Columna de Pedro Lienqueo: Reverencia a la estupidez

Pasados los 80 minutos del partido entre Universidad Católica y Ñublense en Santa Laura, la barra de la UC encendió bengalas y las lanzó a la cancha. Uno vez terminado el encuentro, los jugadores fueron a cantar con quienes intervinieron el desarrollo del juego.

Por PEDRO LIENQUEO / Foto: TWITTER (X)

No es primera vez que lo hacen ni tampoco son los únicos. Es raro y no cuadra que los jugadores de Universidad Católica festinen con su barra que ha protagonizado hechos vandálicos dentro y fuera de los estadios.

A los 80’ del partido ante Ñublense en Santa Laura, los barristas de la UC, ubicados en el sector sur, encendieron bengalas y las lanzaron a la cancha, provocando la suspensión de ocho minutos, aproximadamente, del encuentro que lo ganaban parcialmente los locales por 2-0.

Cualquiera diría que eso generó molestia en los futbolistas, pero, al parecer, eso no fue así. Ya que, una vez terminado el juego, los jugadores de Católica les hicieron una reverencia -moviendo las manos y cantando- a los hinchas ubicados en el sector donde ocurrieron los hechos.

El festejo fue como si hubiesen validado y respaldado el actuar de los que pudieron haber herido a un espectador, pasapelotas, guardias e, incluso, a los mismos jugadores. Nicolás Peranic estaba muy cerca de esa tribuna.

¿Y qué pasa con el resto de hinchas que se fueron del recinto una vez que cayeron los objetos? ¿Qué pasa con los que se quedaron en las otras tribunas y que sí fueron a ver el partido? ¿Qué tienen los barristas que no tienen los demás fanáticos?

Los jugadores parece que sólo se acuerdan de los que han generado más de un problema, los que no les importa el fútbol (van a cantarse a ellos mismos) y los que son capaces de suspender la actividad con tal en enaltecer su ego. «Sin ustedes, no ganábamos», les faltó decir a los jugadores cruzados.

Además, el hecho empañó el primer gol como profesional del joven Jorge Ortiz, quien es uno de los jugadores proyectables del alicaído fútbol chileno. Al momento de recordarlo en el futuro, seguramente, se le vendrá a la mente que el partido se detuvo por incidentes cerca del final.

Este malestar no es un ensañamiento específico contra la UC, porque también sucede en otros equipos, cuyos jugadores, al momento de entrar a la cancha, se dirigen inmediatamente al sector de la barra, haciéndoles un tributo especial. El resto viene después. Lo correcto y educado sería que celebraran y saludaran por igual a todos los espectadores en el centro del terreno de juego, por respeto al que va a ver el partido, al socio, al abonado, al que sabe de la historia de su club y el que nunca ha generado desórdenes en una tribuna. Estos últimos son los verdaderos fieles.

Celebrar y levantarles la mano a los violentos es reivindicar lo que hacen, como también lo hicieron algunos “genios” e “intelectuales” que validaron a las barras bravas como “luchadores sociales” para el estallido social.

Que los jugadores condenen la violencia en los estadios es un gran paso, teniendo en consideración que tanto dirigentes como autoridades del país no están haciendo nada al respecto. Los que vamos al estadio, cuando podemos, ya nos cansamos de ver este tipo de actos que impiden el desarrollo del juego, que es lo más importante, no la parafernalia y la «fiesta» de los orcos.