Columna de Marco Sotomayor: Las mentiras de Juan Tagle y cómo en la UC se relativiza la violencia

Hace rato venimos señalado, enérgicamente, que la barra brava de Universidad Católica está a la altura de las peores de nuestro país. En 2022, convirtió a San Carlos de Apoquindo en un estadio peligroso, tanto, que fue sancionado nacional e internacionalmente. Esos castigos, sin embargo, no afectan al lumpen cruzado, que anoche volvió a hacer de las suyas, quizás amparado por la complicidad del máximo dirigente del club y hasta de los propios jugadores.

Por MARCO SOTOMAYOR / Foto: TWITTER (X)

Restaba poco para terminar el pleito entre Católica y Ñublense en el Santa Laura (con difícil triunfo estudiantil, hasta ese instante, por 2-0), cuando desde el sector sur del recinto cayó una lluvia de bengalas sobre la cancha que obligó a la suspensión del partido por casi diez minutos.

Nos preguntamos el porqué de esa reacción, en circunstancias de que el equipo estaba ad portas de obtener su primer triunfo en el Torneo Nacional con Nico Núñez en la banca.

Una conducta extraña en lo coyuntural, pero para nada sorpresiva en la historia reciente del club: el lumpen devenido en barra transformó el año pasado al estadio San Carlos de Apoquindo en un campo de batalla, agrediendo a los rivales, generando avalanchas de público, invasión al campo de juego y, cómo no, arrojando bengalas a los propios jugadores.

No contento con eso, llevó la violencia a Valparaíso y una bomba de ruido lesionó a Martín Parra, arquero de Universidad de Chile, poniendo término al clásico universitario más corto de la historia.

Recordemos que ese partido debió jugarse sin espectadores, pero el manejo impúdico de la segunda sala del tribunal de penalidades, encabezada por un activo dirigente de la UC (Stefano Pirola), determinó lo contrario.

Este año, jugando en Plaza Chacabuco por la remodelación de San Carlos, los cruzados recibieron a Colo Colo por la Copa Chile a estadio vacío: efecto de las sanciones que ha padecido La Franja por culpa de la violencia ya descrita.

Y es aquí donde emergió nuevamente la figura de Juan Tagle, presidente de Cruzados, quien en su manía de expresarse por redes sociales escribió en su cuenta de Twitter: «El fútbol chileno no puede seguir jugándose sin público, menos un clásico. El daño es tremendo. Esa sanción debe aplicarse a casos en que los clubes no cumplan con las normas de seguridad acordadas, no por situaciones fuera de su control, que es lo que dice la normativa».

¿Situaciones fuera de su control? ¿Acaso Católica aplica los protocolos y medidas de seguridad para erradicar lo que se vio anoche? ¿Acaso se hicieron cargo de lo que ocurrió el año pasado? 

(Comparto extracto del programa La Tribuna, en Inicia Radio, en el cual, junto con el periodista Matías Alcántara, interpelamos al directivo: 

Tagle, ya como mentiroso compulsivo, sigue endilgando responsabilidad al empedrado, sin hacer nada para terminar con la delincuencia enquistada en su barra hace largo rato… Largo rato, señor Tagle. Porque lo de ayer es un episodio más dentro del grueso prontuario que ya exhibe SU barra brava.

Pero la situación empeora con las declaraciones del mejor jugador y goleador del equipo, el argentino Fernando Zampedri. Consultado sobre el vergonzoso epílogo del duelo ante Ñublense, el ahora capitán estudiantil señaló: «No sé qué pasó, por qué se manifestaron así. Ellos sabrán. Es parte del fútbol, no creo que esté bien, pero lo habrán hecho por algo».

¿Es parte del fútbol? ¿Lo habrán hecho por algo? ¿Ellos sabrán? 

Declaraciones como éstas bastarían para quitarle la jineta, más allá de su aporte futbolístico y de sus goles…

Cierro con una reflexión sobre esa entelequia llamada Estadio Seguro, una de las instituciones más inútiles creada por el estado chileno: sigue siendo un ente decorativo, que no puede fiscalizar ni sancionar, financiado por todos nosotros. Ah, y a cargo de una ex alta funcionaria de… Universidad Católica.