Columna de Lucho Abarca: “Volver a los 17”, en una brillante película croata

El genio universal de Violeta Parra es una fuente eterna de sorpresas. Su fama crece exponencialmente en el plano internacional. Violeta y «Volver a los 17”, son elementos clave en una hermosísima y galardonada película croata, “Murina”.

Por LUCHO ABARCA / Foto: ARCHIVO

Hace unos días, vi en Australia, país donde vivo, una película croata extraordinaria: “Murina”. Es el primer largometraje de una joven directora, Antoneta Alamat Kusijanovic, que también escribió el libreto. Causó sensación en el famoso Festival de Cannes, de 2021, y ganó dos galardones: el “Caméra d’Or”, por su gran cinematografía, y al mejor director debutante.

Ambientada en una remota, rocosa y bella isla del Adriático, la película, producida por Martin Scorsese, es muchas cosas a la vez: es la dolorosa historia de una hermosa y atractiva muchacha que se está convirtiendo en mujer; es una nebulosa historia de amor en el pasado; es la historia de una familia disfuncional; es un alegato contra el machismo patriarcal. Y, finalmente, es un canto a la libertad y a la lucha que debemos librar para alcanzarla.

Aunque hay algunos personajes menores, el argumento y su tensión dramática está centrada en cuatro protagonistas: Julija (pronunciado Yulia), adolescente de 17 años, retraída y rebelde, que está despertando al sexo y al amor, y que se resiente por el trato brutal que su padre le da, tanto a ella, como a su madre, la otoñal pero bellísima Nela, sumisa y complaciente con su marido, pero tímidamente solidaria con la creciente rebeldía de su hija. El padre, Ante, a quien Julija ayuda en la pesca artesanal con arpón, es ferozmente agresivo. Se comunica con los demás mediante el control extremo y el insulto.

La acción se desarrolla durante una semana de creciente tensión, luego que llega a la isla el cuarto protagonista, Javier, amigo de juventud de Ante, posiblemente español, aunque eso no se precisa. Javier, multimillonario hombre de negocios, viene a visitar a sus amigos, a quienes no ha visto en años. Pero también viene a bucear. Javier es mundano, jovial y carismático. Ante y Nela lo agasajan, a él y a su comitiva, con una cena de bienvenida. Y se queda con ellos por unos días. El padre, en su impaciencia y afán por agradar a Javier, pasa a llevar y denigrar a su familia. La razón, más que su antigua amistad, es que Ante desea vender terrenos isleños a Javier, para construir en ellos un balneario de lujo.

La sencilla y atractiva Juliya, se pasea en un ajustado traje de baño inconsciente del atractivo sexual que ejerce. Acepta, pero sin gran entusiasmo, la idea comercial de su padre, ya que ella es una especie de sirena que vive en el agua. Aquel es un mundo del que no quisiera salir. Y cuando Nela le implora que muestre entusiasmo, porque el éxito de la idea le va a permitir a la familia irse a vivir a Zagreb, donde ella podría ir a la universidad, Juliya responde que el dinero va a poner incluso peor al padre abusivo.

¿Y qué tiene que ver Violeta Parra con aquello? Muy sencillo, porque a medio andar de la historia, tras la cena en familia, Javier toma su guitarra y comienza a cantar “Volver a los 17”, de Violeta Parra. Javier es interpretado por el actor neozelandés Cliff Curtis quien, por ser maorí, se ha especializado en representar personajes “étnicos”. La canción despierta curiosidad en Juliya.

Días después, Juliya de nuevo escucha la canción, esta vez emergiendo de un tocadiscos. Javier le pregunta a Julija si sabe de qué se trata. Ella dice que no. “Es sobre enamorarse… como sólo podrías estarlo a los 17 años”, le explica Javier. La ya sexualmente inquieta Juliya tiene, precisamente, esa edad.

La historia entre los cuatro personajes es, a la vez, juguetona pero crecientemente amenazante. Sentimos que una borrasca se cierne sobre el paraíso. Juliya descubre que existe atracción física y latente entre su madre y Javier, posiblemente, producto de una relación en el pasado. Y advierte que Ante, su padre, frustrado por el desinterés de Javier y el escaso avance de su plan, agudiza aún más su brutalidad hacia las mujeres. Julija le propone a su madre huir con Javier, y las tensiones entre todos se extreman.

El final, tras una serie de actos de violencia física y sicológica, está concebido como un enigma. Críticos y espectadores le han dado a los últimos minutos del filme una interpretación diferente.

El nombre de la película, “Murina”, deriva de la palabra croata que describe a las morenas, esas repelentes y feroces serpientes marinas que viven emboscadas en cuevas marinas, a la espera de su presa. La primera escena, muestra a Julija arponeando a una morena. La mujer que les está ayudando a preparar la cena, le dice a Julija: “Una murina arponeada corta a dentelladas su propia carne, para así liberarse”.

Tal vez, es el precio que deba pagar la indomable Julija para obtener su libertad. Es el viaje emocional y sicológico que Juliya tiene que emprender, para ser adulta. No puede esperar ayuda de nadie. Ni de su madre, ni de Javier, ni muchos menos de su tiránico padre. Tiene que hacerlo ella sola. Al concluir el filme y comenzar sus “créditos”, emergen los sones de “Volver a los 17”, esta vez en forma completa e ininterrumpida. Y así termina la película.

El genio y atractivo universal de Violeta queda una vez más en evidencia. ¿Cómo explicar, si no, su música, poesía y filosofía en una película croata, con un famoso actor neozelandés, producida por el cineasta Martin Scorsese y que ganó múltiples premios en el más prestigioso festival internacional de cine, en Francia?

La razón es que, desde hace mucho tiempo, Violeta Parra, esa gran chilena, pasó a ser patrimonio universal.

LUCHO ABARCA

Estudió en la Universidad de Chile. Ha ejercido el periodismo en Chile y Australia, desde fines de 1974. En 1972 escribió el libro «Viaje por la Juventud” para Quimantú. Otro libro suyo, “Historias del Blady Woggie”, fue editado por LOM, en 1991. Tiene en prensa otro libro: “20 Cuentos de Fútbol y un Autogol Desesperado“.