Columna de Marco Sotomayor: Después del fuego, antes de la paz…

Por mi trabajo como periodista estoy en contacto a diario con los medios y con las redes sociales. Ergo, con la opinión pública. Y, salvo lo que dicen la encuesta Cadem y los sectores más ultras de la oposición, el Gobierno actuó con criterio, rapidez y diligencia ante los incendios que azotaron a la V Región, primero, y a la zona centro-sur de nuestro país, después.

Por MARCO SOTOMAYOR / Foto: ARCHIVO ATON

Lejos de otras desprolijidades (sobre todo, comunicacionales), el equipo gubernamental que se desplazó a las regiones de Ñuble, Maule, Bío Bío y la Araucanía -matices más, matices menos- estuvo a la altura del desafío: ayudando y conteniendo emocionalmente a los damnificados.

Un buen ejemplo fue Esteban Valenzuela, titular de Agricultura: el primero en llegar y el último en irse de las zonas afectadas, y el único «ministro de enlace» que no fue reemplazado durante el ejercicio de esa gestión. Curiosamente, debió pagar un alto costo político por insinuar la creación de un impuesto (no royalty) para las madereras…

Sin embargo, el fuego se extinguirá pronto (esperamos), y La Moneda deberá afrontar otros embates y en un mes tradicionalmente complejo en materia política: marzo. Ya, por ejemplo, se anuncian cambios en el gabinete (Deportes, Educación y RR.EE. asoman como los fusibles más rápidos en explotar).

Ahí habrá que mirar a través de las cortinas de humo que dejaron los incendios forestales: habrá que mirar ese bosque conformado por los troncos que sostienen nuestra institucionalidad, los cuales, como siempre debiese ser, tienen sus raíces profundas en valores y declaraciones de principio.

Retomar, en síntesis, el relato que el Presidente Gabriel Boric y su equipo enarbolaron durante su campaña: combatir las malas prácticas, que en Chile se entronizaron hace décadas.

Recordemos que el ministro Giorgio Jackson irritó la hipócrita epidermis de la clase política, al declarar: «Nuestra escala de valores y principios no sólo dista del gobierno anterior, sino que creo que frente a una generación que nos antecedió… Tenemos infinitamente menos conflictos de interés que otros que trenzaban entre la política y el dinero».

Por eso, en la segunda vuelta, la ciudadanía se inclinó mayoritariamente por la opción Boric, y no porque al frente estuviese el ultraderechista José Antonio Kast, sino por la promesa de abandonar esos viejos hábitos y vicios.

Y esa mera perspectiva trajo una brizna de confianza para lo que se vendría.

QUÉ HA PASADO?

Llevamos casi un año desde el advenimiento del actual gobierno: desprolijidades varias, una oposición básica, pero implacable, e incendios que dejan miles de damnificados marcan estos once meses de gestión.

Sólo eso? No. Está, también, la instalación del fiscal nacional.

Y aquí es donde el relato, las intenciones y las declaraciones de principio del Presidente se disipan más rápido que el humo que envolvió parte de nuestro sur.

Ángel Valencia Vásquez se convirtió en el rostro símbolo de lo que la gente no esperaba de este gobierno, y mandó al carajo la credibilidad y los discursos presidenciales sobre la probidad y la erradicación de las malas prácticas políticas.

Sus vínculos estrechos con Álvaro Elizalde (son compadres) ya, por sí solos, debieran haber anulado sus opciones de llegar a un organismo que tiene que garantizar la transparencia y la ecuanimidad en los procesos penales a su cargo, sobre todo en materia de corrupción. Y siempre bajo un principio de objetividad, sin vínculos que gatillen prejuicios en sus fallos.

Pero, no contento con eso, Valencia Vásquez ocultó sus nexos personales y profesionales con Felipe Guevara, ex alcalde de Lo Barnechea y ex intendente de la Región Metropolitana. O sea, mintió. Al Senado, a los medios, a la opinión pública… ¿También al Presidente? No sé, pero, a pesar de tamaña deshonestidad, ¡fue ratificado en el cargo!

Cito, textual, parte de una brillante editorial del diario El Mostrador sobre este tema: «El abogado Valencia, para lograr su designación, le mintió al Senado de la República, lo que contraviene la fe pública, la transparencia y la legalidad misma de todo el proceso. Y esto, para colmo, con el apoyo directo o indirecto, adrede o por desidia, de la ministra Tohá, del presidente del Senado y de la mayoría de los senadores en ejercicio. En Estados Unidos, Richard Nixon perdió la presidencia de la Unión cuando se comprobó que le había mentido al Senado; ni más ni menos».

¿Cuál fue la respuesta de La Moneda? Silencio. El mismo silencio que mostró el segundo gobierno de Sebastián Piñera cuando el periódico El Ciudadano tituló en portada que Chile eligió como presidente a un ladrón de bancos…

«El que calla, otorga», dice el refranero popular.

Ojalá que a esta administración, producto de su actuar diligente en el combate contra los incendios forestales, no se le vayan los humos a la cabeza y crea que la tarea está cumplida. Queda mucho por hacer, y en áreas tanto o más trascedentes que la ayuda a los damnificados.

Acciones que generen una mínima confianza entre la ciudadanía y nuestras instituciones. Retomar la credibilidad, la transparencia, el bien común.

Lo de Valencia, lamentablemente, apunta hacia la dirección contraria.