Columna de Leonardo Véliz: Lo que Jordhy y Damián no aprendieron

Los futbolistas jóvenes olvidan que para ser excelentes deben renunciar a algo, y ese algo es la adolescencia, e ignoran cómo asimilar esa etapa que viven. Ellos son responsables de que la gloria no está en los desplazamientos nocturnos y la osadía.

Por LEONARDO VÉLIZ / Foto: ARCHIVO AGENCIAUNO

¿A quién se le puede ocurrir jugar una pichanga de barrio a dos días del denominado Superclásico del fútbol chileno? ¿Ese que concita el interés de los hinchas y el negocio de las casas de apuestas? Ustedes me dirán, a nadie con dos dedos de frente. A ninguno que sea responsable y comprometido con esta actividad, ser un jugador profesional e incluso del equipo más popular del país, Colo Colo.

También es cierto que, muchos jugadores caen en otras tentaciones. Como salir de juerga. Abrazados al alcohol. Otros superados y aspirados por la droga. La mayoría entregados a las mujeres rápidas y los caballos lentos. Son envueltos por los deslices de la noche que, la alargan castigando su principal capital que es el físico.

Jordhy y Damián, tienen una justificación que no los exime de su grave falta; fueron tras el placer de lo que aman, el juego del fútbol, aunque sea el fútbol de los barrios. Ese mismo que los vio nacer, el fútbol amateur. Ese amateurismo que aún prevalece en sus cerebros. Claro, reciben consejos de Pedro, Juan y Diego, pero les entran por una oreja y salen por la otra como dura un tik tok.

Jordhy y Damián se han formado en la Casa Alba. Por lo visto, no han aprendido mucho. Que para ser excelentes deben renunciar a algo, y ese algo es la adolescencia, e ignoran cómo asimilar esa etapa que viven. Ellos son responsables de que la gloria no está en los desplazamientos nocturnos y la osadía. Deben ser llamados a terreno, uno por reincidente y el otro por complicidad. Un tirón de orejas es poco. Los dirigentes deben evitar la sobre protección, aunque sean un capital atractivo. Ellos, sin duda, son responsables de sus indisciplinas. También están comprometidos sus entrenadores ¿Están capacitados para contener a estos diamantes en bruto? ¿Poseen un relato distinto para jóvenes de generaciones diferentes al que han entregado toda la vida? A simple vista, parece que no.

En honor a la verdad, en la Casa Alba hay personas valiosas que se esmeran por educar a sus internos. Conozco al profesor Míguez, al coordinador Luis Muñoz, que les entregan valores, hábitos, comportamientos y atienden tres psicólogos que trabajan individualmente con ellos. Hasta cierta edad, son manejables, pero, cuando llega el confort, el dinero, las mujeres y la fama, son incontrolables y aparecen los Jordhy y Cía. Y de esta forma pagan justos por pecadores. Los Morales, Cruz, Thompson, D. Pizarro, Arriagada, Villanueva y tantos otros muchachos por diferentes situaciones, desean y apuran el éxodo de la cantera alba. Ya no les interesa vestir su camiseta. Reciben el llamado a ser héroes de la codicia; creen ellos, sus familiares y su representante.

Morón dice “esto ya parece un jardín infantil” y no está lejos de serlo. “Todos les aconsejamos por donde deben conducir su vida”, replica el gerente deportivo. ¿Tienen las capacidades para hacerlo con convicción y aplicar un modelo terapéutico? Al parecer, los resultados son insuficientes. Pero se insiste en pomadas populacheras de incluir en esta tarea y ensalzar a ex futbolistas tan ignorantes en esas experticias psicológicas como Paredes, Caszely, Barticcioto, Pérez.

La experiencia es útil sólo para remecer los corazones, pero el conocimiento perfora, llega hasta los ocultos recovecos de sus mentes. ¿Serán capaces de ahuyentar en estos muchachos las adicciones perniciosas, equilibrar el avión ante tanta turbulencia presente y futura? Estas “joyitas” serán los artífices de su propio destino. De lo bueno y de lo malo. Se les extrañó en el clásico. De la forma cómo jugó Universidad de Chile, para Jordhy y Damián, era el momento propicio para enaltecerlos.

La dirigencia tiene la palabra. “Lo que Juanito no aprendió, Juan no lo aprenderá”.