían sido olvidadas por los chilenos. No era así, pues doctora. Somos muchos los que, hasta el día de hoy, recordamos tus imágenes vendiéndoles licencias médicas truchas a gente que quería escaparse unos días de la pega. Una cámara oculta te captó en plena sinvergüenzura, cobrándoles a los giles entre 30 y 40 lucas de la época, y haciéndoles repetir como loros lo que los “enfermos” debían decir si la licencia les parecía sospechosa a los sapos del Compin.

O sea, pues María Luisa, que disfrazarte de Catón no te calza por ninguna parte. No puedes acometer en contra de supuestos corruptos teniendo el tejado de vidrio que tú tienes. Es como si el diputado Alinco pelara a los picantes, el senador Moreira a los ignorantes y Piñera a los delincuentes que chorean en grande. ¿Dónde se ha visto tamaña desfachatez y frescura?

Por lo demás, María Luisa Cordero, no sé cómo en este país todavía hay giles que te toman en serio.

No cuando, de una mujer golpeada, dijiste que “tiene un trasfondo limítrofe de la personalidad y un lado masoquista. Le gustaba el combo”, agregando que “yo tenía una especie de policlínico en el Hospital Siquiátrico y como el 60% me reconocía que después de una pateadura el sexo era mejor”.

De Antonia Barra, que se suicidó tres ser violada por el sicópata Martín Pradenas, le rendiste todo un homenaje en la Cámara, diciendo de la pobre muchacha que “ella sufrió un fenómeno que se llama insuficiencia avergonzante. Ella tenía tal cantidad de vergüenza y de dolor que se suicidó”.

¡Vaya homenaje…! ¿No se te ocurrió, mejor, Cordero, diseccionar siquiátricamente al delincuente en lugar de la víctima?

Ya ves, pues, María Luisa Cordero, que tienes del año que te pidan. Reconozco, en todo caso, que una vez sí me dejaste con la boca abierta. Fue cuando viendo dos dedos, nada más que dos dedos del actor Julio Milostich, hiciste de él un completo cuadro sicológico. Después de eso, hasta el “Doctor Milagro”, serie turca que emitió Chilevisión, me pareció una alpargata vieja al lado de tus conocimientos y de tu sapiencia.

De verdad, María Luisa, nunca he entendido en qué se basa tu colosal egocentrismo, el jurarte una eminencia. Por casualidad cayó en mis manos una vez tu obra cumbre en lo que a literatura concierne: “Jurel tipo Salmón” que, entiendo, la escribiste para reírte de los chilenitos. Sólo que una buena idea, porque es cierto que damos para un libro con nuestros agrandamientos, complejos y taras, resultó groseramente fracasada.

¡Qué pobre manejo del léxico! ¡Qué redacción más pobre y más ramplona! Por suerte, según tengo entendido, no has perseverado con otra obra cumbre de la sociología-siquiátrica. Y es que, escribiendo como escribes, jamás habrías superado Redacción 1, ni aunque hubieras pagado millones por el cartón en la Escuela de Periodismo más rasca y más charcha de la plaza.