Columna de Marco Sotomayor: Senadores, ¿no creen que cruzaron el límite de la decencia?

La Cámara Alta, una de las instituciones más desprestigiadas y menos creíbles de nuestra república, ratificó su nómina de doce personas que integrarán la Comisión de Expertos para el nuevo proceso constituyente. Entre los nombres figura el de Hernán Larraín Fernández, acérrimo defensor de la Colonia Dignidad, secta neonazi y liderada por un pederasta. 

Por MARCO SOTOMAYOR / Foto: ARCHIVO ATON

Aunque hay varios «expertos» que generan desconcierto y hasta un buen ganado rechazo (Katherine Martorell y Teodoro Ribera, entre otros), la aparición de Hernán Larraín Fernández supera todos los márgenes de la credibilidad y del respeto.

Abogado, ex presidente de la UDI, ex senador y ex ministro de Justicia y de Derechos Humanos (en el segundo gobierno de Sebastián Piñera), vertebró su carrera política a través de una cerrada defensa de Colonia Dignidad, el enclave neonazi en la comuna de Parral (Región del Maule, curiosamente, por donde Larraín fue senador por… 24 años).

Ya en 1991, durante la presidencia de Patricio Aylwin, él, junto a Jaime Guzmán y otros personeros de la UDI y de Renovación Nacional, se opusieron a que se eliminara la personalidad jurídica de la secta, recurriendo, incluso, al Tribunal Constitucional.

Frente a las evidencias de que en Colonia Dignidad hubo flagrantes violaciones a los Derechos Humanos en la época de la dictadura cívico-militar de Pinochet (de la cual Larraín fue un incondicional partidario), abusos contra menores y acopio de material de guerra (incluidas armas químicas), el entonces senador defendía «la obra y el legado» de Paul Schäfer, aduciendo de que todo se trataba de un montaje policial, motivado por razones políticas.

Dado que estamos en Chile, el hecho de que Larraín fuese un alcahuete de la secta y de su líder no fue óbice para que Sebastián Piñera lo elevase como ministro de Justicia y de DDHH, situación que ni siquiera la hubiese imaginado George Orwell en su peor distopía, y que, de paso, sirvió para evaluar el fondo valórico del gobierno de aquel empresario devenido en Presidente.

Ahora, cuando el nombre de Hernán Larraín estaba fuera de los radares públicos, surge, de súbito, como uno de los «expertos» ratificados por la Cámara Alta para escribir una nueva Constitución.

Aquí es donde se encienden las alarmas, y la indignación de la ciudadanía apunta nuevamente hacia senadores y senadoras.

¿No creen que podrían exhibir, aunque sea por un día, algo de pudor? No mucho, pero sí lo suficiente para darse cuenta de esta aberración y corregirla. ¿Mostrar respeto por sus electores? Si no, ¿algo de autorespeto? ¿quererse un poco? ¿ponerse en la vereda de la decencia?

Ustedes tienen la palabra.