Columna de Lucho Abarca: De la estupidez y los estúpidos

En Chile, existe un refrán que todos alguna vez hemos utilizado: “Si los estúpidos volaran, pasaría nublado”. Pero, a decir verdad, no dice estúpidos, dice huevones.

Por LUCHO ABARCA / Foto: GENTILEZA

El asunto de los estúpidos, sean del sexo o “preferencia sexual” que ellos decidan, ha sido siempre tema de debate. En nuestra vida diaria, es raro cuando no volvemos al hogar, contándoles a nuestros seres cercanos, de un encuentro con un estúpido, que terminó en un final desastroso… para nosotros.

Afortunamente, el académico italiano Carlo M. Cipolla nos lanzó un salvavidas: el ensayo “The Basic Laws of Human Stupidity”, obra que muestra como detectar, comprender y, finalmente, neutralizar la estupidez. Cipolla dice: “La humanidad pasa por un estado deplorable. Ahora bien, eso no constituye novedad alguna. El fardo de miserias y desdichas que los humanos debemos soportar, es el resultado del modo improbable (o estúpido), como la vida fue organizada desde sus comienzos.

Agrega Cipolla que “desde Darwin, sabemos que compartimos nuestro origen con otras especies del reino animal”. Y todas aquellas especies, desde el gusano hasta el elefante, tienen que soportar su dosis cotidiana de “tribulaciones, temores, frustraciones, penas y adversidades”. Pero, gusanos y elefantes no tienen que soportar las penurias causadas por otros gusanos y elefantes, particularmente tontos. Sin embargo, los humanos sí tenemos que cargar con un peso añadido, una dosis extra de desdichas provocadas por un grupo de seres humanos: los estúpidos.

Dice Cipolla que los necios forman un grupo “más poderoso que la Mafia o que el complejo militar-industrial norteamericano. Se trata de un grupo no organizado que no tiene estatutos, ni presidente, ni jefes; pero que consigue, no obstante, actuar en perfecta sintonía, como si estuviese guiado por mano invisible: de tal modo que las actividades de cada uno de sus miembros contribuyen a reforzar y ampliar la eficacia de todos los demás miembros”.

Afirma Cipolla que su libro no es producto “ni del cinismo ni del ejercicio del derrotismo social”. Al contrario, dice, “es un esfuerzo constructivo por investigar, conocer y, por lo tanto, posiblemente, neutralizar una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el bienestar y felicidad de los seres humano: los estúpidos”.

Carlo M. Cipolla nació en la pequeña ciudad de Pavia, cerca de Milán, en 1922. Estudió en la Universidad de Pavia, en la Universidad de París, y en la London School of Economics. Tuvo una larga carrera en ciudades italianas, como académico en Historia de la Economía. A los 31 años, ganó la “Beca Fulbright” y viajó a EEUU. Tres años más tarde, ya era profesor en la Universidad de Berkeley.

En California, fue un académico de prestigio. Para ayudar a sus alumnos escribió una serie de ensayos, muy exitosos, por sus temas y manera de exponerlos. El primero fue “El rol de los condimentos, en especial de la pimienta, en el desarrollo económico del Medievo”. Allí afirma que existe una curiosa correlación, entre la importación de especias y el crecimiento de la población en la Edad Media, debido a los efectos afrodisíacos de la pimienta… ¡El ensayo causó furor!

Ese primer ensayo, en 1973, sólo fue mimeografiado. Tres años más tarde, para denunciar lo que Cipolla consideraba como el fraude intelectual, que los académicos cometían en el ejercicio de su labor, escribió el ensayo “Bases Fundamentales de la Estupidez Humana”.

A lo largo de 45 años, Cipolla publicó 18 libros sobre Historia Económica. Pero, su ensayo sobre los estúpidos dormía el sueño de los justos. Hasta que en 1988, dicho ensayo, más el de la pimienta y sus efectos asombrosos sobre el líbido y el aumento de la población, fueron publicados en italiano, bajo el título “Alegro ma non troppo”. Durante 30 años, el libro sólo se conoció en Italia; en 2019, Penguin Random House, de Londres, lo editó en inglés. Las traducciones se multiplicaron. Hoy es un best seller internacional. Pero Carlo Cipolla nunca lo supo, ya que murió en el 2000, en Pavia, su tierra natal.

Cipolla afirma que existen cinco Leyes Básicas de la Estupidez Humana. La Primera Ley: “Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”. Es decir, nos quedamos cortos al calcular el número de estúpidos. Y al averiguarlo, quedamos asombrados.

La Segunda Ley dice que “la probabilidad que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de aquella persona”. Y aquí la cosa se pone divertida. Dice Carlo Cipolla que la proporción de estúpidos es siempre exactamente la misma. La llama la Fracción∑; dice que esa Fracción∑ se repite por igual en todas las razas, en todas las clases sociales. En jovenes y viejos, en hombres y mujeres. Y añade: “El Movimiento de Liberación de la Mujer apreciará esto en todo su valor, por cuanto esta Segunda Ley demuestra que los individuos estúpidos son proporcionalmente entre los hombres como entre las mujeres”.

Cipolla narra un estudio que se realizó entre los estamentos de una universidad. Se midieron los cuocientes de estupidez entre los estudiantes, administrativos, académicos y empleados de servicios. Se pensó que, por venir de estratos sociales bajos y tener menos educación, entre los bedeles se iban a mostrar los niveles más altos de estupidez. Para sorpresa de todos, los cuatro grupos lograron el mismo resultado; la Fracción∑ se repetía exactamente en todos. Era una universidad modesta, por lo que se extendió el estudio hacia los académicos de una universidad prestigiosa. El resultado fue similar. Finalmente, se midió el grado de estupidez entre los ganadores del Premio Nobel… ¡Y la Fracción∑ se repitió exactamente igual!

Dice Cipolla: las implicaciones de esa Ley son “diabólicamente inevitables”. Ya sea nos vamos a vivir “en los círculos más elegantes o entre los cortadores de cabeza de la Polinesia”; o nos encerramos en un monasterio; o decidimos pasar el resto de nuestra vida “entre mujeres bellas y lujuriosas”, en todas partes vamos a encontrar la misma proporción de gente estúpida: la Fracción∑.

La Tercera Ley es, de acuerdo al autor, la Ley de Oro: Cipolla explica que existen cuatro tipos de personas: incautos, malvados, inteligentes y estúpidos. El incauto o ingenuo trata de hacer el bien, pero no sólo no lo logra, sino que se perjudica él mismo. El inteligente realiza actos que benefician a otros, pero, también, a él. El malvado comete actos de los cuales saca provecho, pero perjudica a otros. El estúpido es único, porque no sólo causa daño a los demás, sino que él no se beneficia en absoluto de su acción. De allí, la Tercera Ley dice: “El estúpido realiza acciones que causan daño a otros, sin obtener ningún provecho para sí… O, incluso, saliendo dañado él”.

Cipolla dice que “las personas racionales tienen problemas para comprender comportamientos irracionales”. Y pueden comprender las acciones de un malvado ya que éstas siguen cierta “lógica perversa”. Pero el estúpido es irracional, impredecible. Y por sus actos sufrimos “pérdidas de tranquilidad, dinero, tiempo, energía, sueño, apetito y buen humor”, a causa de las acciones de esas absurdas criaturas.

De estas reflexiones emerge la Cuarta Ley: “Los no estúpidos, subestiman el poder nocivo de las personas estúpidas. Y siempre olvidan que, tratar y/o asociarse con estúpidos se manifiesta más tarde como un costosísimo error”.

La Quinta Ley Fundamental nos cae como un palo en la cabeza: “La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe”.

Y añade, aún más demoledoramente: “El estúpido es más peligroso que un malvado”. En otros capítulos, Cipolla nos muestra gráficos, o hace paréntesis técnicos. Y luego se concentra en las elites, el poder político, monarquías, los prelados, la burocracia, y expone como esas estructuras, formadas por estúpidos, se las arreglan para mantener en el poder a otros estúpidos… Dice Cipolla: “En democracia hay que recordar que la Fracción∑ de los que votan son estúpidos, y que las elecciones les brindan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás, sin obtener ni un beneficio a causa de su acción”.

En resumen, es un libro que justifica todo el prestigio que tiene. Un libro inquietante y gracioso, que se lee en un par de horas, pero que nos deja pensando para siempre. Un libro para reir a carcajadas o para llorar a moco tendido… O ambas cosas al mismo tiempo.

LUCHO ABARCA

Estudió en la Universidad de Chile. Ha ejercido el periodismo en Chile y Australia, desde fines de 1974. En 1972 escribió el libro «Viaje por la Juventud” para Quimantú. Otro libro suyo, “Historias del Blady Woggie”, fue editado por LOM, en 1991. Tiene en prensa otro libro: “20 Cuentos de Fútbol y un Autogol Desesperado“.