Columna de Pedro Lira: Luces y sombras de un evento esperado por 50 años

Finalizando los Juegos Santiago 2023 se cierra un período de aprendizaje, y con el tiempo se volverán a conocer más detalles de las luces y sombras que se han dado en torno de los dos eventos que concitaron el interés de la ciudadanía.

Por: PEDRO LIRA BIANCHI / Foto: ARCHIVO

El domingo 26 de noviembre se cierra “una parte” del ciclo Juegos Panamericanos y Parapanamericanos Santiago 2023. Se terminan los eventos deportivos. Específicamente, finalizan los VII Juegos Parapanamericanos.

Así, se pondrá fin en Chile a un período de aprendizaje, virtuosismos y gestiones, algunas acertadas y otras de muy dudosa gestación y concreción. Estas últimas, de seguro, darán que hablar en las próximas semanas y meses. Poco a poco, como ya sucedió desde diciembre de 2021 hasta agosto de 2023, cuando comenzó un paréntesis por los Juegos, pero no un olvido, se volverán a conocer más detalles de las luces y sombras que se han dado en torno de estos dos eventos que han concitado el interés de la ciudadanía, los medios de comunicación y las autoridades, comenzando por el presidente de la República, Gabriel Boric.

Viendo algunas luces que aún estarán encendidas hasta este domingo, cuando en la misma Villa Panamericana de Cerrillos se haga la ceremonia de Clausura, recordamos que el 20 de octubre se abrieron los XIX Juegos Panamericanos. Participaron cerca de seis mil deportistas (664 chilenos) en 39 deportes, y el Team Chile obtuvo un positivo octavo puesto, con 12 medallas de oro, 31 de plata y 36 de bronce, totalizando 79 preseas.

Ese total significa que con respecto a Lima 2019 nuestro país aumentó su medallero general en un 58 por ciento, pero no pudo superarse la cantidad de oros.

La dinámica deportiva continuó el 17 de noviembre con la apertura de los VII Juegos Parapanamericanos, sus dos mil para-atletas (166 de Chile) en los 17 para-deportes en competencia.

Hasta este viernes 24, Chile se ubicaba en el sexto lugar, con 47 medallas (14 de oro, 19 de plata y 14 de bronce), mejorando en un 42 por ciento su actuación en Lima 2019, donde la puesta en escena chilena cosechó 10 medallas de oro, 12 de plata y 11 de bronce.

En los dos días que restan para finalizar el evento, es probable que Chile engrose su medallero debido, entre otras competencias, a que atletas nacionales disputarán dos finales en el paratenis en silla de ruedas. Si Chile logra mantener el 6° puesto o incluso ocupa el 7° lugar, habremos sido testigos de la mejor actuación del país en la historia de los Juegos Parapanamericanos.

FENÓMENO SOCIAL

Del resultado deportivo pasemos a una consecuencia social de los eventos: es probable que, por la presencia de las dos más grandes delegaciones de Chile en la historia Panamericana y Parapanamericana, estemos viendo uno de los fenómenos más sobresalientes de los Juegos: la masiva, emotiva y respetuosa participación de la ciudadanía.

Si el director ejecutivo de la Corporación Santiago 2023, Harold Mayne-Nicholls, anunció post Juegos Panamericanos que estos convocaron a 1.4 millones de espectadores directos en los distintos recintos en las cuatro regiones donde se efectuaron, es muy posible que en el recuento final de ambas competencias, el ejecutivo indique que solo a los Parapanamericanos asistieron 600 mil o más personas, logrando entre el dúo de Juegos atraer unos dos millones de espectadores, cifra sin precedentes en la historia de estos eventos.

El fenómeno descrito refleja que competencias internacionales deportivas de buen nivel hechas en Chile, con 41 países presentes en los juegos convencionales y 31 estados en los parajuegos, una organización más que aceptable (ni los Juegos Olímpicos se salvan de errores), recintos nuevos y renovados (algunos de altísima calidad), cientos de horas de transmisiones televisivas y amplia cobertura multimedial, han deslumbrado a los chilenos de todas las edades y posiblemente también de todos los estratos sociales, siendo conveniente conocer los datos y la sociología del fenómeno, porque no sería rara la hipótesis de que algunos vacíos de nuestra vida social han sido llenados por los Juegos que finalizan este domingo, aunque sea puntualmente.

Esta manifestación social positiva ha ocurrido en pistas, canchas, calles, espacios lacustres y el mar, demostrado -de paso- que el deporte convencional y paralímpico existe en Chile y que la actividad deportiva, además, es una herramienta relevante para la identidad como también para la integración social.

Lo anterior, para que las autoridades de todos los sectores lo tomen en cuenta, reconsideren por qué a este tema se le dedica menos del 1% del PIB nacional y por qué en Chile el deporte no es un derecho en la Constitución de 1980 (en la que nos están ofreciendo para votar el 17 de diciembre lo incluyen, pero en un tratamiento incompleto y superficial).

De seguro echaremos de menos a los Juegos Santiago 2023. El desafío ahora es asimilar lo ganado y también asimilar los errores del proceso, que no han sido menores, especialmente en la administración de los recursos humanos y financieros.

Aunque parezca baladí, el tema de las actas del directorio de la Corporación Santiago 2023 son un ejemplo. Hasta que llegó Mayne-Nicholls a poner orden y sentido común, las tres direcciones ejecutivas previas nunca quisieron publicar esos documentos, que sin duda muestran las decisiones corporativas de ese conjunto de personas, representativas de los gobiernos de turno, como del COCH y del Comité Paralímpico de Chile (Copachi).

CLASE MAGISTRAL

En ese contexto, resaltando al unísono al deporte convencional como al paralímpico, pero por lo más invisible que ha sido tratado este último, tomamos las palabras del presidente del Copachi, Sebastián Villavicencio, quien expresó que teniendo Chile una población discapacitada de 2.7 millones de personas, una de las virtudes de los VII Juegos Parapanamericanos hechos en casa ha sido que las discapacidades en el deporte se han visibilizado para todo Chile. Y que el país hoy es más consciente de que existimos y tenemos la alegría de haber respondido con resultados de excelencia para el país.

Mirados así los hechos, el deporte le ha dado una clase magistral a Chile, a sus autoridades públicas y privadas, y también a las instituciones. De los discursos se está pasando a la realidad y esta demuestra que los temas no hay que escabullirlos, sino mostrarlos, y aquellos en que estemos al debe como sociedad y Estado hay que afrontarlos y darles solución.

A propósito. En las últimas horas han reaparecido informaciones que vuelven a tender sombras sobre la organización del evento. Antes lo hizo El Ágora. Ahora lo hace el periodista Juan Cristóbal Guarello. No son sombras nuevas y no debieran empañar el esfuerzo de Mayne-Nicholls desde que asumió en los últimos cuatro meses. La Contraloría, el Mindep y especialmente el IND, además de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados, debieran aclarar en profundidad todo el devenir de los cerca de 800 millones de dólares invertidos o gastados en Santiago 2023.

Como parte del proceso de desarrollo del deporte chileno, incluyendo la educación física, la actividad física, el deporte competitivo y de alto rendimiento, como también los espectáculos deportivos, se necesita un norte para que Chile reme en conjunto hacia él. Para ello, se requiere con urgencia de una política nacional de actividad física y deporte. Se intentó poner en práctica una en el 2001. No resultó, porque no tenía aterrizaje en un plan estratégico.

Hubo un segundo intento en el 2016 y esa versión sí incluía plan estratégico, pero la ceguera de algunos sectores políticos llevó a que nunca se pusiera en práctica. Ahora se habla de que el 2024 podría haber una política nacional nueva o renovada, participativa y consensuada políticamente, para no seguir perdiendo el tiempo. No puede ser que hayan transcurrido 23 años y este importante sector del desarrollo nacional siga girando en banda y no tenga un norte claro. Seamos serios.