Columna de Lautaro Guerrero: El fariseísmo de la derecha para rechazar la Reforma Tributaria

Dijeron que la reforma propuesta era mala, que no recaudaba, que perjudicaba a la clase media y a las pymes. Sólo que, si tenían propuestas que la mejoraran, era el momento para aprobar la idea de legislar para “entrar a picar” y lograr una que, en parte al menos, impidiera que el chancho siga tan mal pelado. Parlamentarios de ese sector, incluso, señalaron que no querían que el Estado siguiera malgastando la plata, como si lo que cuesta el Congreso fuera una bagatela ante tanta lumbrera que lo representa.

Por LAUTARO GUERRERO / Foto: ARCHIVO ATON

Que la derecha ha defendido siempre a los ricachones, a los poderosos, para nada es una frase que responda a una caricatura. El rechazo a discutir siquiera la posibilidad de una reforma tributaria que recaude más, para poder llevar a cabo los planes sociales que la gente con urgencia reclama, es la muestra más palmaria de que este sector, más allá de su fariseísmo y frases de buena crianza, termina siempre por defender los privilegios del 1% que acumula casi la mitad de la riqueza del país, mientras la otra mitad restante, como el gato, queda mirando para la carnicería.

Digamos que, para la derecha, nunca es el momento de lograr, como en otros países menos incivilizados y menos injusto que el nuestro, que la riqueza se reparta en forma mucho más equitativa. Si la economía “camina bien”, de acuerdo a sus particulares parámetros, para qué joder la pita y volver a esa majadería de que “los que ganan más, aporten más”.

Si las cosas, como ahora, andan por ahí nomás, y a la gallada común y corriente le cuesta un mundo llegar a fin de mes sin pegar el sablazo o echar a correr la libreta en el boliche de la esquina, tampoco es el momento, porque lo que se necesita es que haya más trabajo y más inversión, única forma –según ellos- de reactivar la economía.

Es lo mismo que pasa con los sueldos pichiruches que hoy en día se pagan. A menor escala, las barretas serán las mismas.

Durante estos días, luego de que se rechazara siquiera discutir la reforma, con el voto en contra de toda la derecha más la ausencia de la sala de una que otra figurona, como la señora Jiles, he escuchado todo tipo de argumentos para explicar tal postura, definida por la prensa vendida y genuflexa como “una derrota del gobierno de Gabriel Boric y del ministro de Hacienda, Mario Marcel”. Mentira, viejo. En esto no pierden ni Boric ni Marcel, que tienen tres años más todavía para seguir cortándola con cincel. El que pierde es el pueblo, la gente común, que ve día a día lo mal que está pelado el chancho en este país.

Las explicaciones, como cualquier disco vinilo más rayado que puerta de perrera, han sido las mismas de siempre, adornadas por una retórica hueca y más falsa que charchazo de payaso. Como la que dio, hace poquito nomás, el guatón Ubilla, goma de Piñera durante sus dos nefastos y payasescos gobiernos. Según él, la derecha no ha defendido a los ricos ni a los poderosos. Ha defendido a la clase media y a los más vulnerables. No me hagas reír, guatón seboso, que esa no te la crees ni tú mismo.

“Era una mala reforma”, han dicho muchos parlamentarios de derecha, los mismos que celebraban con frenesí la reforma que trató de imponer Piñera. ¿Habrá sido porque ésta, al revés de la de ahora, pretendía incluso rebajarles los impuestos a los palos gruesos para que así, mediante una inversión propia del “New Deal” de Franklin Delano Roosevelt, Chile despegara como avión?

A otro perro con ese hueso, viejo. El empresariado nuestro, de invertir, va a ser para seguir llevándose la parte del león. Y tan así resultan, que son odiados en todos esos países vecinos donde han llegado a instalarse con sus negocios con la filantrópica tarea de “dar trabajo”, en circunstancias que lo compran, y siempre en cifras favorables para ellos.

Pero de todas las explicaciones burdas que he escuchado por estos días, hubo una que me llamó especialmente la atención. Fue aquella utilizada por más de un parlamentario de derecha que, tratando de explicar su negativa a siquiera discutir el tema, dijo que “lo que nosotros queremos es que el Estado recaude más, pero, al mismo tiempo, que ese dinero sea bien utilizado”.

Debo suponer que se refieren a que, si entra más plata a las arcas del Tatita Fisco, ésta no se bote, como se está botando, por ejemplo, desde que Piñera inventó ese organismo llamado “Estadio Seguro” y que nunca ha servido para nada, excepto para darle una pega casi con rango de ministro a un semi analfabeto. Como se está botando al mantener a los “delegados presidenciales”, otra entelequia inventada en 2017, pero a la cual le hizo de chupete Piñera, para darles pega a 16 amigos necesitados. Como se ha botado en las Fuerzas Armadas, en los pacos y en los tiras, en que los con charreteras han choreado que es un gusto y a manos llenas durante todos estos años.

Pero, un poco de autocrítica, muchachines. ¿Acaso piensan que lo que el Estado gasta en mantener el Congreso, o sea, a ustedes mismos, es una bagatela, un pelo de la cola? Por supuesto que no, poh, tropa de pelafustanes engreídos. De partida, ustedes son los parlamentarios mejor pagados de Latinoamérica, y no digamos que ambos hemiciclos están plagados de lumbreras. Más bien es al revés, al punto que muchos de ustedes estarían caros para una Junta de Vecinos.

Ya que más bien son tronquelis que talentosos, ¿se rompen acaso el lomo laburando, como lo hace en el fútbol el jugador poco dotado y patadura? Tampoco, viejo. Las leyes duermen por años, mientras ustedes se dan toda clase de ínfulas y les meten el dedo en la boca a los giles. Son tan caraduras, además, que aprobaron una Ley de Pesca absoluta y totalmente corrupta y les importó un huevo, al punto que ésta, tan espuria como ilegítima, sigue operando como si nada. ¡Y ni siquiera les da un poco de vergüenza…!

¿Les preocupa a ustedes que el Estado malgaste los escasos recursos de que dispone, y que claramente no dan para tanta necesidad? Demuéstrenlo con hechos, y no haciendo gárgaras, tropa de badulaques. Rebájense sus obscenas dietas. Renuncien a esas irritantes prebendas que tienen, como pasajes en avión, platita extra para asesores y bencina y celulares, que también se los dan al gratín. Si les dieran uno, vaya y pase, pero se sabe que muchos de ustedes reparten esos celulares como Viejitos Pascueros, porque son tantos, que algunos han ido a parar incluso a manos de la señora o del marido. O del o la amante. Y tampoco esto les da vergüenza.