Columna de Marco Sotomayor: Pablo Milad, ¿por qué no te vas?

La administración del actual presidente del fútbol chileno está entre las peores de la historia (quizá la peor), no sólo por su ineptitud endémica y escasa gestión, sino por sus constantes guiños a la ilegalidad, vulnerando normas del Estado chileno y de la propia FIFA. Ahora, después de recibir el mazazo de quedarnos afuera de la organización del Mundial 2030, la pregunta que encabeza esta columna está en boca de todos.

Por MARCO SOTOMAYOR / Foto: ARCHIVO

«Antes de la caída está la soberbia», dice el refranero popular. Si no, que lo diga el ex presidente de la Real Federación Española de Fútbol, quien, tras violentar a una jugadora de su país a vista y paciencia de medio mundo (literal), se aferró al cargo sólo bajo el alero de su impresentable «no voy a dimitir».

Días después, Luis Rubiales fue alejado casi por clamor popular: simplemente, su presencia en la testera de ese organismo era impresentable.

¿Por qué Rubiales se expuso hasta las últimas consecuencias, sabiendo que la opinión pública le había bajado el pulgar? La respuesta es la misma de siempre: el ego y los dólares. O euros, en este caso: el personero recibía cerca de 60 mil mensuales por presidir la Federación.

Acá, está ocurriendo casi lo mismo: un timonel de reconocida ineptitud y subsumido por la ilegalidad, se niega a dar un paso al costado. ¿Las razones? Las ya mencionadas.

Porque motivos existen -y muchos- para que Pablo Milad hubiese renunciado minutos después de la noticia que recibimos ayer. O antes. Mucho antes.

Al margen de que el fútbol chileno cada día está más depreciado (a nivel local e internacional), la actividad se mueve, sin pudicia, en la ilegalidad: los convenios con las casas de apuestas -potenciadas bajo esta administración-, la nula voluntad para separar la Federación de la ANFP, la impunidad otorgada para que los representantes de futbolistas estén en la propiedad de los clubes, entre otras cosas, hubiesen bastado para terminar con su administración.

Hablamos de vulneraciones a las normas FIFA, pero también a nuestra legalidad en cuanto país. No cabe la vieja y estúpida monserga de que el fútbol es una «actividad aparte, privada, con sus propias leyes», como nos han tratado de convencer hace décadas.

La administración de Milad cruzó los límites: por eso intervino el Gobierno, a través del Ministerio de Justicia. Y por eso la FIFA (que tiene ojos y oídos en todas partes) nos humilló al dejarnos fuera de la organización del Mundial 2030 (ojo: Chile sí está preparado para albergar UN partido del evento) y nuevamente somos el hazmerreír del barrio.

¿Qué falta? Escuchar a Milad, diciendo: «No voy a dimitir…», con la soberbia y audacia que suelen tener los ignorantes, pero que en este caso, además, esconde un grito desesperado por no perder los miles de dólares que recibe ocupando una de las vicepresidencias de la Conmebol (sí, otra de las entidades que acaba de desairarnos) y la constante presencia mediática que alimenta su ego.

Así, el fútbol chileno seguirá cayendo al abismo dentro y fuera de la cancha, con un presidente aferrado a la billetera y a la fantasía de trascender como estadista. Lo hará, pero por razones totalmente distintas…