Columna de Lautaro Guerrero: Se confirma que Chile tiene los tribunales más chistosos y chantas del mundo

En cosa de horas, la policía desarticuló a un grupo que operaba sobre los puentes del Mapocho robándoles a desprevenidos conductores. En Providencia, pillaron por fin a “La banda de la Ingrid”, especialista en desvalijar autos estacionados utilizando menores de edad. ¿Qué creen que pasó? Están todos libres, viejo…

Por LAUTARO GUERRERO / Foto (referencial): ARCHIVO ATON

Las policías, uniformada y civil, tuvieron que sudar la gota gorda para atrapar a 11 patos malos que, en los puentes que cruzan el Mapocho, cercanos a La Vega Central, les hacían de chupete a desprevenidos conductores que, llevando algo de valor a la vista, cometían la imperdonable ingenuidad de transitar con los vidrios abajo, para combatir el calor.

En otro sector de la ciudad, concretamente en Providencia, cayó por fin “La banda de la Ingrid”, una pelienta que se especializaba en meterse a estacionamientos de la comuna acompañada de menores de edad, para violentar vehículos y llevarse lo que pillaran dentro.

Pero, ¡oh, sorpresa…! Tanto los patos malos de La Vega, como la guatona Ingrid y sus precoces secuaces, quedaron libres una vez más, sencillamente porque nuestros tribunales estimaron que todavía no habían hecho méritos suficientes como para ganarse un merecido canazo. Diez o veinte detenciones por choreos surtidos es una minucia, viejo. De cincuenta para arriba ya habría que ir pensando en que al menos pasaran unos días a la sombra.

En todo caso, la Ingrid fue severamente advertida de que usar semillas de maldad para que desvalijaran autos es algo muy feo, y que de perseverar, cuando le caiga la teja, si es que alguna vez le cae, eso podría considerarse un agravante. No fue todo: con un ingenio y criterio que ya se lo quisiera Salomón, un epítome de lo que es justo, el juez le dejó bien en claro a la pinganilla Ingrid que tenía estrictamente prohibido ir a su estacionamiento preferido a cometer las pilatunadas de costumbre.

Si la Ingrid no largó la carcajada allí mismo, en “estrados” como se dice en el lenguaje leguleyo, debe haber sido para no darles un mal ejemplo a los pelafustanes que habían caído con ella.

Días atrás, y con motivo del atraco en jauría a dos turistas argentinos adultos mayores, a la salida de un mall, en Viña del Mar, nos preguntábamos qué hacer frente a cabros chicos que, por saberse impunes, delinquen una y otra vez, muertos de la risa. Y nos cuestionábamos, naturalmente, de todo el esfuerzo en vano que hacen las policías para atrapar pinganillas que al día siguiente ya andan en las mismas.

Tuvo que ser un político de oposición, naturalmente, quien, aprovechándose de la inacción gubernamental a este respecto –Felipe Kast-, anunciara el pronto envío de un proyecto de ley que impida que la reincidencia siga saliendo gratis. En otras palabras, al segundo delito hay cárcel, sí o sí, lo que mirado fríamente no tiene nada de exagerado ni atentatorio en contra de los derechos humanos.

Kast, que bobo no es, entiende mejor que nadie que quien ponga por delante a las víctimas y detrás a los patos malos, se ganará automáticamente la simpatía de la gallada, ya harta del “buenismo” de las autoridades, de la levedad de nuestras leyes y las penas para la risa que contempla para aquellos que, no siendo asesinos en serie ni mucho menos, aterran igual a la gente honesta.

Y es que, muchachos, no puede haber algo más chistoso que las penas que se les aplican a muchos de estos desalmados badulaques, dispuestos a agredir cobardemente mujeres o meterle fríamente un tiro a quien evidencie la más mínima muestra de resistencia. Díganme si no es para la risa aquello de “reclusión domiciliaria nocturna”, “libertad vigilada” o “prohibición de acercarse a la víctima”. ¿En qué país normal y decente del mundo la delincuencia sabe de antemano que está en jauja?

Si los jueces afirman que dictan sentencia de acuerdo a las leyes que existen, entonces quiere decir que esas leyes valen callampa y que hay que cambiarlas. Y esa cruzada debe encabezarla el gobierno de turno, porque para eso, entre otras cosas, fue elegido por la gallada.

A estas alturas, sin embargo, tenemos claro que del gobierno de Gabriel Boric nunca podremos esperar la mano dura contra la delincuencia que la gente exige. Está lleno de “cerebros” que atribuyen esta lacra a la pésima educación, a la falta de oportunidades, a que desde los milicos y hasta ahora, el chancho está súper mal pelado.

Y no dejan de tener razón. Mucha razón. Sólo que si envilecer a este país demoró 17 años de dictadura y otros 30 de arreglines de bigotes entre la derecha genuina y otro sector que se disfrazaba de “progre”, superar esto y recuperar ese país pobre pero digno que antes conocimos, les va a llevar décadas.

Y eso si es que existiera la voluntad política para hacerlo, cosa que uno, legítimamente, tiene que poner en duda, después de tanta promesa chanta.

Pero, mientras tanto, ¿qué? ¿Debemos resignarnos a vivir con temor? ¿A esperar el momento en que te toque? ¿A encerrarte en tu casa bajo siete llaves mientras los delincuentes andan felices de la vida por las calles?

Avíspate, Boric. Combatir a los delincuentes con todo el peso de la ley no puede ganarte las críticas de nadie, salvo la de los familiares de estos patos malos. Nadie podría acusarte de “vulnerar los derechos humanos” si a esta lacra le das con el mocho del hacha. ¿O acaso crees que estos desalmados son seguidores de Mahatma Gandhi o Martin Luther King?