La “secretaria” del Mamo Contreras siente pavor de venir a Chile

La larga lucha de Adriana Rivas, ex agente de la DINA que huyó de Chile para ir a esconderse en Australia, llega a su fin. Perdió todas sus luchas con la justicia. Muerta de miedo, se contradice; hoy niega lo que ayer la llevó a vanagloriarse.

Por LUCHO ABARCA, DESDE AUSTRALIA / Foto: ARCHIVO

La señora era pequeña y malencachada, más bien rechoncha…. Su corta estatura aumentaba su anchura. Y era deslenguada, boca suelta. Hablaba de la pura cintura para abajo. Y cuando comenzaba con sus historias de fogosos amoríos de antaño, tenían que taparles las orejas a los cabritos chicos, o mandarlos a la esquina, “para averiguar si estaba lloviendo”. La llamaban la Chani, y a poco de aparecer, ya se había hecho popular.

Los del club Trasandino, creado por chilenos en suburbios del sureste de Sydney, se juntaban en centros comerciales de Matraville, Maroubra, Kingsford y Hillsdale, donde vivía la mayor parte de ellos. Y sus señoras, se reunían en los cafés del enorme y moderno East Lakes Westfield Shopping Centre.

La Chani cayó parada; era desenfadada y hacía reír a las otras señoras, con sus desplantes y anécdotas subidas de tono. También, asistía a la cancha, a ver jugar fútbol a los equipos de Trasandino. Entre los hombres, era aún más desinhibida. Y “cuando comenzaba a entrarle agua al bote”, no la paraba nadie. Contaba de sus viajes por el mundo; de banquetes y bailes en embajadas. De sus amoríos con “príncipes” foráneos. Recordaba a los españoles, con nostalgia: ¡Qué hombres más ricos! suspiraba la Chani. Pero luego, sopesando tal vez sus propios encantos, reflexionaba con ecuanimidad: ¡Pero no es fácil atrapar a un europeo!…

En aquel tiempo, el club había formado un grupo de teatro, que puso en escena, a fuerza de ñeque, “La Pérgola de las Flores” y “La Remolienda”. Uno de los actores, Alberto “Pierre Le Peluquier” Petit, recuerda una faceta de la Chani. El día de la presentación, y cuando comenzaba a llegar gente al teatro, se asomó por entre las cortinas y vió a la Chani avanzar por el pasillo, con un abrigo de pieles que le arrastraba por el suelo y la asemejaba a un oso pardo. En Sydney, incluso en invierno, el clima es extremadamente húmedo y cálido. Y vestir pieles no sólo es un despropósito, sino que un atentado contra tu cuerpo, rayano en el masoquismo… “¡Querría impresionarnos con su elegancia y sentido de la ocasión, la Chani!”, reflexiona Petit. Pero añade: “¡Seguro, el abrigo de piel sería de conejo!”.

Sabían que la Chani era separada, que trabajaba aseando casas. Y que era narcisista, pero inofensiva. Pero un buen día, sin embargo, desapareció. Había sido arrestada en Chile mientras visitaba familiares. Su nombre era Adriana Rivas y había sido agente de la DINA. Estaba acusada por su directa participación en crímenes contra la humanidad.

Nacida en 1953, tenía 20 años en momentos del golpe militar. No está aún claro qué contactos usó para ingresar a la DINA. Pero, ella misma lo ha reconocido: a partir de 1973, trabajó cuatro años en la DINA. Y en una entrevista con el canal de TV-SBS Australia, embriagada de placer, declaró que habían sido “los mejores años de su juventud”.

Luego que los asesinatos del general Prats y Orlando Letelier le crearan crisis internacionales serias, Pinochet disolvió la DINA, a fines de 1977. La instrucción a los agentes fue “desaparezcan del mapa”. En febrero del 78, la Chani viajó a Australia como “cónyuge pedida”; su apellido de casada era Ahumada. Y durante 20 años, permaneció sumergida. Viajaba a visitar su familia en Chile, que la recibía como la “tía viajera y rica”. Al perder el miedo que la reconocieran, se acercó al Trasandino. Empezaba el milenio, la Chani tenía casi 50 años. Se sentía sola y quería tener pareja.

Entonces, en uno de esos viajes a Chile, en 2007, fue detenida. Acusada, como agente de la DINA, del secuestro, tortura y asesinato de siete miembros de la dirección del Partido Comunista; permaneció tres años, detenida o en libertad bajo fianza. Pero, en el 2010, huyó de la Justicia chilena, saliendo ilegalmente del país.

De vuelta a Sydney, no volvió a sus amistades del Trasandino, sino que vivió anónimamente en Bondi, un suburbio del Este, en un edificio del fisco para personas de pocos recursos. En Chile, mientras tanto, el Poder Judicial demoraba cuatro años en lograr que la Corte Suprema aprobara su pedido de extradición.

Tres años después de haber huido de Chile, Adriana ya se había tranquilizado. Seguía sin darse a ver, pero calculaba que el peligro ya había pasado. Y por eso, aceptó darle una entrevista a una periodista del canal SBS-TV. Allí, su narcisismo la traicionó. Se vanaglorió de su pasado. Describió a la DINA como un empleador de fantasía. “Cuando llegué a la DINA fue otro mundo para mí… Ropas caras, vestida de cabeza a los pies, cuatro veces al año”. Se le salió el arribismo y se embaló: “Para alguien de clase media como yo, con una educación media… ¿tú crees que yo habría tenido la oportunidad de asistir a cenas con los embajadores? ¿O que te lleven en limusina de aquí para allá?… ¿En los mejores hoteles? ¿Irse a Portillo por una semana?”… La periodista la observa, seria. Y Adriana, que no sabe cómo parar, habla de su gran orgullo de haber servido como guardaespaldas armada de Pinochet, cuidando la puerta de la habitación del hotel, durante sus giras por provincias.

Luego, en la entrevista, miente al contar como huyó de Chile:

“Estaba desesperada hasta que un señor que yo no reconocí y que me conocia desde chica, me saludó en la calle”. Y que la invitó a su oficina y prometió ayudarla a salir del país. Y la llamó una tarde y le dijo que estuviera lista, “que en dos horas la pasaban a buscar”. Que viajó a Mendoza, en auto. Y en Mendoza le dieron dinero para que tomara un bus a Buenos Aires. Y ese día, ella compró los pasajes y viajó a Australia, esa misma noche. ¡Así de fácil!… Evidentemente, es falso. La sacaron ex agentes de la Dictadura, para asegurarse que no hablara. Todo preparado. Una operación de inteligencia paramilitar, incluyendo la compra previa del pasaje a Australia.

Sin embargo, lo que causó más impacto, fue su perorata en que justificó la tortura. Durante un minuto y 13 segundos se explayó en que la tortura era necesaria, porque, según ella, “los comunistas son cerrados.. para que hablen, hay que quebrarlos”… Ante la mirada de estupor de la periodista, afirmó que “todo el mundo en Chile sabía que se torturaba, era un secreto a voces”. Dijo que se torturaba en todo el mundo; que los nazis lo hicieron, y lo hacen en Estados Unidos. “Porque eso que se ve en las películas, de las inyecciones pa’que hablen, no existe… Tampoco los métodos sicológicos funcionan”. Es decir, según Adriana Rivas, torturar es más práctico y efectivo.

Un año después de la entrevista, en 2014, la Corte Suprema de Chile finalmente aprobaría pedir a la justicia australiana la extradición de la prófuga, cuatro años después de su fuga. Y se inicia una larga batalla entre abogados del Estado chileno y de la ex agente de la DINA. Entonces, surge la pregunta. Adriana Rivas vive en un pequeño piso de la Housing Commission, entidad del fisco australiano, y que arrienda viviendas a personas de bajos recursos y a muy bajo costo. ¿De dónde saca ella recursos para contratar abogados?

La Chani comienza a mostrar miedo. En un documental hecho por una comprensiva familiar, da marcha atrás. Dice horrorizarse de lo que hacía la DINA. Pero en la entrevista con SBS dijo que todo el mundo sabía de las torturas. Es decir, todo el mundo menos ella, que era una simple secretaria. ¡Vaya con la secretaria guardaespaldas!… Ya no justifica la tortura. Y se defiende con voz quejumbrosa.

Entre 2014 y 2022, la ex agente de la DINA libra batallas, en cortes locales, estatales y federales, para evadir la extradición. Las pierde todas, ante jueces y cortes en pleno, en Sydney, en el estado de New South Wales y en la High Court. En una de esas derrotas, Adriana es arrestada, en febrero del 2019. Y desde ese momento, permanece en prisión.

Alegatos por la extradición, peticiones para solicitar su libertad condicional, para anular juicios anteriores, o apelaciones, los pierde todos. En el último de ellos, el 9 de mayo del 2022, la Corte Suprema, dictamina que se ha terminado el proceso legal y que la ex agente de la DINA no puede evadir más su extradición.

En los últimos meses, ha sufrido de achaques, tiene más plagas que las que sufrió el Mamo Contreras antes que lo mandaran a Punta Peuco; en 1995, el Mamo sufrió de la “Enfermedad del Soldado”: le dolía la cabeza y todo el cuerpo. Ese mismo mal está afectando a Adriana Rivas. Los mal pensados dicen que son excusas baratas, para no venir a Chile a enfrentar la música.

Un elemento que ha demorado la extradición es el cambio de gobierno que ocurrió el año pasado, tras una elección, el 21 de mayo del 2022. Cambio que ocurrió 12 días después de la decisión de la Corte Suprema australiana, respecto a la ex agente de la DINA. Y la firma del cúmplase, tiene que ponerla el nuevo ministro de Justicia, que ha estado ocupadísimo en la preparación de un plebiscito para cambiar la Constitución y darle nuevos derechos al pueblo aborígen.

La Justicia se toma su tiempo; los tratados de extradición son manejados por los países involucrados y supervisados por Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Hay que cumplir protocolos que aseguran un traslado eficiente, y en que participa la Interpol, para garantizar la seguridad del procesado, que se presume inocente de los cargos, hasta que se puebe su culpabilidad. El país que solicitó la extradición no podría, por ejemplo, decir que el acusado se cayó del avión en pleno vuelo: “Nos pidió permiso para ir al baño, pero abrió la puerta equivocada”. Que sería, posiblemente, la recomendación que habría aconsejado Adriana Rivas, “en sus años felices”.

Pero, a Alberto Petit, el “Pierre Le Peluquier” de Sydney, sólo le preocupa si la ex agente de la DINA será extraditada en invierno o en verano. Porque le preocupa que Adriana Rivas vaya a viajar a Chile en enero, ataviada de pieles. “¡La comadre no puede viajar con el abrigo de piel de conejo, cuando los pájaros anden cayendo asados!…”.

 

LUCHO ABARCA

Estudió en la Universidad de Chile. Ha ejercido el periodismo en Chile y Australia, desde fines de 1974. En 1972 escribió el libro «Viaje por la Juventud” para Quimantú. Otro libro suyo, “Historias del Blady Woggie”, fue editado por LOM, en 1991. Tiene en prensa otro libro: “20 Cuentos de Fútbol y un Autogol Desesperado“.