Columna de Rodrigo Cabrillana: A 30 años de la primera visita de un Beatle a Chile

Corría 1993 y en plenos años de la transición democrática, por primera vez se anunció el concierto de un ex Beatle en nuestro país. Se trataba del bajista histórico Paul McCartney, quien con su banda de acompañamiento había planificado cerrar su gira “The New World Tour” en Santiago, la misma que meses antes había comenzado en Milán. Ésta es la crónica de esa presentación.

Por RODRIGO CABRILLANA / Foto: ARCHIVO

Un 16 de diciembre, hace exactos 30 años, Paul McCartney desembarcaba en Chile y debutaba en territorio nacional con un concierto en el Estadio Nacional en el que interpretaba antiguos temas de su banda madre, The Beatles, otros tantos de los Wings y repertorio también de su carrera solista.

De hecho, el motivo de la gira era promocionar su último elepé, “Off the Ground”, el que había sido editado en febrero del ’93 por la multinacional EMI y que había tenido un par de singles promocionales que habían impactado medianamente en las parrillas de las radios nacionales. “Hope of Deliverance” había sido el sencillo fuerte escogido para difundir el nuevo trabajo de McCa.

De esta manera, la ansiedad que se respiraba en Chile por acoger al ex compositor y músico de los Beatles era bastante fluctuante. Porque si bien, la noticia de su concierto debut se recibió con gran conmoción por todos los medios y fanáticos de la música de la vieja banda británica, la venta de entradas no reflejaba el entusiasmo inicial que se pensó iba a existir.

Es más, la marca de cerveza que auspiciaba la presentación de McCartney en Santiago debió improvisar una fugaz promoción en la compra de tickets, de manera de evitar un descalabro mayor y que el recinto deportivo de mayor convocatoria en nuestra capital, no se viera semivacío producto de que no se estaban vendiendo la cantidad de entradas que se esperaban.

Todo este clima generó fastidio y confusión entre quienes habían comprado sus boletos anticipadamente, pero no opacó el hito de lo que iba a transformarse este estreno musical en suelo local de uno de los músicos más importantes de la historia.

Por lo mismo, llegado el día del concierto, Paul arribó durante la misma tarde a Chile, el clima acompañaba una tarde soleada en Santiago y el ambiente en los alrededores del Nacional era todo festividad. Al ingreso del público, unos altoparlantes hacían sonar muy fuerte algunos temas de los Beatles, y las notas de “Can´t Buy Me Love” vaticinaba que todo se convertiría en magia apenas McCartney arrancase con su viejo repertorio de clásicos.

Un enfrentamiento futbolístico televisado entre Real Madrid y Barcelona amenizaba a todos quienes hacían una larga espera en los interiores del estadio. Un muy celebrado gol de Iván Zamorano en el partido, jugador estrella de la selección de Chile por esos años, generó mucho más entusiasmo entre los seguidores de Paul, vitoreando todo lo que acontecía en el momento.

El afiche promocional del concierto de McCartney.

Mientras tanto, McCartney llegaba al Nacional tan sólo unas pocas horas antes de su concierto, asistía a una ceremonia en la que se le homenajeaba con la presencia de uno de los ministros (Jorge Arrate) del gobierno de esa época, daba una entrevista improvisada para una radio local, y comenzaba a precalentar lo que era su último tramo de la gira que lo tenía viajando por todo el mundo a inicios de la década en que el grunge comenzaba a despertar en el imaginario de la música popular internacional.

Y es curioso, porque mientras visitaba México, tan solamente unos días antes, McCartney en entrevista con varios periodistas chilenos había comentado que tenía una gran simpatía por la música de Nirvana, grupo estadounidense que por esos años estrenaba también un nuevo disco, titulado “In Utero”.

Así fue como la tarde transcurrió armónicamente, entre juegos dinámicos como “la ola” que hacían todos los asistentes en las galerías y otras localidades del coliseo deportivo, o el esparcimiento y la distracción que provocaba un perrito jugando con un balón de fútbol en los alrededores de la cancha, a tan solo minutos que comenzara el concierto.

Y apenas llegó el momento de la apertura, el apagado de luces indicaba que McCartney debía saltar al escenario. Un conteo de diez segundos y algunas imágenes que ilustraban momentos de Paul con los Beatles mientras suena “Help”, desató la euforia de todos los presentes. “Drive My Car”, una de las canciones que los “cuatro de Liverpool” grabó, pero nunca interpretó en vivo, iniciaba una larga jornada musical que estaba planificada con un total de 30 canciones.

Paul al bajo, Linda McCartney en coros y teclados, Hamish Stuart y Robbie McIntosh en guitarras, “Wix” Wickens también en teclados y Blair Cunningham en batería componían la banda del ex músico insignia de The Beatles.

Composiciones como “Coming Up y “Looking for Changes” le dan un tremendo entusiasmo inicial al concierto, para que comiencen también a pasar antiguas canciones de la época de Paul con los Wings, como la estruendosa “Jet” o la emblemática “Let Me Roll It”. Luego, “All My Loving” y “Can´t Buy Me Love” nos harían regresar a los años dorados de la beatlemanía.

Llega el turno de “Off the Ground”, el tema homónimo del disco que promociona McCartney con esta serie de conciertos y de forma posterior una lista enorme de clásicos comienza a completar un cancionero que se centra principalmente en los grandes éxitos de los ’60 con The Beatles. “Michelle”, “Here, There and Everywhere”, “Yesterday” y “Lady Madonna” prosiguen, para que “My Love” coloque la tonada de una pieza amorosa de los años gloriosos de Paul con los Wings.

“Magical Mystery Tour”, “Paperback Writer”, “Back in the U.S.S.R.”, “Let It Be”, “Penny Lane” y “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band” nos devuelven a la nota Bleatle, para que “Live and Let Die”, la canción que popularizara aún más Guns N’ Roses, diera lugar a la espectacularidad de la pirotecnia en el concierto.

“Band on the Run” y “I Saw Here Standing There” hacen bailar a todos en el encore, y finalmente “Hey Jude” marca el cierre emotivo con un Estadio Nacional coreando cada uno de los momentos que Paul llama a participar al público. Unas notas adicionales de “O Sole Mio” al piano de McCartney extienden un improvisado segundo encore, para cerrar con maestría lo que fue una velada inolvidable para todos los que presenciaron la primera vez de un ex Beatle en nuestro territorio.

Unas palabras de Paul a la televisión local deseando una feliz Navidad despedían al músico inglés de Chile. Y no sería hasta 18 años después que demoraría en regresar para concretar su segunda visita, pero eso es ya parte de otra historia.

Los acordes de los Beatles sonaron en Chile por primera vez luego de tres décadas de espera para todos los fanáticos locales, y los que estuvimos allí tenemos la fortuna de poder contarlo explícitamente.